Hoy vengo a contaros mi fabuloso día en el salón del manga de mi preciosa ciudad, Alicante.
Empecemos por el principio.
Ayer me acosté tarde. Vale, muy tarde. Pues como siempre. Me puse la DS (porque no tengo ni despertador) para levantarme a las 9, ducharme y salir más o menos a las diez. Resulta que no le había cambiado la hora, así que me desperté más tarde, y me fui tardísimo. Hasta aquí todo bien, todo normal, muy propio de mí.
Llegamos al salón, buscamos a la gente, hablamos y damos unas cuantas vueltas. Todo una mierda. Todos los stand eran casi exactamente iguales: Shingeki no Kyojin, League of Legends y Minecraft. Y no es que no me gusten, es que los tengo muy vistos. El LoL ya me parece un coñazo muy grande y, habiendo ya 4 temporadas, no entiendo el hype reciente. El Minecraft también lleva ya su tiempo, supongo que ahora que lo han sacado para Xbox ha tenido hype. Y SNK, bueno. Que sí, que es el anime del momento. Pero es que me tienen harta. Solo había eso y los típicos animes, ya sabéis, Naruto, Dragon Ball... trilladísimos. En fin. El último año que fui había muchísima más variedad. Pero muchísima. Es que no he visto nada interesante, absolutamente nada. Fijaos, uno de los años que fui, había un stand con figuritas pequeñitas pero muy chulas, las vendían en packs, en plan 5 euros te llevas 3, por 12 te llevas 8, ya sabéis. Habían muchos stands con cosas distintas. Este año en casi todos había todo peluches y colgantes, llaveros y muchísima bisutería, era acojonante. Y las camisetas. Dios. Las camisetas y los gorros eran todos iguales y estaban en cada uno de los stands. En fin, una cagada. Encima había pocos stands. Poquísimos. Creo que el último año que fui había más y todo. Eso sí, había muchas mesas y espacio para sentarse. Pero poca cosa para toda la gente que había.
Lo peor de todo, pero lo puto peor, es que yo voy a ese salón única y exclusivamente por los Gundam. Hasta el año pasado la tienda donde los compro siempre puso un stand. Hasta el año pasado. Cuando se me ocurre ir a mí, han cambiado de organizador y ya no están. Tócate los cojones.
Básicamente me tiré toda la mañana llorando por un gundam, los cuales sólo había un par en un exposito con dos guardaespaldas cojoneros más pesados que los dependientes de las tiendas de ropa y que no te dejaban ni respirar al lado del cristal. Me preguntaron 30 veces que si quería saber algo de ellos. Vamos a ver alma de cántaro, yo no quiero saber nada de ellos excepto si se pueden comprar aquí, y como es evidente que no, pues a tomar por culo. Yo lo que quiero es ponerlo en un mueble para que haga bonito, su historia me la suda completamente. En fin.
Después me tiré un buen rato buscando algo de Evangelion, porque amo Evangelion. Es mi anime favorito. No me juzguéis. Amo a Shinji. Ya lo he dicho.
Total, que solo encontré UNA cosa de Evangelion y he de decir que es un Kaworu precioso cuya compra me tomó dos segundos de pensármelo una vez y media. Es demasiado adorable, ya le haré una foto. Encima barato. Y huele a figurita nueva que uashdkjashdajkds
·Por si no quieres saber nada de mi aburrido llanto con los gundam y evangelion, aquí viene la parte interesante
Ahora viene lo mejor. Agarraos. Y espero que alguien lea esto antes de ir mañana, si no ha ido hoy. Muy bien, ojo.
Terminamos de comer, teníamos en mente irnos pronto a casa porque algunos iban a ir a cenar más tarde. Yo tenía en mente irme sobre las 5 y media o 6, vale. Nos vamos a la parada del autobús, está justo ahí. Qué suerte, ¡vamos a cogerlo!
No cabíamos todos, así que el autobús se fue. Venían dos, uno para Elche y otro para Alicante. El de Alicante paró a la derecha, así que nos quedamos allí a esperar. A esperar una hora y media bajo el sol. Yo ya estaba muerta. Pues vemos acercarse el próximo autobús, nos ilusionamos, nos ponemos en la puerta. Era el de Elche. Nos vamos corriendo al otro lado, tarde: había llegado tanta gente del salón que se habían acumulado a la izquierda y los que habían llegado los últimos se "colaron" los primeros, y los que llevábamos una hora esperando nos quedamos a menos de 1 metro de la puerta sin poder hacer nada. La gente se amontonaba y el conductor nos soltó una trola de que venía uno detrás para que le dejásemos irse, porque había gente estampada contra el cristal de delante. Para que os hagáis una idea.
Después de esto la gente ya empieza a enfadarse. Normal. Estás una hora esperando para que venga un capullo que ha llegado el último y te coja el sitio porque el autobús para donde le da la puñetera gana. No hay colas, es la ley del que más empuje y yo soy un hobbit malnutrido. Así que digo que yo no pienso esperar más. Algunos se van andando a Alicante por la carretera, otros suben al de Elche y cogerán un tren a Alicante. Esperamos a que el autobús cierre la puerta solo para asegurarnos de que no podremos entrar. Dicen que el próximo es a las 8.
