He decidido compartir aquí esta historia, porque necesitaba sacarla de mi cabeza. Es una de las experiencias personales que más me han chocado nunca.
Hace unos días quedé en el centro con unos amigos de internet. Ya nos habíamos visto antes, en varios salones del manga, en varias quedadas.
El último día de quedada, en la estación de tren, comenzamos a hablar del Animal Crossing New Leaf. Mi mejor amigo estuvo comentando cosas de su juego, y yo comenté lo bueno que era el juego. Me preguntaron si me lo compraría, pero respondí que en ese momento no podía, pero que lo había probado gracias a mi mejor amigo, que me lo había dejado. Él dijo que había borrado mi casa porque necesitaba poner la tienda de campaña para los vecinos nuevos.
Pero mintió.
Unas semanas antes de que todos mis amigos viniesen, yo me puse enferma. Nada muy serio, dolores de cabeza y un poquito de fiebre. Como mi primo y mi mejor amigo llevaban días queriendo ir a la piscina, les dije que fuesen sin mí, que ya iríamos.
Por la tarde mi primo volvió a casa y me trajo una buena sorpresa: como yo no había podido quedar con ellos, mi mejor amigo me había dejado la 3DS con el AC:NL por un par de días hasta que me pusiese mejor, y así ellos podían ir a la piscina y no dejarme aburrida. Qué decir tiene que la encendí enseguida y comprobé que mi personaje seguía ahí.
Había pagado la primera parte de mi casa y ya no era una tienda de campaña.
Nuevamente mi primo se fue a la piscina y yo me pasé el día jugando al AC:NL, recogiendo bichos, frutas, hablando con los vecinos, bajándome ropa de internet...
Había leído en algún sitio una especie de leyenda en la que, si te quedas hasta muy tarde en el AC, aparecía un fantasma y te daba regalos. Dudaba de que fuese cierta pero, como no tenía sueño y mi amigo había puesto la ordenanza para el pueblo nocturno, me quedé a comprobarlo. Ahí empezó mi error.
Eran como la una de la mañana y el fantasma no aparecía. Estaba un poco aburrida, así que me puse a buscar códigos de pueblos por internet para visitarlos a través de la casa de los sueños. Encontré uno que me llamó la atención especialmente: X0X7-1992-6XX7. 1992 es el año en que nací, así que como me hizo gracia decidí visitarlo.
Ni siquiera me había parado a leer el comentario en el que habían puesto el número, me dirigí a la casa de los sueños y cuando Alakama me preguntó por un código, lo puse sin más.
Todo parecía normal, Alakama comenzó a contar ovejitas y el juego empezaba a descargarse el pueblo. Sin embargo, cuando parecía que lo había descargado del todo, un diálogo me dijo que había habido un fallo de conexión y me dio un código de error de Nintendo. Pero aun así, continuó con el sueño y mi personaje entró al pueblo.
Todos los que hayáis jugado sabéis que, cuando entráis en un sueño, aparecéis en una cama junto con Alakama y su giroide... bien, la cama y el giroide estaban, pero Alakama no. Además, el giroide no se movía, estaba simlemente quieto mirando al frente con su expresión vacía, parecía una estatua. Me acerqué a él e intenté hablarle, pero no podía. Aquello ya me estaba dando escalofríos. Me tranquilicé pensando que era algún tipo de bug debido al fallo de conexión y apagué la consola, no quería dañar el cartucho.
Volví a encenderla y no parecía que le hubiese pasado nada. La secretaria soltó su discurso de bienvenida habitual y yo seleccioné mi personaje... que seguía con el pijama puesto y en el pueblo que había visitado. No estaba tan segura de si era un bug, puesto que era muy raro, y aunque no quería seguir jugando a esas alturas, mi curiosidad me llevó adelante y seguí explorando.
El pueblo estaba muy mal cuidado, diría que abandonado. Los árboles estaban muertos o cortados, las malas hierbas lo plagaban todo y había trampas y agujeros por todas partes. Pensé que a lo mejor era un pueblo "de exposición", como el de un japonés que mi amigo y yo visitamos un día. Decidí seguir explorando y busqué la casa de algun vecino en el mapa... pero no había. Sólo había dos casas de jugador.
De camino a la más cercana, encontré un vecino, Tristán, caminando cabizbajo y con humo sobre su cabeza, como si estuviese triste. Traté de hablarle, pero todo lo que me respondió fue "...". Lo dejé estar y me dirigí a la casa.
Era una casa pequeña, como la mía, la primera que te dan. Tenía un buen aspecto, la típica casita blanca con vallas blancas y el tejado rojo. Me armé de valor y entré, deseando que no le pasase nada al juego.
El único piso que había estaba completamente a oscuras. Sabía que se podían apagar las luces en el juego, pero no recordaba que se quedase de esa foma. Apenas podía ver a mi personaje por cómo le brillaba el pelo. Cada vez que daba un paso, sonaba un pitido acuciante que disminuía o aumentaba su tono según caminases. Ya había visto ese objeto antes y me ponía realmente nerviosa. Me tomé un momento para pensar si debía seguir ahí o era mejor apagar la consola y borrar el personaje... sólo es un juego, pensé, no va a pasar nada malo. Probablemente solo sea uno de esos pueblos fantasma que haya hecho algún japonés.
Traté de ignorar el silbido y me dirigí al único objeto que pude vislumbrar entre tanta oscuridad, que resultó ser una lámpara. Ahogué como pude un grito que casi se me escapa al ver el contenido de la habitación.
No había un solo mueble salvo por la lámpara y el objeto que pitaba, pero sobre el suelo habían varios diseños muy extraños.
El suelo entero parecía un cuadro. Era como una foto de muchos vecinos, todos con las caras tristes y humo sobre sus cabezas. En el centro de la habitación, había un diseño circular con la cara de un giroide. Cuando lo miré por un par de segundos no daba tanto miedo, pero la cara del giroide era estremecedora.
De pronto, un cuadro de diálogo apareció: "¡Hola, soy yo, Cocoloco! ¿Está abierto, verdad?"...
No tenía ni idea de que los vecinos podían visitarte mientras estabas en una casa ajena de un sueño.
Coco entró en la habitación y se quedó en medio, mirando hacia los lados y caminando erráticamente, como todos los vecinos que visitan tu casa. De repente, un signo de exclamación surgió sobre su cabeza y corrió hacia mí, queriendo decirme algo. Hablé con ella... "... deberías irte de aquí...". Y no dijo nada más. Hablé con ella un par de veces más, pero la frase no cambiaba.
Salí de la casa sin que ella me dijese que debía irse, ni siquiera me habló.
Porque seguía en la puerta.
Coco comenzó a seguirme por todo el pueblo. Cada vez que me paraba, un signo de exclamación salía sobre su cabeza y me repetía las mismas palabras una y otra vez. Al final, muy nerviosa, cerré la DS sin apagarla y me puse a buscar en internet información sobre cómo salir de un pueblo "bugeado" en un sueño.
El código del pueblo apareció otra vez, en el mismo comentario del foro en que lo había encontrado. Por lo visto ese pueblo era "especial", pensé que tal vez su dueño era un hacker, un seeder o simplemente tenía el cartucho y el sueño dañados... ojalá hubiese sido así.
En el comentario, el autor pedía por favor que nadie visitase ese pueblo jamás. Comentó que había tenido una experiencia terrible y que una vez dentro, sólo había una forma de salir sin borrar ni dañar tu personaje. No ponía cómo. Era su único mensaje en el foro.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Vamos a buscar esa forma de salir, me dije, y abrí la consola.
