viernes, 1 de noviembre de 2013

Allen Bane - Capítulo 5

No se había dado cuenta de que le temblaban los dedos hasta que comenzó a sacar varios papeles de su carpeta. Se los miró durante un instante, pensando en lo absurdo de la situación. Ni siquiera sabía todavía si Allen iba a cooperar. Pero estaba asustado de que sí lo hiciera.
De repente le empezó a picar cerca de los ojos, así que levantó una mano para rascárselos y dejó caer la carpeta con un movimiento torpe.
Miró al chico que le observaba al otro lado del cristal y se agachó un poco para alcanzar su carpeta. La recogió sin apartar la mirada del chico y la dejó sobre sus muslos.
Su respiración era pesada, estaba tan nervioso que temía no poder pronunciar ni una palabra.

Estaba dispuesto, siempre lo estaba, a hacer cualquier locura por su hermano. Otra cosa es que fuera capaz de ello.
La incertidumbre y la inseguridad recorrían su espalda cada vez que recordaba el título que se le había dado en su ficha de agente especial. No podía dejar de preguntarse qué demonios significaba eso.
Se ajustó las gafas y ordenó los papeles que había sacado, evitando mirar al otro lado del cristal.
-Eh... Allen... ¿Bane? -preguntó.
Alzó la mirada para encontrarse con la de Allen, que no había perdido la sonrisa, aunque ahora era más disimulada. Allen no contestó. Hershel cogió aire y dijo:
-Antes de empezar... me gustaría saber si estás dispuesto a participar en la investigación de este caso ya que antes has participado en varios y se ha solicitado tu asistencia -soltó en una hilera de palabras sin siquiera pararse a coger aliento entre ellas.
Allen se acercó más al borde de su cama y se sentó con las rodillas pegadas al pecho. Hizo un amago de hablar, pero ningún sonido salió de su boca, en cambio soltó una corta y casi inaudible carcajada. Tragó saliva y se apoyó en la pared con las rodillas flexionadas hacia él pero sin que llegasen a tocarle el pecho. Sus manos jugueteaban con los dedos de sus pies.
-¿Crees que voy a ayudarte? -preguntó, frunciendo un poco las cejas. Hershel se estremeció en su interior. Cruzó las piernas y se echó hacia adelante, encorvándose sobre sus papeles. Cogió aire de nuevo. Parecía que necesitaba carrerilla cada vez que quería hablar. Se sentía estúpido.
-No lo sé, solo quiero saberlo -dijo, tratando de utilizar un tono serio aun cuando su voz se quebró de forma casi imperceptible al final de la frase.
-Dime lo que crees -insistió Allen.
Hershel cruzó la otra pierna y se revolvió un poco, como intentando ponerse cómodo.
-Creo que no -respondió.
Allen levantó un poco la cabeza y miró a Hershel por encima. Ni siquiera habían empezado y ya se estaba divirtiendo. Le gustaba.
-¿Y qué esperas que haga? -preguntó en un tono travieso. Bajó la cabeza y antes de que Hershel pudiera responder, añadió-: ¿Qué quieres que haga?
No respondió enseguida.
Se pasó la lengua por los labios y se mordió el labio inferior mirando al suelo. Suspiró despacio.
Allen esbozó una sonrisa de oreja a oreja, sus dientes apenas destacaban entre los tonos rosados y pálidos de su piel.
-Dilo -susurró el chico psicótico. El sonido rebotó por las paredes blancas de la habitación hasta llegar a los oídos de Hershel con un cosquilleo seguido de un escalofrío.
Hershel alzó la vista y se encontró con los gélidos ojos de Allen mirándole fijamente. Durante más de seis segundos, ninguno apartó la mirada. Allen ni siquiera parpadeó.
El agente especial del FBI frunció el ceño y estrechó un poco los ojos. Allen le imitó, ladeando la cabeza.
Quiero irme a mi casa y beberme una botella entera de vodka para olvidar esa sonrisa condescendiente y esa mirada inquisitiva. Pensó, pero no lo dijo.
Quiero que digas que sí para participar en un caso del FBI, para poder demostrarle a Dave que hace tiempo que dejé de ser pequeño, pero que todavía soy su hermano. Pensó, pero no lo dijo.

Allen se levantó de la cama y cogió su silla, situándola frente al cristal reforzado y sentándose cara a cara con Hershel, como siempre, con sus rodillas flexionadas contra su pecho y manoseando sus calcetines. Hundió su cara entre sus rodillas y su pecho, ocultando su rostro desde el puente de la nariz hasta la barbilla. Empezó a mordisquearse las uñas.
Esperó pacientemente. Al fin y al cabo, no se iba a ir a ninguna parte.

La luz que despedían los focos del techo caía sobre el cemento sin pintar de las paredes y el suelo, reflejándose en el cristal de la celda de Allen. No se oía nada salvo el repiqueteo de los dientes de Allen contra sus uñas.
Clac, clac, y seguía mirándole fijamente. Se detenía. Ladeaba la cabeza hacia el otro lado. Clac.
Una gotita de sangre salió a presión bajo la uña del dedo índice del chico. Se la miró, desconcertado, pero no sorprendido. Se llevó el dedo a la boca y lamió la sangre, esperando que dejase de salir.

Hershel se inclinó más todavía hacia Allen, apoyando sus codos sobre sus muslos, y dijo en voz baja:
-No voy a jugar a esto.
Allen abrió los ojos de pronto, no tan sorprendido como satisfecho. Apoyó sus pies en el suelo y arrimó su boca al cristal lo suficientemente cerca como para impregnarlo con su aliento. Antes de que se evaporase, dibujó con su dedo una S, una barra y una N.
Volvió a su sitio, levantó las cejas y miró a Hershel con media sonrisa inacabada. Se lamió los labios.

Hershel ya no estaba nervioso, había olvidado lo que era esa sensación. Ahora estaba intrigado, ávido.
Peculiar no era la mejor de las palabras, pero era la única que se le ocurrió en ese momento para describir al chico del otro lado del cristal.
Así que trazó un círculo alrededor de la S con su dedo índice. Y le devolvió la sonrisa a Allen.

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