Son las putas seis de la tarde. Y un cojón de pato. Así que sugiero que vayamos al aeropuerto, que lo tenemos detrás, a coger el autobús que nos deja en el centro. Nos quedamos mirando cómo coño llegar, porque, hombre, vemos el parking. Pero ya está. En cuanto hemos visto a la gente empezar a hacer autoestop como loca nos hemos puesto en marcha y hemos cruzado el descampado para ver si podíamos hacer YOLO y meternos por donde fuera, aunque tuviésemos que saltar alguna valla. No íbamos a ir por la autovía ni nos íbamos a esperar a coger un autobús que podía dejarnos fuera, otra vez. Nadie podía venir a recogernos, así que formamos la Comunidad del Bonobús. Nuestro reto no era entrar en Mordor sino salir de la IFA. Y joder, hubiera preferido entrar en Mordor con carteles de neón y chalecos reflectantes.
Tiramos p'alante, (como los de Alicante, jeje), y vemos vallas. Vallas, y vallas, todo vallado. No sé para qué hostias lo vallan. En serio, ahí podrían rodar la prisión de The Walking Dead. Hay unas vías al otro lado y tenemos que cruzar. Damos una vuelta del copón para entrar por las esquinas de las verjas y cruzamos las vías del tren cagaítos de miedo. Solo os digo que el tren pasó un minuto después de nosotros. La vida también. YOLO.
Pasamos por debajo de un puente y vemos un coche que sale de ningún sitio. Pues ahí habrá un camino, dice uno, y nos metemos. Cualquier cosa con tal de salir de las vías y la carretera. Tiramos p'alante (jeje), y no vemos nada del aeropuerto. Por suerte, por gracia de Dios o el universo, pasaron una pareja de ciclistas (ya me diréis quién coño hace ciclismo en medio de la puta nada, pero bienvenido sea) y les pudimos preguntar por el aeropuerto. Seguimos caminando hasta ver una carretera y el parking del aeropuerto así que sólo era cuestión de continuar hasta ver una entrada. A medio camino, al final de las verjas, vemos un grupo de chavales intentando subir un barranco. Bueno, una de esas montañas que tiran hacia abajo en las cunetas. Yo me partía el culo pero la verdad es que se estaban esforzando lo suyo.
Llegamos a la entrada de la zona de carga del aeropuerto. Por suerte había un cartel que indicaba hacia dónde estaba la terminal, así que atravesamos toda la zona de empleados. Estoy feliz porque es una zona que probablemente no vea nunca más en la vida, y no la hubiera visto de no ser por esta pequeña aventura. Y esas zonas siempre me dan curiosidad. No eran más que almacenes y aparcamientos, pero oye. Al final tras mucho caminar nos encontramos la terminal y la parada del autobús. Allí nos encontramos con el grupo de chavales que subió la montaña y se cagaron en todo porque habían visto el mismo camino que nosotros pero habían decidido no seguirlo. Una chica muy maja me dio una cocacola cuando me estaba muriendo de sed. Gracias chica majísima. Me gusta tu tatuaje.
El autobús llegó justo cuando llegamos nosotros, fue como un milagro. Y ahí terminó nuestra aventura. Luego cada uno nos bajamos en el centro, cogimos el autobús y a casa.
Ha estado bien. Lo triste es que la mejor parte, para mí, ha sido esa pequeña aventura. Porque el salón fue muy, muy soso. Excepto que me encontré con gente, pero ya está. Y el servicio de autobuses bueno, ya lo habéis leído, sencillamente vergonzoso. Patético. No sé por qué, sabiendo la gente que va a ir, no ponen un par de autobuses como mínimo, y con más frecuencia. Esto otros años no nos ha pasado. Ni de lejos.
Por cierto, ¿recordáis que os dije que habíamos salido al descampado sobre las 6 de la tarde? Bueno, llegamos al centro de Alicante a las 8.
Espero que si alguna vez vais a un evento que está en mitad de la nada tengáis un plan B. O unas deportivas muy cómodas.
Outsider
Te destruiré de la forma más bella posible, y cuando me vaya finalmente entenderás por qué las tormentas tienen nombres de persona.
domingo, 6 de abril de 2014
viernes, 3 de enero de 2014
viernes, 27 de diciembre de 2013
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Diario de Alastair - Dias #1 - #47 Día 1
#1
No encuentro a Agrippa.
No ha caído. Sé que no ha caído, lo hubiera sentido. Está en alguna parte, pero no puedo escucharle. Si no tengo noticias pronto, lo daré por muerto.