Coco ya no estaba ahí. Ahora era una niña, vestida con un vestido blanco. Caminé un poco para comprobar si me seguía y, efectivamente, lo hacía.
Me consolé pensando de nuevo que sólo era un juego y nada podía pasarme en la vida real, aunque he de confesar que estaba muerta de miedo. Aun así, me decidí a hablar con ella, para ver si repetía la misma frase que Coco... pero no era así. No decía frase ninguna, en su diálogo sólo aparecían carácteres extraños y "rotos", entremezclados unos con otros, pero siempre con puntos suspensivos al empezar y terminar la frase.
Mientras intentaba ignorar a la niña, busqué otra casa para seguir explorando y encontrar esa extraña forma de salir del pueblo, ya que la cama no respondía.
He de confesar que en esta parte me faltó poco para hacérmelo encima.
La segunda casa de jugador que encontré era un poco más grande que la primera. Justo antes de que mi personaje abriese la puerta, la niña me abrió un cuadro de diálogo, pero de nuevo, sólo habían signos y carácteres extraños.
Cuando mi personaje entró por la puerta, no podía creer lo que había.
Un auténtico ejército de giroides ocupaba buena parte de la habitación. Estaban todos quietos, ninguno se movía en absoluto. Mi personaje no respondia. A esas alturas, ya sólo podía alcanzar a mirar, ni siquiera tenía ganas de apretar ningún botón, aunque no hizo falta.
La cámara se giró completamente sola hacia un lado para mostrarme tres vecinos, entre los que estaban Coco y Tristán, con sus expresiones tristes. Volvió a girarse hacia el otro lado para mostrarme otros tres vecinos más y por último, tras todos los giroides, estaban los vecinos que faltaban... y lo que parecían ser muñecos de jugador sin cara, sólo con tres agujeros, justo como los giroides. En este punto ya tan solo quería apagar la consola, encenderla y ver que todo estaba bien y había sido un mal sueño, pero algo me impidió hacerlo.
De pronto, todos los giroides comenzaron a moverse al mismo tiempo, creando una sinfonía de sonidos extraños y aterradores. Juraría que podía oír sollozos y lloriqueos de fondo, y a los vecinos les caían gotitas de la cara, como cuando están apurados, pero de forma mucho más seguida y rápida. Al final, la pantalla comenzó a hacer cosas extrañas, se distorsionó la música y no dudé un segundo en quitar el volumen. La imagen también comenzó a distorsionarse. Ya no sabía cómo reaccionar, todo aquello era perturbante.
Cuando los giroides terminaron de cantar, la niña me habló y el cuadro de diálogo se llenó de cosas extrañas, de letras rotas y signos, avanzando automáticamente a toda velocidad. Finalmente la pantalla se quedó en negro y asumí que el juego se había colgado. Cuando fui a reiniciar la consola, el juego volvió en si y mi personaje apareció al lado de la cama por la que entras al sueño. El giroide de al lado, aunque no se movía, sí se giraba para mirar a mi personaje. Hablé con él y el cuadro de diálogo estaba vacío, pero mi personaje se tumbó en la cama automáticamente y salió del sueño.
Volví a la casa de los sueños y mi personaje volvía a tener su ropa. Alakama no me dijo absolutamente nada cuando salí del sueño ni del edificio.
Al llegar a mi pueblo, todo parecía normal. Lo inspeccioné todo, esperando que no hubiera ningún tipo de bug, seed o simplemente algo extraño que hubiera podido "colarse" desde el sueño. A esas alturas ya no sabía ni qué pensar, sólo quería que el juego de mi amigo no hubiese sufrido daños.
Me despejé un poco y decidí atrapar algunos escarabajos y pescar un poco más antes de salir del todo, para tratar de olvidarme de aquel horrible pueblo.
Mi última parada fue mi casa.
Dentro de la casa había un giroide. Yo no había puesto nunca ningún giroide ahí. No era muy fan de ellos y, además, todavía no había conseguido ninguno en lo que llevaba de juego.
Como las tiendas ya estaban cerradas y no iba a poder venderlo, lo cogí y lo enterré en una esquina apartada del mapa. Apagué el juego y traté de dormir.
Al día siguiente mi primo y mi mejor amigo vinieron a pasar la tarde conmigo, en lugar de ir a la piscina.
Les conté todo lo que me había pasado la noche anterior y se lo tomaron un poco a broma. Mi amigo cogió su DS y encendió el juego y escogió su personaje. Yo no había jugado en toda la mañana y ni me acordaba del giroide enterrado que había en una esquina hasta que entró. Se lo comenté y fue a la esquina, pero no había nada allí. Revisamos el resto por si me había equivocado de lugar, pero nada.
Finalmente, después de un rato jugando, mi amigo pegó un salto.
Fuimos enseguida a ver qué pasaba... el giroide estaba en la puerta de su casa, junto con mi personaje, cuya cara eran ahora tres agujeros. Todos sus vecinos estaban tristes y en las tiendas ningún personaje le respondía.
Buscamos por internet, pero no encontramos absolutamente nada. La gente sólo pedía que nadie entrase en ese pueblo y nadie explicaba nada.
Al final, mi amigo borró mi personaje y con ello mi casa. Unos días después, me comentó que no había ni rastro del giroide ni de mi personaje y que los vecinos actuaban con normalidad.
No volvimos a hablar de esto con nadie más. Espero que nunca decidáis visitar ese código. Por favor, no lo hagáis aunque lo encontréis... no sabéis qué consecuencias p╗ue[`^dé t|░¬N|13e½ø×r.→▒
Te destruiré de la forma más bella posible, y cuando me vaya finalmente entenderás por qué las tormentas tienen nombres de persona.
miércoles, 28 de agosto de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
omg
En un par de días o tres ya seré libre y podré seguir subiendo cositas y escribiendo <3
ESPERADME HASTA ENTONCES
;____________________;
ESPERADME HASTA ENTONCES
;____________________;
sábado, 17 de agosto de 2013
El pescado.
El puto pescado.
Voy a tomarme unos minutos de mi preciado tiempo en comentar las (des)ventajas del pescado.
A ver. A la gente le gusta el pescado, me parece correcto. ¿Pero qué parte del pescado os gusta exactamente a la hora de comerlo?
Porque a ver, a mí me gusta rebozarlo y en rodajas, o en "cuadraditos", o en sashimi. O en palitos congelados de Pescanova con forma de estrella mutante. En realidad esos me encantan.
Pero, ¿y el pescado que se sirve entero? ¿EH? Osea, ¿os coméis una cosa así...
Voy a tomarme unos minutos de mi preciado tiempo en comentar las (des)ventajas del pescado.
A ver. A la gente le gusta el pescado, me parece correcto. ¿Pero qué parte del pescado os gusta exactamente a la hora de comerlo?
Porque a ver, a mí me gusta rebozarlo y en rodajas, o en "cuadraditos", o en sashimi. O en palitos congelados de Pescanova con forma de estrella mutante. En realidad esos me encantan.
Pero, ¿y el pescado que se sirve entero? ¿EH? Osea, ¿os coméis una cosa así...
... y luego os quejáis de que los asiáticos comen pescado crudo?
Quiero decir, a ver. Os peleáis para abrir correctamente un pescado infestado de agujas cartilaginosas que podrían desgarraros el esófago y cuya carne blancuzca y enfermiza tiene la textura de un chicle rancio. POR NO MENCIONAR QUE HAY QUIENES SE COMEN LA CABEZA. LA PUTA CABEZA.
¿Y qué demonios es eso marrón negruzco que hay a veces pegado a la molla?
Y UNA VEZ ME COMÍ UNA COSA AMARILLA QUE SABÍA COMO 1000 LIMONES BAÑADOS EN MENTOS. QUÉ ASCO. Se me metió la cara para adentro de lo ácido que era... y no comí nada más en el resto del día.
Luego me dijeron que eso era la bilis y entonces implosioné.
¿QUÉ PROBLEMA HAY EN COMERSE UN FILETE O UNAS CHULETAS? ¡A lo peor te trae un hueso o un par de nervios, NO UNA ESPINA DEL TAMAÑO DE LA TORRE EIFFEL!
Y ya está, ya no tengo nada más que decir de este inmundo plato salvo que ojalá algún día sea reconocido como el suicidio gastronómico que es.
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cosas que no me gustan,
críticar por criticar,
personal
miércoles, 14 de agosto de 2013
Allen Bane - Capítulo 2
Mientras observaba
las fugaces luces del túnel del metro, no dejaba de darle vueltas a
la cabeza. Demasiadas cosas sólo en una tarde. La visita a las
oficinas, el Coleccionista, Allen, el libro de Valerie... aún lo
tenía en la bolsa. No se acordaba de haberlo metido ahí. Aún no
había empezado a leerlo, no se atrevía.
Lo
sacó un poco para mirar la portada una vez más. “Aurora”,
de Friedrich Nietzsche.
A Valerie le gustaba el filósofo. Por alguna razón pensó que a
Hershel podría gustarle también.
Pero él no creía
que fuese así. Ya había leído algo de él, y no le había
llamado demasiado la atención.
Instintivamente,
sacó el expediente de Allen de la bolsa, que descansaba tras el
libro de Val. Allen Bane. El chico psicótico al que Dave quería
entrevistar. Pero, ¿por qué?
Dave no pedía las
cosas a la ligera. Las pensaba, y mucho.
Además, se lo
había pedido a él, a su hermano.
Había algo raro,
pensaba Hershel. Dave había dado con algo que no quería revelar al
resto de su equipo, por eso se lo confiaba a él.
Se recostó en su
asiento, suspirando profundamente. ¿Debería hacerlo? Claro que
debería, pensó. Dave se lo había pedido, en secreto, sólo a él.
De pronto, Hershel
notó un subidón. Su hermano, Dave, al que tanto admiraba y al que
aspiraba a superar, le había encomendado algo de suma importancia,
algo que él consideraba vital para el caso. Algo que había
averiguado, y quería estudiarlo junto a Hershel, porque confiaba en
él.
El tren se detuvo
lentamente, abriendo sus puertas y dejando que unas personas salieran
y otras entrasen. Aunque a esas horas salían más personas de las
que entraban.
Hershel miró la
parada. Se había pasado.
Suspiró para sí
mientras agarraba su bolsa y salía del vagón. Ya cogería un taxi.
O algo.
Dejó la bolsa
encima de la encimera y tiró las llaves al sofá, sin mucha
puntería. Cerró la puerta con desgana y se dispuso a prepararse un
té.
No tenía ganas de
pensar en el día de hoy. Se sentía decepcionado, malhumorado. Pensó
que participar en un caso le haría más ilusión, que sería
emocionante y le ayudaría a aprender... Ni siquiera se planteó que
tendría que vérselas con un asesino de niñas tan sádico.
Ni tampoco con...
No. No quería
pensar en eso, ni en él en particular. Ya lo pensaría mañana.
Quería tomarse la noche libre, toda para él.
Se acomodó en el
sofá con su té de frambuesa y un platito de galletas y enchufó el
disco extraíble, preparado para continuar con su maratón semanal de
Buffy Cazavampiros.
~
Miró a través del
cristal de su celda y apoyó los dedos en los pequeños agujeritos de
ventilación, apretándolos nerviosamente. Llamó al guarda como unas
quince veces sin que éste respondiera. Trató de ser paciente, debía
pasar por su celda... por lo menos. Pero en el fondo sabía que eso no sucedería.
-¡¡ETHAN!!
-Volvió a gritar, pero de nuevo, sin resultado alguno.
A pesar de todo no se
dio por vencido y, durante al menos dos minutos, gritó sin cesar,
cada vez más fuerte, hasta que el susodicho Ethan hizo su aparición, ataviado con un
conjunto blanco, un cinturón de cuero del que colgaban un táser, un
par de esposas y un manojo de llaves y sus aires de superioridad
característicos.
-¿Qué coño
quieres, Allen?
Para delicia de
Allen, el guarda parecía realmente cabreado. Sabía que él no le
gustaba, y eso lo hacía aún mejor. Su cara de amargura logró
esbozar una sonrisa en la cara del preso.
-Es mi noche libre.
-respondió en un tono infantil mientras se balanceaba, aún agarrado
a los agujeritos de ventilación.
-Ya, ¿y qué?
-Quiero mi noche
libre.
-Sí, ya. Ya te he
oído.
Un silencio. La
sonrisa de Allen se desvaneció para dar paso a una expresión fría,
casi de odio.
Frunció el ceño.
Ethan sonrió con desdén.
-No seas cabrón,
me merezco esto. -espetó de mala gana.
-¿Por qué,
exactamente?
-¿Por portarme
bien? -respondió con ojos inocentes.
-¡Já! ¿lo dices
en serio? ¿por portarte bien? -Ethan apoyó su brazo en el cristal.
Cruzó sus piernas y alzó la mirada. A veces parecía que iba a
explotar dentro de esa ropa tan ajustada- Estabas gritando como un
loco hace un momento.
-Porque no me
hacías caso.
-Ah, lo siento,
estoy un poco duro de oído últimamente. -respondió mientras se
rascaba la oreja sin perder la sonrisa.
Allen contuvo su
rabia. Sin ese cristal reforzado, Ethan ya se estaría desangrando en
el suelo, agarrando su grasiento pescuezo en un infructuoso intento
de detener la hemorragia. Puto cristal, pensó.
No quería
resignarse a Ethan. Necesitaba esa noche libre o se le iría la
cabeza, pero tampoco quería suplicarle. Era lo que el gordo quería,
que le suplicase. Se sentía superior detrás de ese cristal. Pero
Allen sabía que cuando estaba fuera, Ethan no se atrevía ni a
acercarse.
Se sentó en la
cama y suspiró con resignación.
-Me he portado bien
estas dos semanas. He ido a todas las sesiones.
Ethan trató de
contener la risa. Allen era como un niño enfurruñado porque se le
ha negado el juguete que ha pedido. Suspiró y desabrochó las
esposas de su cinturón.
-¿Qué quieres
hacer? -Los ojos azules del chico le miraron con un brillo de
ilusión. Bajó la vista al suelo y pensó por un momento.
-Quiero salir al
patio. Quiero dibujar algo en el patio. -El guarda arrugó la nariz
y dudó un instante.
-Dibujas todos los
días aquí, ¿por qué ibas a querer dibujar fuera?
El chico no
respondió. Hubo un corto pero incómodo silencio. Allen miraba a
Ethan con impaciencia, pero éste no estaba muy convencido de si debía
dejarle salir.
-¿Estás seguro de
que sólo quieres hacer eso?
Siguió sin
responder. Simplemente cogió sus cosas, dejó que Ethan le esposara
por la ventanilla y le siguió hacia el patio.
~
Se despertó de un
sobresalto, juraría que el ruido del teléfono le había apuñalado
los oídos.