#47
Volamos, volamos todo lo que pudimos, todo lo rápido que pudimos. Pero cayó, Ȩ̴̵̢̧̯̬̻̹̞̰͓̬̰͍̙̞̳̱̔̓̑̽͂̔̇͂̏̃̔ͤͤ͊ͅh̿̽̍̅̽ͦͤ̌̿͊͐̈͢͡͏̛̹̱̻̮̘̟͍̥͇͙̺̦̥̣-̸̡̯̙̜̬̖̼̜̣ͦ̾ͥ͂ͤ̓̈́̓ͩ̓̚̚̕ḻ̶̷̴̨̝̗̣̭͔̼̣͒ͯ̉̋̔̿̄ͭ̀̉͞ͅe͒̑̀̃͐ͭ͒͆̾ͫ̍ͪ̋͒͑̚͏̴̟̹͉̗̮̭́͢'̧̙̞̤̹̣̟̻̭̳̲̈̇ͭ̃̑̏̄͒͊̾ͬ͗̍̾̚͘j̵̧̨͎͕͚̤͍̤̣́̅̓̄ͤ͆̽ͫͩ͐̑ͦ̔̃̾͌iͪ͋ͧ̽ͩ̑ͥͦ̎̀͛̀̽͒̂͆͆ͮ͂҉̷̢̙͍̙͔̲̦̦̗̩̠͔̼͝ã̛͓̺̙̖͎̺̟͎̺͇͉͕̋́̅̓͊ͫͮ͑͛̐ͫ̚̚͘͜͝ͅh̅͒͊ͧ͊̎ͭ́͏̜̩͙̣̮̲̖̮̬̩͓͙̲͚̜ͅͅͅ cayó, y yo también.
Llevo dos días luchando incesantemente y sin descanso contra hordas y hordas de demonios que no deberían estar aquí. No entiendo absolutamente nada. No sé de dónde salen. No encuentro a mis hermanos. La Serpiente está muerta y yo perdido. Además no puedo volar, parece que la cúpula que cubre la ciudad humana está repleta de símbolos, sellos y sigilos. A pesar del agujero, al que los humanos han empezado a llamar el Ojo, su poder no se ha debilitado.
Los humanos huyen en masa mientras nosotros luchamos. Me apena verlo, pero me apena más no poder prestar mi ayuda. Pero debo seguir luchando.
He oído a Agrippa. Debo encontrarle.
------------ -- --- ----- -- --- - - - -- --
Día 1
He encontrado un humano, dice que se llama James Scarrow, ese es su nombre, aunque por alguna razón prefiere que le llame Jim, así que me referiré a él de esa forma a partir de ahora.
He decidido quedarme con él hasta que salga de la ciudad. Creo que cooperar es nuestra mejor baza para salir de esta trampa que los humanos llaman ciudad. Aunque Jim no parece muy convencido, pero ha demostrado una buena actitud intentando sanar mis heridas, si bien haciendo un pobre trabajo con ellas.
Confiaré en Jim, por ahora, y trataré de protegerle hasta que consigamos salir.
Espero encontrar a alguno de mis hermanos por el camino.
No encuentro a Agrippa.
No ha caído. Sé que no ha caído, lo hubiera sentido. Está en alguna parte, pero no puedo escucharle. Si no tengo noticias pronto, lo daré por muerto.
#47
Volamos, volamos todo lo que pudimos, todo lo rápido que pudimos. Pero cayó, Ȩ̴̵̢̧̯̬̻̹̞̰͓̬̰͍̙̞̳̱̔̓̑̽͂̔̇͂̏̃̔ͤͤ͊ͅh̿̽̍̅̽ͦͤ̌̿͊͐̈͢͡͏̛̹̱̻̮̘̟͍̥͇͙̺̦̥̣-̸̡̯̙̜̬̖̼̜̣ͦ̾ͥ͂ͤ̓̈́̓ͩ̓̚̚̕ḻ̶̷̴̨̝̗̣̭͔̼̣͒ͯ̉̋̔̿̄ͭ̀̉͞ͅe͒̑̀̃͐ͭ͒͆̾ͫ̍ͪ̋͒͑̚͏̴̟̹͉̗̮̭́͢'̧̙̞̤̹̣̟̻̭̳̲̈̇ͭ̃̑̏̄͒͊̾ͬ͗̍̾̚͘j̵̧̨͎͕͚̤͍̤̣́̅̓̄ͤ͆̽ͫͩ͐̑ͦ̔̃̾͌iͪ͋ͧ̽ͩ̑ͥͦ̎̀͛̀̽͒̂͆͆ͮ͂҉̷̢̙͍̙͔̲̦̦̗̩̠͔̼͝ã̛͓̺̙̖͎̺̟͎̺͇͉͕̋́̅̓͊ͫͮ͑͛̐ͫ̚̚͘͜͝ͅh̅͒͊ͧ͊̎ͭ́͏̜̩͙̣̮̲̖̮̬̩͓͙̲͚̜ͅͅͅ cayó, y yo también.
Llevo dos días luchando incesantemente y sin descanso contra hordas y hordas de demonios que no deberían estar aquí. No entiendo absolutamente nada. No sé de dónde salen. No encuentro a mis hermanos. La Serpiente está muerta y yo perdido. Además no puedo volar, parece que la cúpula que cubre la ciudad humana está repleta de símbolos, sellos y sigilos. A pesar del agujero, al que los humanos han empezado a llamar el Ojo, su poder no se ha debilitado.
Los humanos huyen en masa mientras nosotros luchamos. Me apena verlo, pero me apena más no poder prestar mi ayuda. Pero debo seguir luchando.