Trató de
incorporarse despacio, por alguna razón la llamada le parecía
realmente estridente. Se mantuvo inmóvil durante un momento,
asimilando la situación. Cada vez tenía más claro que le dolía la
cabeza.
Dado que el
teléfono no paraba de sonar, se decidió a cogerlo y lo descolgó de
muy mala gana, tropezando de alguna extraña forma en el sofá y
cayéndose de boca. Sus extraordinarios reflejos de recién levantado
ayudaron a que el teléfono no saliese volando.
-¿Diga? -preguntó
con una voz congestionada y áspera, casi parecía que tuviera
resaca. No contestaron enseguida, pero Hershel ya se imaginaba que
sería su hermano.
-¿Hershel?
-respondió una asombrosamente espabilada voz al otro lado.
-Ehm... Hershel...
sí, ¡sí! Soy yo, soy Hershel. -estaba un poco mareado, no estaba
ni muy seguro de cómo se llamaba. Estaba claramente desconcertado
acerca de sí mismo y de todo lo que le rodeaba en ese momento.
-¿Te acabas de
levantar? -preguntaron con una risita socarrona.
-Pues...
obviamente, eso ya lo sabes.
Se levantó con
cuidado y se llevó su taza de té y el platito de galletas a la
cocina, tratando de que no se le cayera nada por el camino.
-Bueno, dentro de
un par de horas hay una reunión sobre el caso, deberías venir, hay
novedades.
-Vale, sí, allí
estaré.
-Te espero
entonces, y ponte guapo.
-Yo siempre voy
guapo.
-Ya, claro. ¡Nos
vemos!
Hershel arrugó la
nariz. Pensó en lo de ponerse guapo por un segundo y después lo
olvidó por completo.
Salió de la ducha
mucho más despejado, aunque el dolor de cabeza no había remitido.
Se quedó frente al espejo, observándose. Tenía la mente en blanco,
no estaba pensando en nada, sólo miraba. Y por alguna razón, tenía
ganas de pasarse el día entero así, sin siquiera moverse. Cuando se
dio cuenta de la mala costumbre que tenía de distraerse
continuamente, dejó escapar un suspiro y apartó la mirada del
espejo.
Trató de darse la
vuelta pero pisó su toalla, perdió el equilibrio y estrelló su
brazo contra el cristal para después caer al suelo.
Se incorporó
despacio, evitando clavarse algún trozo de espejo que hubiera caído
al suelo y recuperó su compostura. No parecía que se hubiera hecho
nada grave en el brazo, sólo se había clavado algunos pequeños
cristales, aunque el baño parecía una auténtica escena del crimen,
pues había cristales y sangre por todas partes.
Maldiciendo para
sí, se limpió las heridas del brazo, se puso un par de tiritas y
corrió a recoger sus cosas para no arriesgarse a perder el tren.
Hershel no lo tenía
muy claro ese día. Su noche libre no le había sentado demasiado
bien y sus preciosos y brillantes ojos verdes ahora eran más bien
tristes, cansados y enrojecidos.
-Creo que te
pasaste viendo Daffy ayer, ¿eh, Hershel? -Saludó Dave con una
fuerte palmada en el hombro que hizo que Hershel se tambalease un
poco. Había llegado casi al mismo tiempo que él, aunque Dave estaba
mucho más fresco.
-Buffy, Dave, es
Buffy. -respondió Hershel en un tono cortante que hizo que Dave
perdiese la sonrisa de su cara. Estaba claro que Shel no tenía ganas
de hablar.
-Bueno, ¿te has
mirado el expediente del caso?
-No, la verdad es
que no. Ayer yo... no tenía ganas. Estaba enfadado, lo siento.
-No, no, lo
comprendo. Tendrás tiempo después de la reunión, ahora vamos para
arriba.
Dave le dedicó un
saludo a la recepcionista antes de subir al ascensor, aunque ésta
estaba más pendiente de Hershel, algo decepcionada porque éste ni la
había mirado.
Ninguno de los dos
dijo nada en lo que duró el trayecto del ascensor, pero Hershel
tenía ganas de hacerlo, aunque era incapaz de rendirse a su hermano.
Había leído el expediente, claro que lo había hecho. Se había
pasado toda la noche estudiando el maldito caso aun cuando había
decidido que no lo haría, qué idiota, pensó para sí.
Analizó los
detalles del caso mientras caminaba hacia la sala de reuniones. Tenía
claras la mayoría de las cosas, tal vez había sacado algunas
conclusiones aunque no estaba seguro de que fuesen a ser de utilidad.
Se chocó con Dave
sin darse cuenta, quien estaba parado frente a la puerta de la sala.
Ninguno de los dos dijo nada durante unos incómodos segundos que
Dave trató de romper con una alegre sonrisa de oreja a oreja que
parecía decir ¡anímate! a lo que Hershel respondió con una
mirada que hubiera podido cortar metal. Dándose por vencido, Dave
perdió su sonrisa y se limitó a abrirle la puerta a su hermano y a
esperar a que éste estuviera dentro para dejar escapar un largo
suspiro.
Sin dudarlo ni un
segundo, Hershel se dirigió a la silla que estaba más al fondo y se
sentó. Dave podría haberle dicho algo de no ser porque sabía que
Shel lo asesinaría con la mirada o, peor, se iría de allí. Le
indicó que debía dirigirse al otro lado de la sala para exponer el
caso con un gesto y se largó tan rápido como pudo.
Hershel, tan
cansado como estaba, apenas tenía ganas de prestar atención a nada
que tuviera que ver con todo aquello. Estaba harto de visualizar las
fotos de las niñas, que le habían perseguido durante toda la noche,
y la falta de información acerca del sujeto era realmente
frustrante. Se tapó los ojos con la mano y apoyó su cabeza en ella,
respirando profundamente. Cuando la exposición comenzó por fin, se
rescostó en la silla y echó su despeinado cabello hacia atrás,
despeinándolo todavía más.
Dave comenzó a
hablar, junto con un director general o una especie de capitán. La
verdad es que no lo sabía, y le daba lo mismo.
Otra vez las fotos.
Apartó la vista y parpadeó unas cuantas veces, frotándose los
ojos, pero pronto volvió a centrar su vista en Dave y en la otra
persona que hablaba, pues cada vez que cerraba los ojos, aquellas
horribles imágenes traspasaban fugazmente su cabeza. Incapaz de
concentrarse, pronto se encontró sumido en una ráfaga de
pensamientos desconectados y sin sentido alguno, concentrado en el
movimiento de los labios de Dave mientras sus oídos ignoraban
cualquier tipo de sonido exterior. Una cancioncilla resonaba en su
cabeza, de vez en cuando fijaba su mirada en un punto fijo y volvía
a observar los -aparentemente hipnóticos- labios de Dave. Sólo
cuando alguien se levantó y disparó las palabras a todo pulmón fue
capaz de volver a la realidad. Frunció el ceño y se acomodó en su
asiento.
No se había dado
cuenta de que, durante toda la charla, Dave le había estado mirando.
Dave sabía que su hermano no se encontraba bien pero, aunque quería
hablar de ello, no quería forzarle más. Continuó parloteando hasta
que él mismo se cansó de la reunión y, con un dramatismo extremo,
se sorprendió al mirar su reloj y ver la hora que era. Fingió tener
algo realmente urgente que hacer y recogió su chaqueta, saliendo a
toda prisa de la sala, no sin antes frotarle el pelo a Hershel en un
indicativo de que éste debía seguirle. Como hermanos que eran,
Hershel adivinó sus intenciones al momento y le siguió por la
oficina.
-¿Mejor así, no?
-dijo Dave al entrar en su despacho, tirando la chaqueta sobre un
sillón y sentándose en el suyo propio, estirándose un poco.
-Desde luego.
-respondió Hershel en un tono serio, aunque podía adivinarse un
ápice de alivio, y eso a Dave le reconfortó.
-Bueno, ¿quieres
hablar de eso? -señaló el brazo de Hershel con la cabeza. Mientras
su hermano buscaba asiento, Dave apartó sus cosas del escritorio y
puso los pies encima, reclinándose cómodamente sobre su asiento.
-No es nada, me he
caído en el baño esta mañana, he roto el espejo. -suspiró
Hershel.
-Por lo menos no te
has roto la cabeza.
-Ya...
-Eh, no digas eso,
tu cabecita es demasiado valiosa como para romperla.
Hershel bajó la
vista en un intento de ocultar sus mejillas ahora enrojecidas. Le
gustaba que Dave le dijese esas cosas, le hacían sentir bien, pero
le daba mucha vergüenza admitirlo.
-¿Qué tal en la
reunión?
-¡Ah, esto...! -le
temblaba un poco la voz, Dave le había pillado completamente
desprevenido. Le hizo recordar sus horribles años de escuela en los
que no prestaría ni pizca de atención a las explicaciones del
profesor, que casualmente siempre le preguntaba a él.- Perdona,
Dave, no tenía ganas de escuchar a nadie.
Dave, sabiendo que
Hershel sí habia estudiado el caso aquella noche -conocía demasiado
a su hermano como para no darse cuenta- le perdonó y se dispuso a
traerle algo de desayunar.
Cuando volvió con
un café, un zumo y un croissant, Hershel se había quedado dormido
en el sillón, con el expediente de Allen Bane sobre él.
Dejó el café y el
resto de cosas sobre la mesa y cogió el expediente. Arrugó la cara
en un gesto de lástima y miró alternativamente la foto de Allen y a
su hermano. Suspiró y se sentó tras el escritorio. Ojeó un poco el
expediente, buscando los datos de la doctora de Allen, la psiquiatra
Rose Smith, también directora del centro.
Dio un sorbo al
café, abanicándose la boca con la mano de lo caliente que estaba y
levantó el auricular del teléfono, marcando el número y
previsualizando las palabras en su cabeza.
-Buenos días,
Hospital Psiquiátrico Saint Briggs, ¿en qué puedo ayudarle?
-Buenos días, me
gustaría hablar con la doctora Rose Smith, llamo del FBI. -dijo en
un tono agrio mientras rebuscaba un papel y un bolígrafo entre los
trastos de la mesa.
-¿Podría darme
sus datos, por favor?
-Jefe del buró de
investigación psicológica Dave Black, oficina de Chicago, número
de placa 2001341. Debo de estar apuntado por ahí. -respondió algo
nervioso al no encontrar nada sobre lo que poder escribir.
-Ah, Dave Black,
sí, está usted en el ordenador. Bien, pues si es tan amable de
esperar un momento en lo que aviso a la doctora...
-Por supuesto.
No había
cancioncillas rancias destroza-oídos en ese tipo de llamadas, por
eso a Dave le encantaban las llamadas burocráticas. Contenidos
aburridos, pero rápidas y productivas si se poseían los
conocimientos suficientes de ingeniería social.
El recepcionista
apenas tardó en traer noticias.
-De acuerdo, la
doctora Rose se encuentra en una sesión ahora mismo...
-Qué casualidad.
-musitó inconscientemente sin dejar que el recepcionista terminase
la frase.
-De todas formas me
ha preguntado si es importante.
-Dígale que es
sobre uno de sus pacientes, número de expediente 277.
-2, 7, 7... Oh.
-Dave pudo oír cómo el muchacho tragaba saliva al otro lado de la
línea.
-¿Puede ponerme
con ella?
-Sí, claro, ahora
mismo se la paso, que tenga un buen día.
-Igualmente.
Dejó el auricular
sobre la mesa y la golpeó no demasiado fuerte con un puño para no
despertar a Hershel. Estaba seguro de que había dejado una pequeña
libreta y una plumilla en algún lugar de la parte derecha del
escritorio.
-¿Agente Dave?
¿está usted ahí? -se oyó a través del teléfono. Lo agarró tan
rápido como pudo y comenzó a abrir cajones como si no hubiera un
mañana.
-¡Doctora Rose!
Buenos días. -contestó con toda la compostura que supo reunir.
-Buenos días, ¿en
qué puedo ayudarle?
-Verá, me gustaría
solicitar la ayuda de su paciente en un caso que... sinceramente,
estamos un poco atragantados. Nos vendría muy bien una ayuda. ¿Cree
que le gustaría colaborar?
-Bueno, es posible.
Pero últimamente no está muy dispuesto a nada.
-¿Cree que podría
hablar personalmente con él?
-Oh, me temo que
no, nos lo dejó muy claro la última vez que vino. -Dave podía
escuchar algunos susurros al otro lado, y no pudo pasar por alto un
ahogado cállate, aunque sabía que no iba para él.
-¿Sigue ahí?
-Sí, sí, estoy
aquí.
-No, me refiero a
su paciente.
-Ah... -y la
doctora pausó por un momento.- sí, aquí está. -añadió, con un
leve ápice de disgusto en su voz.
-¿Puede pasármelo?
-No, no creo que
sea buena idea. -algunos susurros más.-Definitivamente, n...
¡pero...!
-¿Doctora?
-¡DAVE BLACK!
-respondió una alegre voz al otro lado.
-Allen. -reconoció
Dave, que ya había dejado de trastear por su mesa y había adoptado
una postura más alerta.
-¿Vas a venir a
hacerme una visita? -preguntó en un tono infantil, casi ilusionado.
-Creí que no te
gustaba la idea.
-Oh, en efecto, se
me revuelven las tripas sólo de pensarlo. Pero eh, has mencionado un
caso, ¿verdad?
-Sí. -podía oírse
un leve forcejeo y los quejidos de una mujer, presumiblemente porque
Allen le habría arrebatado el teléfono a su psiquiatra y se negaba
a devolvérselo, como un niño pequeño con un juguete. Dave trataba
de mantener un tono firme, aunque debía reconocer que ese chico le
sacaba de quicio.
-Resulta que oí
algo de eso hace un par de días, un caso muy interesante.
-¿Te interesa?
-Hmmm...
-¿Allen? -se
acomodó en su silla y comenzó a respirar hondo sin darse cuenta. El
chico tardó un poco en responder.
-No.
Dave se quedó en
shock durante un momento. Estaba convencido, casi con total seguridad
de que Allen aceptaría, de una manera u otra. Pero no lo hizo.
-Me gusta ver cómo
te tiembla la voz en las ruedas de prensa bajo la mirada de tus
superiores descontentos.-y terminó con una carcajada.
El jefe de
departamento Dave Black no era del tipo que se dejaba arrastrar en un
juego tan sucio. Mantuvo el control y no le respondió. Con
tranquilidad, tomó aire y lo expulsó despacio. Esperó a que la
doctora volviese a ponerse al teléfono mientras revolvía los
papeles de su mesa con impaciencia. Desde el auricular, una voz de
mujer se aclaró la garganta.
-Lo siento mucho,
Dave.
-No se preocupe.
Voy a mandar a alguien para hablar con él. -añadió tras un
incómodo silencio de tres eternos segundos.
-¿Disculpe? Ya le
ha dicho que no le interesa, no debería...
-Pues haré que le
interese.
Y colgó con rabia,
pero todavía despacio, consciente de que Hershel seguía dormido en
el sillón.