He oído a Agrippa. Debo encontrarle.
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Día 1
He encontrado un humano, dice que se llama James Scarrow, ese es su nombre, aunque por alguna razón prefiere que le llame Jim, así que me referiré a él de esa forma a partir de ahora.
He decidido quedarme con él hasta que salga de la ciudad. Creo que cooperar es nuestra mejor baza para salir de esta trampa que los humanos llaman ciudad. Aunque Jim no parece muy convencido, pero ha demostrado una buena actitud intentando sanar mis heridas, si bien haciendo un pobre trabajo con ellas.
Confiaré en Jim, por ahora, y trataré de protegerle hasta que consigamos salir.
Espero encontrar a alguno de mis hermanos por el camino.
lunes, 23 de diciembre de 2013
-Déjalo, no puedo más con esto, me largo de aquí -dije. Aparté a Al de un manotazo y me dispuse a salir por la puerta, pero no conseguía apartar la tabla que había puesto para bloquearla, así que la arranqué directamente y salí. Me pareció oír que Al decía algo, pero preferí no escucharlo.
Fuera estaba nevando. Bueno, todavía no sé si era exactamente nieve, dado que nunca he visto nieve de verdad. Pero era blanca, húmeda y fría, justo como me sentía en ese momento.
Mantuve mis brazos cruzados con tal de aguantar un poco el calor, pero me estaba empapando y no había mucho que hacer, mi chaqueta estaba en el refugio. Contemplé el Ojo. El cielo negro y las nubes rojizas destacaban entre el azul grisáceo que proyectaba la cúpula. Miles de estrellas encendidas como pequeñas briznas de sal en una mancha de tinta. Nada caía por el agujero. Me parecía increíble cómo, después del golpe, la cúpula seguía proyectando su ciclo climático programado, incluso cuando no había nadie para monitorizarla ni mantenerla. Una auténtica maravilla del hombre, pensé.
A veces me apetecía decirle a Al que me llevase volando hasta el borde del Ojo. Deseaba con toda mi curiosidad asomarme a la superficie y contemplar el cielo y las estrellas, el mundo real, que yo nunca había visto. Bueno, no es que nunca hubiera estado fuera de la cúpula; a decir verdad mi ciudad estaba al aire libre, en una zona alejada de todo peligro. Pero el mundo que yo quería ver, el mundo real, era el mundo lejos de la influencia del hombre. El mundo que ya no era suyo, el mundo que dejaron los demonios y los ángeles, el mundo oscuro y frío, el mundo con el cielo negro y las nubes rojas, estrellas parpadeando como bolas de fuego incluso de día, el mundo y sus ciudades enteras abrasadas y cubiertas de ceniza. El mundo, nuestro mundo, al fin y al cabo. Oh, y lo que hubiera dado por verlo.
A veces me apetecía decirle a Al que me llevase volando hasta el borde del Ojo, pero entonces recordaba que Al no puede volar. Recordaba que los únicos ángeles que había conocido capaces de volar eran más perros que ángeles.
Observar el Ojo me fascinaba y me incomodaba. De vez en cuando veías caer una estrella y te preguntabas si era un ángel.
Me froté los brazos, tiritando un poco. El frío me calaba los huesos y mi nariz y mis orejas parecían arder; me daba la sensación de que se me iban a caer en cualquier momento. Mis dientes trataban de castañear pero estaba demasiado congelado como para mover la mandíbula. Exhalé, formando una pequeña nube blanca que se desvaneció al contacto con el aire.
-Jim, ponte esto -dijo una voz áspera a mi espalda. Me giré despacio, intentando no separar mis rodillas para mantener el calor. Por supuesto, era Al. Claro que era Al, sosteniendo mi chaqueta. Me miraba con la cabeza ligeramente ladeada, las cejas fruncidas en una expresión preocupada. Tenía los brazos extendidos hacia mí, levemente flexionados. Mantenía una distancia, era prudente de acercarse, probablemente porque pensaba que todavía estaba enfadado con él.
Hice mi mejor esfuerzo por no parecer un robot borracho y me puse la chaqueta con rapidez y mucha torpeza.
-Gracias -le dije.
-De nada -abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Apartó la mirada, agachó la cabeza y preguntó, con un tono tímido y un tanto infantil-: ¿Sigues enfadado conmigo?
No pude evitar reírme entre dientes al oírlo. Y la expresión en su rostro...
-No. Claro que no, perdóname. Es que... estoy un poco triste, sabes.
-¿Puedo hacer algo al respecto?
-No, no lo creo.
Me cubrí con una de las mantas que Al había recogido para mi cama hacía un par de semanas y corrí la cortina roída de una de las ventanas, asomando la cabeza por el marco del cristal roto. El Ojo estaba parcialmente tapado por un edificio, pero todavía podía vislumbrar un rastro de nubes rojas.
-Si te gusta tanto el cielo yo puedo hacer uno -dijo Al, sentado junto a la hoguera que habíamos improvisado en el hueco de lo que había sido una bonita chimenea.
-¿Cómo que puedes hacer uno? -pregunté.
Al se levantó y comenzó a cerrar todas las ventanas y a taparlas con las cortinas, mantas y todo lo que encontrase, de forma que lo único que iluminaba la habitación era la hoguera, hasta que sopló un poco y el fuego se atenuó.
Todo estaba casi completamente a oscuras. Sólo podía ver cerca de un metro más allá de mí y porque estaba cerca del fuego. No podía ver bien a Al pero habría jurado que sonreía.
Alastair cerró los ojos (creo que lo hizo) y cogió una brizna de fuego con su dedo índice, que dejó señalando el aire. Me reí un poco porque me recordaba a E.T., y Al me miró con su típica expresión de no entender lo que ocurre a su alrededor. Pero continuó señalando el aire, hasta que apartó el dedo y la brizna de fuego se quedó suspendida en la oscuridad, desprendiendo un brillo tenue y anaranjado. Cogió otra brizna y la suspendió junto a la otra, ésta era un poco más grande. Continuó haciéndolo, llenando el espacio que nos separaba de pequeños brillantes que parecían colgar de un hilo invisible, cada uno con su propio tamaño y brillo. Y mientras lo hacía yo lo contemplaba con los ojos llorosos de tan abiertos que los tenía y sin poder cerrar la boca. Cuando terminó, hizo un par de gestos con la mano y un poco de humo se deslizó entre las diminutas estrellas que había creado, oscureciéndolas y tapándolas, formando unas hermosas nubes grises.
-Bueno, no es exactamente como el cielo pero es todo lo que puedo hacer con lo que tengo -yo no respondí-. En realidad, si tuviese los materiales adecuados, podría crear una estrella de verdad... aunque, claro, eso sería peligroso.
No podía dejar de mirar el pequeño cielo que tenía ante mí.
-¿Jim? ¿Estás bien? ¿Debería desmontar todo esto? ¿te está afectando? -preguntó sin darme tiempo a responder.
-¿Qué? ¡No, no! ¡Ni se te ocurra desmontarlo, Al! Es fascinante. Estoy boquiabierto, nunca había visto nada parecido, no tenía ni idea de que podías hacer esto.
-¿En serio? Es tan sencillo como suspender briznas de fuego en el aire, ya me has visto usar mis poderes antes.
-No se trata de tus poderes, se trata de esto, esto de aquí, esto que has hecho. ¿Entiendes? No son solo briznas suspendidas en el aire, Al.
-No lo comprendo. Lo he hecho porque pensé que te gustaría.
-Y así es. Me encanta. Es una de las más hermosas vistas, si no la que más, que he podido contemplar en toda mi vida. Y la has hecho tú, para mí.
Alastair no respondió. No lo hizo, pero sonrió con la cabeza agachada y sus plumas erizadas. Extendía sus alas con timidez, pero estaba tan feliz que seguramente hubiera querido hacerlo de golpe, como un gesto de emoción. Lo entendió, estoy seguro.
No recuerdo haber dormido tan bien como aquella noche.
Fuera estaba nevando. Bueno, todavía no sé si era exactamente nieve, dado que nunca he visto nieve de verdad. Pero era blanca, húmeda y fría, justo como me sentía en ese momento.
Mantuve mis brazos cruzados con tal de aguantar un poco el calor, pero me estaba empapando y no había mucho que hacer, mi chaqueta estaba en el refugio. Contemplé el Ojo. El cielo negro y las nubes rojizas destacaban entre el azul grisáceo que proyectaba la cúpula. Miles de estrellas encendidas como pequeñas briznas de sal en una mancha de tinta. Nada caía por el agujero. Me parecía increíble cómo, después del golpe, la cúpula seguía proyectando su ciclo climático programado, incluso cuando no había nadie para monitorizarla ni mantenerla. Una auténtica maravilla del hombre, pensé.
A veces me apetecía decirle a Al que me llevase volando hasta el borde del Ojo. Deseaba con toda mi curiosidad asomarme a la superficie y contemplar el cielo y las estrellas, el mundo real, que yo nunca había visto. Bueno, no es que nunca hubiera estado fuera de la cúpula; a decir verdad mi ciudad estaba al aire libre, en una zona alejada de todo peligro. Pero el mundo que yo quería ver, el mundo real, era el mundo lejos de la influencia del hombre. El mundo que ya no era suyo, el mundo que dejaron los demonios y los ángeles, el mundo oscuro y frío, el mundo con el cielo negro y las nubes rojas, estrellas parpadeando como bolas de fuego incluso de día, el mundo y sus ciudades enteras abrasadas y cubiertas de ceniza. El mundo, nuestro mundo, al fin y al cabo. Oh, y lo que hubiera dado por verlo.
A veces me apetecía decirle a Al que me llevase volando hasta el borde del Ojo, pero entonces recordaba que Al no puede volar. Recordaba que los únicos ángeles que había conocido capaces de volar eran más perros que ángeles.
Observar el Ojo me fascinaba y me incomodaba. De vez en cuando veías caer una estrella y te preguntabas si era un ángel.