Trató de calmar su
respiración, algo acelerada, y bebió otro sorbo de café, cosa que
le provocó una mueca de asco al comprobar lo frío que estaba.
Suspiró y, sin
razón alguna, abrió un cajón de su escritorio al azar. En él
había una pequeña Moleskine negra y una plumilla descansaba sobre
la tapa.
Cerró el cajón
con un puñetazo y apretó los dientes, dejando escapar un gruñido
de frustración.
Hershel dio un
respingo en su sillón, tratando de recomponerse del susto. Miró a
su hermano y se levantó, estirando las piernas.
-¿Dave?
-¿Sí, Hershel?
-respondió, sin siquiera levantar la vista del cajón.
-Lo siento, me he
dormido. ¿Va todo bien?
-Todo va
estupendamente. Desayúnate eso y yo vendré en un rato.
Hershel se quedó
mirando, algo confuso, mientras su hermano salía a grandes zancadas
del despacho y cerraba de un portazo. Observó su desayuno sin mucho
apetito, pero comenzó a comer de todas formas.
No había reparado
en el expediente aún abierto que descansaba sobre la mesa de Dave.
martes, 13 de agosto de 2013
(✿◕‿◕)~ NSFW
Hershel
El pequeño cabrón me había despertado en mitad de la
noche gritando incoherencias. Corrí hacia su habitación, lo abracé
fuerte y le ayudé a calmarse. Me pidió perdón y se disculpó de
cinco maneras distintas, aunque mentiría si dijera que no me gustaba.
Que se disculpe conmigo me produce un extraño sentimiento de
placer retorcido, como que me lo debe. Le hice un batido de
chocolate a las tres de la mañana, le di sus calmantes, un valium y
lo dejé con sus cosas.
Me volví al sofá con un té frío,
unos pastelitos orientales de fresa y mi portátil. Lo primero que me
vino a la mente fue dedicar el resto de la noche a algo productivo,
ya que Allen probablemente no se despertaría hasta bien entrada la
mañana, empastillado como estaba. Sin embargo y pese a que había
pensado precisamente lo contrario, mis dedos teclearon
automáticamente una T, una U y presionaron Enter.
Abrí el reproductor de música y no se
me ocurrió otra cosa que escuchar que Imagine Dragons, poco acertado
por mi parte para acompañar a una buena sesión de NSFW
(básicamente, porno).
Me gustaban mis noches de NSFW, era
agradable admirar artísticamente (sobretodo artísticamente) las
imágenes y el fan-art de los fandoms en aquella web, compuesta
mayormente por una comunidad de homosexuales solteros, adolescentes
carentes de toda autoestima que volcaban todo su ser en las bandas
que les gustaban y víctimas de sobrepeso cuya existencia podía
resumirse en una constante necesidad de hamburguesas, Oreo y pizza.
También había alguna que otra persona normal y luego estábamos los
pervertidos que sólo entrábamos para una hormonada sesión boy's
love de Sobrenatural.
Casi comencé a llorar con una canción
de The Cure. Ya era triste de por sí llorar con The Cure, pero lo
peor era el vídeo de una cacatúa silbando el soundtrack de Totoro.
Cómo había acabado viendo eso, no tenía ni idea, pero
probablemente el Vodka tuviese algo que ver. Normalmente no bebía,
pero esa noche se había hecho muy insoportable. Me gustaba estar
solo conmigo mismo, pero en ocasiones me sacaba de quicio. Por eso me
gustaba estar con Allen, él me distraía de pensar en mí mismo.
De pronto me di cuenta de que había
olvidado por completo de que él estaba en la habitación. Me asusté
por un momento y ahogué un grito de pánico, pero me calmé al
recordar el valium que le había dado y lo silencioso que yo era con
mis cosas.
Recogí los pañuelos, algunos aún
algo pegajosos, que previamente había desperdigado por todo el sofá
y de paso me asomé un poco a la habitación de Allen, a ver qué tal
iba.
Me quedé mirándole, parecía estar
soñando algo. Mi curiosidad mató a mi sentido común (por enésima
vez esa semana) y se folló a mi conciencia, obligándome a acercarme
contra mi inexistente oposición, así que me senté tras él con
mucho cuidado, y comencé a escucharle.
No decía apenas nada con sentido, pero
de vez en cuando dejaba escapar un gruñido de desaprobación. Estaba
tumbado de lado, mirando hacia la puerta, algo encogido, con sus
piernas flexionadas levemente hacia su pecho y sus manos bajo su
cabeza.
Gimió algo y relajó su expresión,
llevándose una de sus manos entre sus rodillas. Comencé a aburrirme
y me tumbé junto a él, relajándome también un poco.
No pude evitar mirar su espalda. Sus
vértebras destacaban a lo largo de su columna, formando un caminito
accidentado que terminaba un poco antes de donde empezaba su trasero.
Seguí el caminito con mi dedo, que por alguna razón siempre me
había parecido mono. Me giré hacia él y, como si lo hubiera
sabido, él se giró hacia mí. Me sorprendió un poco, mi
respiración se agitó. Pocas veces le había tenido tan cerca, y
mucho menos tan calmado. Respiraba de forma acelerada e interrumpida,
como si estuviese esforzándose en su sueño.
Volví a sorprenderme a mí mismo
cuando me di cuenta de que lo único que estaba haciendo era pensar
en lo bien que olía, como a caramelo, tan delicioso que parecía que
todos los dulces que se había comido a lo largo de su vida ahora
formaban parte de él. Sonreí ante lo absurdo y adorable de ese
estúpido pensamiento. No evité fijarme en sus apetecibles labios,
tampoco en sus adorables clavículas sobresaliendo en su
pálida piel. Por un momento me sentí mal conmigo mismo. Por alguna
razón estaba enfadado conmigo mismo y tal vez fue ese conflicto lo
que me hizo hacer lo que hice.
Parecía divertido, en un principio.
Dejó de serlo cuando el alcohol dejó
de hacer efecto.
Me incorporé sobre él, acerqué mis
labios a su oído y le susurré su nombre. Murmuró algo que no
alcancé a entender, me gruñó y volvió a darse la vuelta. Le
susurré de nuevo con un tono más cercano, más íntimo. Alzó
un poco sus cejas en una expresión... placentera. Gimió un poquito.
Volví a susurrarle, esta vez con mi mejor intento por parecer
erótico. Se encogió un poco más y hundió la cabeza en la
almohada. Parecía que esa voz era lo suficientemente sexy, así que
continué con mi malvado (pervertido) plan.
“Allen...” murmuré de nuevo en su
oído. Había sacado la mano que le quedaba bajo su cabeza y ahora
agarraba la sábana con firmeza. Le regalé un gemido, y él me
respondió con un suave “Ah,” mucho más audible. “Mh, Allen...
¿te gusta?” le susurré, tratando de contener una pequeña risita.
Para mi sorpresa y satisfacción, me respondió con un sugerente
suspiro seguido de un sí.
Apoyé mi mano en su hombro y me
acomodé sobre él. Le acaricié un poco el torso y seguí
provocándole, hasta que mi estupidez hace eso que suele hacer y las
palabras salieron de mi boca sin que yo pudiese hacer nada al
respecto.
“Di mi nombre,” le dije.
“H-Herhsel...” me respondió. Joder.
Apenas contuve un grito de frustración
en mi garganta cuando me di cuenta de que Allen se estaba mordiendo
el labio.
Acerqué mi cintura a la suya,
frotándome contra su espalda. Había decidido ignorar mi propia
erección por el momento pero resultó que aquella no era
precisamente un producto de la continuada ausencia de vida sexual que
había invadido mi vida los últimos meses.