Me froté los brazos, tiritando un poco. El frío me calaba los huesos y mi nariz y mis orejas parecían arder; me daba la sensación de que se me iban a caer en cualquier momento. Mis dientes trataban de castañear pero estaba demasiado congelado como para mover la mandíbula. Exhalé, formando una pequeña nube blanca que se desvaneció al contacto con el aire.
-Jim, ponte esto -dijo una voz áspera a mi espalda. Me giré despacio, intentando no separar mis rodillas para mantener el calor. Por supuesto, era Al. Claro que era Al, sosteniendo mi chaqueta. Me miraba con la cabeza ligeramente ladeada, las cejas fruncidas en una expresión preocupada. Tenía los brazos extendidos hacia mí, levemente flexionados. Mantenía una distancia, era prudente de acercarse, probablemente porque pensaba que todavía estaba enfadado con él.
Hice mi mejor esfuerzo por no parecer un robot borracho y me puse la chaqueta con rapidez y mucha torpeza.
-Gracias -le dije.
-De nada -abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Apartó la mirada, agachó la cabeza y preguntó, con un tono tímido y un tanto infantil-: ¿Sigues enfadado conmigo?
No pude evitar reírme entre dientes al oírlo. Y la expresión en su rostro...
-No. Claro que no, perdóname. Es que... estoy un poco triste, sabes.
-¿Puedo hacer algo al respecto?
-No, no lo creo.
Me cubrí con una de las mantas que Al había recogido para mi cama hacía un par de semanas y corrí la cortina roída de una de las ventanas, asomando la cabeza por el marco del cristal roto. El Ojo estaba parcialmente tapado por un edificio, pero todavía podía vislumbrar un rastro de nubes rojas.
-Si te gusta tanto el cielo yo puedo hacer uno -dijo Al, sentado junto a la hoguera que habíamos improvisado en el hueco de lo que había sido una bonita chimenea.
-¿Cómo que puedes hacer uno? -pregunté.
Al se levantó y comenzó a cerrar todas las ventanas y a taparlas con las cortinas, mantas y todo lo que encontrase, de forma que lo único que iluminaba la habitación era la hoguera, hasta que sopló un poco y el fuego se atenuó.
Todo estaba casi completamente a oscuras. Sólo podía ver cerca de un metro más allá de mí y porque estaba cerca del fuego. No podía ver bien a Al pero habría jurado que sonreía.
Alastair cerró los ojos (creo que lo hizo) y cogió una brizna de fuego con su dedo índice, que dejó señalando el aire. Me reí un poco porque me recordaba a E.T., y Al me miró con su típica expresión de no entender lo que ocurre a su alrededor. Pero continuó señalando el aire, hasta que apartó el dedo y la brizna de fuego se quedó suspendida en la oscuridad, desprendiendo un brillo tenue y anaranjado. Cogió otra brizna y la suspendió junto a la otra, ésta era un poco más grande. Continuó haciéndolo, llenando el espacio que nos separaba de pequeños brillantes que parecían colgar de un hilo invisible, cada uno con su propio tamaño y brillo. Y mientras lo hacía yo lo contemplaba con los ojos llorosos de tan abiertos que los tenía y sin poder cerrar la boca. Cuando terminó, hizo un par de gestos con la mano y un poco de humo se deslizó entre las diminutas estrellas que había creado, oscureciéndolas y tapándolas, formando unas hermosas nubes grises.
-Bueno, no es exactamente como el cielo pero es todo lo que puedo hacer con lo que tengo -yo no respondí-. En realidad, si tuviese los materiales adecuados, podría crear una estrella de verdad... aunque, claro, eso sería peligroso.
No podía dejar de mirar el pequeño cielo que tenía ante mí.
-¿Jim? ¿Estás bien? ¿Debería desmontar todo esto? ¿te está afectando? -preguntó sin darme tiempo a responder.
-¿Qué? ¡No, no! ¡Ni se te ocurra desmontarlo, Al! Es fascinante. Estoy boquiabierto, nunca había visto nada parecido, no tenía ni idea de que podías hacer esto.
-¿En serio? Es tan sencillo como suspender briznas de fuego en el aire, ya me has visto usar mis poderes antes.
-No se trata de tus poderes, se trata de esto, esto de aquí, esto que has hecho. ¿Entiendes? No son solo briznas suspendidas en el aire, Al.
-No lo comprendo. Lo he hecho porque pensé que te gustaría.
-Y así es. Me encanta. Es una de las más hermosas vistas, si no la que más, que he podido contemplar en toda mi vida. Y la has hecho tú, para mí.
Alastair no respondió. No lo hizo, pero sonrió con la cabeza agachada y sus plumas erizadas. Extendía sus alas con timidez, pero estaba tan feliz que seguramente hubiera querido hacerlo de golpe, como un gesto de emoción. Lo entendió, estoy seguro.
No recuerdo haber dormido tan bien como aquella noche.
lunes, 16 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
lunes, 9 de diciembre de 2013
Diario de James Scarrow - Daily SQuare Magazine nº 79
![]() |
| Fotografía de Tyler Burn con el permiso de James Scarrow |
Extracto de "Se lo debemos a los ángeles", de Dmitri Coleman.
Apartado tercero de invocación;
Hechizo para llamar a Aquellos que Vuelan y Devoran:
En primer lugar se debe trazar un sigilo. El símbolo es un círculo con una Z dentro. En mitad de la Z hay un círculo más pequeño, de forma que la Z parezca una pareja de guadañas. El símbolo debe ser trazado con la sangre de un humano tocado por un ángel caído o corrupto, y es recomendable acompañar el símbolo con una pluma de dicho ángel.Tras trazar el símbolo, a ser posible antes de que se seque la sangre, se debe recitar:
Var-ghaJ-tke trgiobvolare VOREGGAR
Tras un minuto aproximadamente, si han respondido a su llamada, Aquellos que Vuelan y Devoran aparecerán ante usted.A tener en cuenta: Es posible que oiga el aleteo de unos cuervos o las garras de una jauría de mastines, incluso unas cadenas siendo arrastradas por el pavimento.
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sábado, 7 de diciembre de 2013
Untitled, by James Scarrow - Daily SQuare Magazine nº 78
Marruecos, 19 de Octubre de 2017
Podía oírlo. A pesar de la gruesa
cúpula que cubría la ciudad, podía oír el estruendo de los
truenos que resonaba a través del Ojo, el agujero de la cúpula, y
podía oír los rayos golpeando contra la superficie del falso cielo
de metal.
Parecía que Alastair golpeaba más
fuerte con cada latigazo, con cada grieta eléctrica que rompía las
nubes. Se movía entre destellos al ritmo del rumor de los truenos,
decapitando con un tajo limpio a cada demonio que se abalanzase sobre
él.
Podría jurar que pequeños diamantes
brillaban en sus plumas, podía jurar que cada vez que Alastair
alzaba sus alas al cielo, éste respondía con un fuerte latigazo
eléctrico, deslumbrante.
Podría jurar que Alastair se movía
como la misma tormenta que trataba de perforar la cúpula, con la
misma furia, con la misma belleza. Tan grácil como despiadado.
Alastair no tenía piedad ni paciencia.
Deslizaba su espada a través del aire y la carne con tanta facilidad
que podías creer que los demonios estaban hechos de gelatina. No los
dejaba defenderse, no los dejaba huír.
Era realmente intimidante ver luchar a
Alastair. Era como debe ser un ángel, grácil, elegante y delicado,
pero al mismo tiempo era como aquella misma tormenta, impredecible,
rápido, implacable y brutal.
Brillaba, os juro que brillaba.
Se volvió hacia mí cuando no quedó
ninguno. Comenzó a caminar en mi dirección con pasos largos,
todavía sosteniendo la espada en la mano. Su hoja, de un blanco
plateado, mantenía su brillo bajo la capa negruzca y carmesí que
goteaba a cada paso. Una hilera de sangre salía de cada una de sus
fosas nasales y caía hasta la barbilla, atravesando sus labios. Sus
ojos cristalinos parecían brillar con intensidad en mitad de la
suciedad que cubría su rostro. Siempre me habían fascinado los
anillos blancos que rodeaban sus pupilas.
El ángel me miró con el entrecejo
ligeramente fruncido. Le cedí su pañuelo azul y limpió la sangre
de su espada con él y se lo puso al cuello.
Me quedé mirándole. Se encontraba a
varios metros de mí, con la mirada fijada en algún punto del final
de la calle, estirando sus alas con comodidad.
La tormenta había amainado. Los
truenos se escuchaban lejos y débiles y eran lo único que se oía.
Entonces lo supe.
Alastair está hecho de eso. Alastair
es electricidad y poder. Alastair está hecho de energía, polvo y
supernovas colisionando unas con otras. Alastair podría comerse
nuestro sol e iluminarnos con su sola presencia.
Alastair es una tormenta a la que no le
basta con dejar caer unas pocas gotas.
Los ángeles están hechos de estrellas
y nadie puede convencerme de lo contrario.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Allen Bane - Capítulo 5
No se había dado
cuenta de que le temblaban los dedos hasta que comenzó a sacar
varios papeles de su carpeta. Se los miró durante un instante,
pensando en lo absurdo de la situación. Ni siquiera sabía todavía
si Allen iba a cooperar. Pero estaba asustado de que sí lo hiciera.
De repente le
empezó a picar cerca de los ojos, así que levantó una mano para
rascárselos y dejó caer la carpeta con un movimiento torpe.
Miró al chico que
le observaba al otro lado del cristal y se agachó un poco para
alcanzar su carpeta. La recogió sin apartar la mirada del chico y la
dejó sobre sus muslos.
Su respiración era
pesada, estaba tan nervioso que temía no poder pronunciar ni una
palabra.
Estaba dispuesto,
siempre lo estaba, a hacer cualquier locura por su hermano. Otra cosa
es que fuera capaz de ello.
La incertidumbre y
la inseguridad recorrían su espalda cada vez que recordaba el título
que se le había dado en su ficha de agente especial. No podía
dejar de preguntarse qué demonios significaba eso.
Se ajustó las
gafas y ordenó los papeles que había sacado, evitando mirar al otro
lado del cristal.
-Eh... Allen...