Me permití unos momentos para tratar
de reconsiderar lo que mi instinto no dejaba de pedirme.
No lo hice.
“Eso es, di mi nombre, Allen...”
continué mientras mi mano buscaba su camino bajo las sábanas. Él
me respondía con un gemido tras un suspiro, tomaba aire y lo soltaba
con fuerza. Una de sus manos apretaba la sábana desesperadamente
mientras mordía la otra. Lo acaricié un poco por encima de la tela,
lamiendo y mordiendo su cuello muy suavemente para no despertarle.
Agrupé mi mano a su alrededor y me
moví un poco para observar su reacción. Ya ni siquiera era capaz de
decir mi nombre sin que se le quebrase la voz. Se encogió más
todavía y dejó escapar un sí muy audible cuando deslicé el
pulgar sobre la punta. Casi parecía que jadeaba al ritmo de mi
respiración, tratando de contener cada bocanada de aire o sonido que
escapase a su control.
“Nhh--... Hershel...” el modo en
que intentaba con todas sus fuerzas articular alguna palabra me ponía
todavía más. No necesité ningún aviso, sin embargo, pues en el
momento en que hundió su rostro en la almohada y arañó la cama su
cuerpo ya me lo había dicho todo.
Recogí lo que pude con la mano y me
levanté con cuidado, directo a por papel higienico o pañuelos.
Una gotita de sangre se expandió por
la tela blanca de su almohada. Le levanté un poco la cabeza y le
limpié la sangre de los labios como pude.
Estando ahí, frente a él, no fui
capaz de sentir nada. Aún estaba duro y la idea de despertarle con
una buena razón en su culo era todavía muy atractiva. Eché mi pelo
hacia atrás y me dirigí a la ducha, dejándole completamente solo.
Mi mente pareció ignorar por completo
la indiscriminada agresión sexual que había tenido lugar hacía tan
solo unas horas cuando Allen salió de la habitación y pasó de mi
cara, dirigiéndose al baño con prisa. Bajé un poco el periódico
sólo para volver a la realidad.
“Allen.” dije al verle salir del
baño, completamente callado y con una expresión de desprecio en su
cara todavía dormida. “¿Qué pasa?”
Pero no me respondió enseguida.
Juraría que Allen hubiera podido arrancarme el corazón con esa
mirada, y no me atreví a decir nada más.
“Nada. Me he mordido el labio
durmiendo.” dijo solamente. Siguió mirándome con frialdad,
disfrutando mi silencio. Abrí la boca para decir algo, pero Allen me
señaló con el dedo y volvió a rematarme con una mueca de odio
infinito.
Muy a mi pesar, no me contuve.
“Estás duro.” comenté como quien
no quiere la cosa, señalando su erección con mi cabeza. Una sonrisa
amenazaba con formarse en mi rostro.
“No sigas por ahí, Hershel Black. No
se te ocurra seguir por ahí.” y se fue, tan enfadado como había
venido.
Decidí dejarlo estar. Al menos hasta
que la presión me hiciese ser mejor persona.
domingo, 4 de agosto de 2013
Random Photoset - Allen + Hershel
Lo he retocado un poco y quería sacarle alguna screen.
El de arriba del todo, a la derecha, es Hershel. Todavía tengo que retocarlo más.
sábado, 3 de agosto de 2013
viernes, 2 de agosto de 2013
Entrevista de personaje - Allen
Como no sabía qué escribir hoy, decidí buscar algunas fichas de personaje para hacer y me encontré con una entrevista en primera persona que me pareció bastante entretenida. Gracias por leer.
(La ficha no es mía, la he sacado y traducido de DeviantArt, pero podéis utilizarla libremente, no tiene crédito).
PD: La traducción no es exacta. Mi nivel de inglés es bueno, pero no perfecto xD para cualquier duda, la original es esta.
¿Cómo son tus patrones de habla? ¿Hay alguien en la TV o en la radio que hable como tú?
¿Mientes a menudo? ¿Mentiras pequeñas o significativas? ¿Eres un buen mentiroso o la gente no suele pensar que mientes? ¿Es toda tu vida una mentira? Si lo es, ¿cómo y por qué?
¿Cómo manejas la ira? ¿Es difícil enfadarte o es fácil molestarte? ¿La gente te tiene miedo? Y si lo tienen, ¿está justificado?
En tu caso, ¿eres del tipo “lo que ves es lo que hay”, o en ocasiones la gente te juzga y se equivoca? Si este es el caso, ¿por qué es así?
¿Dónde vives?
¿Vives sólo, compartes piso, o...?
¿Estás en una relación, eres parte de una familia?
Si es así, ¿estás contento o disgustado con esa relación / familia?
Cuéntamelo.
Si no, ¿te gustaría formar parte de una relación / otra familia?
Cuéntame por qué o por qué no.
¿Quién es tu mejor amigo, si tienes uno? ¿Cuándo empezó vuestra relación? ¿qué os hace amigos?
Si hay alguien en tu círculo que pudiera traicionarte, ¿quién sería?
¿Hay alguien que no te gustaría que te traicionase? ¿Cómo reaccionarías / te sentirías si así fuese?
Si hubiese alguna cosa acerca de tu físico que pudieses cambiar, ¿cuál sería?
Si hubiese alguna cosa acerca de tu personalidad que pudieses cambiar, ¿cuál sería?
¿Qué hace que le gustes a la gente? ¿Es suficiente para que la gente quiera pasar tiempo contigo?
¿Qué hace que no le gustes a la gente? ¿Es un problema crónico o puedes cambiar?
¿A qué clase de gente le gustarías, y a cuál no?
En este punto, ¿describirías tu vida como feliz, normal, o generalmente infeliz? ¿Podrías explicar brevemente por qué?
¿Cuál es el suceso más traumático que te ha ocurrido nunca?
¿Y el mejor de tu vida?
¿Cómo de importantes son las posesiones materiales para ti? ¿Las interpretas como símbolo de tus logros, una trampa, o ninguna?
¿Cómo refleja lo que te rodea tus logros (o tu falta de logros) en lo que llevas de vida?
¿Qué dice lo que te rodea de ti? (Tu casa, tu coche, tu cocina...)
¿Sientes que has consegido todo de lo que eres capaz en la vida? ¿O todo lo que quieres conseguir?
¿Ha cambiado tu vida recientemente? Si así es, ¿qué la hizo cambiar? ¿Cambió para mejor o para peor?
¿Cuales son los posibles obstáculos para obtener lo que deseas? ¿Cómo planeas superarlos?
¿Te has enfrentado a obstáculos para llegar a donde estás ahora?
¿Cómo los superaste? ¿Cuáles fueron las consecuencias de los actos que tomaste?
Si ocurriese algo que te detuviese de conseguir tu objetivo, ¿cómo continuarías? ¿A quién llamarías para pedir ayuda?
¿Qué talento o habilidades posees que te pudiesen ayudar a conseguir lo que deseas? ¿Cómo influenciarías a otros para conseguirlo?
¿Qué es lo que más te motiva para conseguir lo que quieres?
¿Recuerdas la “habilidad” de la que te he hablado antes? Eso también suele ser mi peor obstáculo. A veces soy yo quien la uiliza, otras veces me utiliza a mí.
¿A quién protegerías con tu vida?
¿Quién te protegería con su vida?
¿Qué tienes pensado hacer ahora – hoy? ¿Cómo de relevante es esto para lo que te importa?
¿Qué harás luego?