¿Bane? -preguntó.
Alzó la mirada
para encontrarse con la de Allen, que no había perdido la sonrisa,
aunque ahora era más disimulada. Allen no contestó. Hershel cogió
aire y dijo:
-Antes de
empezar... me gustaría saber si estás dispuesto a participar en la
investigación de este caso ya que antes has participado en varios y
se ha solicitado tu asistencia -soltó en una hilera de palabras sin
siquiera pararse a coger aliento entre ellas.
Allen se acercó
más al borde de su cama y se sentó con las rodillas pegadas al
pecho. Hizo un amago de hablar, pero ningún sonido salió de su
boca, en cambio soltó una corta y casi inaudible carcajada. Tragó
saliva y se apoyó en la pared con las rodillas flexionadas hacia él
pero sin que llegasen a tocarle el pecho. Sus manos jugueteaban con
los dedos de sus pies.
-¿Crees que voy a
ayudarte? -preguntó, frunciendo un poco las cejas. Hershel se
estremeció en su interior. Cruzó las piernas y se echó hacia
adelante, encorvándose sobre sus papeles. Cogió aire de nuevo.
Parecía que necesitaba carrerilla cada vez que quería hablar. Se
sentía estúpido.
-No lo sé, solo
quiero saberlo -dijo, tratando de utilizar un tono serio aun cuando
su voz se quebró de forma casi imperceptible al final de la frase.
-Dime lo que crees
-insistió Allen.
Hershel cruzó la
otra pierna y se revolvió un poco, como intentando ponerse cómodo.
-Creo que no
-respondió.
Allen levantó un
poco la cabeza y miró a Hershel por encima. Ni siquiera habían
empezado y ya se estaba divirtiendo. Le gustaba.
-¿Y qué esperas
que haga? -preguntó en un tono travieso. Bajó la cabeza y antes de
que Hershel pudiera responder, añadió-: ¿Qué quieres que haga?
No respondió
enseguida.
Se pasó la lengua
por los labios y se mordió el labio inferior mirando al suelo.
Suspiró despacio.
Allen esbozó una
sonrisa de oreja a oreja, sus dientes apenas destacaban entre los
tonos rosados y pálidos de su piel.
-Dilo -susurró el
chico psicótico. El sonido rebotó por las paredes blancas de la
habitación hasta llegar a los oídos de Hershel con un cosquilleo
seguido de un escalofrío.
Hershel alzó la
vista y se encontró con los gélidos ojos de Allen mirándole
fijamente. Durante más de seis segundos, ninguno apartó la mirada.
Allen ni siquiera parpadeó.
El agente
especial del FBI frunció el ceño y estrechó un poco los ojos.
Allen le imitó, ladeando la cabeza.
Quiero irme a mi
casa y beberme una botella entera de vodka para olvidar esa sonrisa
condescendiente y esa mirada inquisitiva. Pensó, pero no lo dijo.
Quiero que digas
que sí para participar en un caso del FBI, para poder demostrarle a
Dave que hace tiempo que dejé de ser pequeño, pero que todavía soy
su hermano. Pensó, pero no lo dijo.
Allen se levantó
de la cama y cogió su silla, situándola frente al cristal reforzado
y sentándose cara a cara con Hershel, como siempre, con sus rodillas
flexionadas contra su pecho y manoseando sus calcetines. Hundió su
cara entre sus rodillas y su pecho, ocultando su rostro desde el
puente de la nariz hasta la barbilla. Empezó a mordisquearse las
uñas.
Esperó
pacientemente. Al fin y al cabo, no se iba a ir a ninguna parte.
La luz que
despedían los focos del techo caía sobre el cemento sin pintar de
las paredes y el suelo, reflejándose en el cristal de la celda de
Allen. No se oía nada salvo el repiqueteo de los dientes de Allen
contra sus uñas.
Clac, clac,
y seguía mirándole fijamente. Se detenía. Ladeaba la cabeza hacia
el otro lado. Clac.
Una gotita de
sangre salió a presión bajo la uña del dedo índice del chico. Se
la miró, desconcertado, pero no sorprendido. Se llevó el dedo a la
boca y lamió la sangre, esperando que dejase de salir.
Hershel se inclinó
más todavía hacia Allen, apoyando sus codos sobre sus muslos, y
dijo en voz baja:
-No voy a jugar a
esto.
Allen abrió los
ojos de pronto, no tan sorprendido como satisfecho. Apoyó sus pies
en el suelo y arrimó su boca al cristal lo suficientemente cerca
como para impregnarlo con su aliento. Antes de que se evaporase,
dibujó con su dedo una S, una barra y una N.
Volvió a su sitio,
levantó las cejas y miró a Hershel con media sonrisa inacabada. Se
lamió los labios.
Hershel ya no
estaba nervioso, había olvidado lo que era esa sensación. Ahora
estaba intrigado, ávido.
Peculiar no era la
mejor de las palabras, pero era la única que se le ocurrió en ese
momento para describir al chico del otro lado del cristal.
Así que trazó un
círculo alrededor de la S con su dedo índice. Y le devolvió la
sonrisa a Allen.
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