Me tomaré un helado de fresa. O de chocolate con menta. Hmm... difícil...
(La ficha no es mía, la he sacado y traducido de DeviantArt, pero podéis utilizarla libremente, no tiene crédito).
PD: La traducción no es exacta. Mi nivel de inglés es bueno, pero no perfecto xD para cualquier duda, la original es esta.
Entrevista de personaje \ Personaje
importante
Nombre del personaje: Allen Bane
Importancia y lugar del personaje en la historia: Protagonista principal, antihéroe
========================================================
¿Cómo te llamas?
Nombre del personaje: Allen Bane
Importancia y lugar del personaje en la historia: Protagonista principal, antihéroe
========================================================
¿Cómo te llamas?
Allen
Bane.
¿Qué edad tienes?
¿Qué edad tienes?
Veinticuatro
años.
¿Cómo eres físicamente? Si tuvieras que describirte a ti mismo como si estuvieras hablando de otra persona, ¿qué dirías?
¿Cómo eres físicamente? Si tuvieras que describirte a ti mismo como si estuvieras hablando de otra persona, ¿qué dirías?
Físicamente supongo que soy...
escuálido. Flaco, no sé, de pequeño me llamaban niño fideo. Diría
que soy un poco bajito, hmm... tengo el pelo negro, los ojos
insufriblemente azules y me gusta llevar el pelo corto, me lo rapo
por los lados porque detesto que me toque las orejas.
Y si tuviese que hablar de mí como si
fuera otra persona, pues... diría que Allen es un capullo raquítico
y pálido.
¿Cómo son tus patrones de habla? ¿Hay alguien en la TV o en la radio que hable como tú?
¿Mis qué? Yo no hablo de ninguna
forma. O sea, a veces leo a Chuck Palahniuk y se me pega su forma de
escribir, pero nada más.
En realidad a veces me dicen que hablo
sin sentido. Mezclando palabras, expresiones y pensamientos, no sé.
Shilo dice que hablo en prosa, me dice: “ya estás versando
grotesco”.
Yo no hablo grotesco, ni verso las
cosas. Joder, ni siquiera estoy seguro de que el verbo “versar”
exista. ¿Tienes un diccionario?
¿Mientes a menudo? ¿Mentiras pequeñas o significativas? ¿Eres un buen mentiroso o la gente no suele pensar que mientes? ¿Es toda tu vida una mentira? Si lo es, ¿cómo y por qué?
Yo no
miento nunca (sonrisa disimulada) y cuando lo hago, lo hago bien.
Mentiras pequeñas o importantes, qué más da, son mentiras. Pero
las importantes hacen más daño, y por tanto son más divertidas.
Mi
vida es mi vida, no hay nada falso en ella salvo lo que yo me haga
creer a mí mismo. Una vez me convencí de que no era tan mala
persona. Fue divertido.
¿Cuál es tu expresión facial habitual? ¿Se siente la gente atraída por tu calidez y alegría, o te ven como a alguien más frío, apagado y reservado? ¿Tu rostro refleja tu yo interior o las apariencias engañan?
¿Cuál es tu expresión facial habitual? ¿Se siente la gente atraída por tu calidez y alegría, o te ven como a alguien más frío, apagado y reservado? ¿Tu rostro refleja tu yo interior o las apariencias engañan?
Me tomas el pelo, ¿no? Llevo mirándote
con asco desde que entré aquí.
A la segunda pregunta, pues... no sé,
¿te atraen mis miradas de desprecio?
Hah, mi yo interior. No quieres ver mi
yo interior. Puedo aparentar lo que pienso o cómo me siento pero,
desde luego, debajo hay mucho más y, ya te lo he dicho, cuando
miento, lo hago bien.
¿Cómo manejas la ira? ¿Es difícil enfadarte o es fácil molestarte? ¿La gente te tiene miedo? Y si lo tienen, ¿está justificado?
Es fácil molestarme, y más con esa
irritante vocecita que se me mete en el oído. Eres un suicidio
acústico, ¿sabes? Pero no suelo enfadarme demasiado. A veces. A
veces me enfado mucho, mucho, mucho.
Estaría justificado que me tuvieran
miedo, su error es no tenerlo. La gente es estúpida. Creen que por
ser un enclenque no voy a saber taladrarles el cerebro con una
batidora. Aunque debo admitir que tengo media hostia, así que la
falta de sentido común al pensar que no soy una amenaza es bastante
comprensible.
¿Cómo reaccionas a un enfrentamiento? ¿Darías cualquier cosa por una vida más tranquila
o disfrutas ganando discusiones y peleas?
¿Cómo reaccionas a un enfrentamiento? ¿Darías cualquier cosa por una vida más tranquila
o disfrutas ganando discusiones y peleas?
Bueno,
cuando tengo un... enfrentamiento, me pongo muy nervioso. Pero todo
depende de la situación y la persona. No reacciono igual con todo el
mundo. A veces dejo las cosas claras, a veces me callo. A veces opto
por la violencia.
Me
gustaría, me encantaría, joder que si daría cualquier cosa por una
vida tranquila, lo daría todo. Por desgracia sé que eso nunca va a
suceder.
No me
gusta ganar peleas porque no me gusta pelearme, ni discutir. Prefiero
evitar cualquier tipo de enfrentamiento... verbal.
¿Cuánto poder manejas en tu casa, en tu área de trabajo y en situaciones sociales? ¿Eres del tipo “poderoso pero callado” o sabes demostrar tu poder? ¿Tal vez sientes que no tienes poder alguno? Si es así, ¿por qué, y cuál sería el detonante que te haría cambiar?
¿Cuánto poder manejas en tu casa, en tu área de trabajo y en situaciones sociales? ¿Eres del tipo “poderoso pero callado” o sabes demostrar tu poder? ¿Tal vez sientes que no tienes poder alguno? Si es así, ¿por qué, y cuál sería el detonante que te haría cambiar?
Poder,
¿yo? No tengo poder alguno salvo el que la gente cree que tengo.
Hershel manda en casa, en el trabajo y, en situaciones sociales...
pues el que primero coja el cuchillo, que suelo ser yo.
En tu opinión, ¿cuál sería la primera impresión que le das a la gente cuando te conocen?
En tu opinión, ¿cuál sería la primera impresión que le das a la gente cuando te conocen?
Antisocial. Distante. No se equivocan.
A ti te he dado un poco de miedo.
En tu caso, ¿eres del tipo “lo que ves es lo que hay”, o en ocasiones la gente te juzga y se equivoca? Si este es el caso, ¿por qué es así?
Nunca
ves lo que hay realmente y, aunque lo hicieras, juzgarías por encima
de ello. Tú ya lo has hecho, crees que soy un chalado. En cualquier
caso, la gente siempre me juzga, y muchas veces se equivoca. Soy
difícil de leer.
¿Cuál es tu nivel de educación? ¿Lo que tienes lo has conseguido con los libros, o en la calle?
¿Cuál es tu nivel de educación? ¿Lo que tienes lo has conseguido con los libros, o en la calle?
Educación, vaya. Tengo muchos estudios
y esas cosas, lo que no impide que me gusten las palabras joder,
mierda y capullo. ¿Dónde encaja eso?
Los libros han sido casi la única cosa
que me ha mantenido cuerdo durante toda mi vida. Cuerdo... Digamos
que sigo aquí gracias a ellos.
¿Estás contento con lo que has
conseguido desde que dejaste la escuela?
(se ríe) Y una mierda.
¿Dónde vives?
En un piso de mierda. Echo de menos mi
antigua casa...
¿Vives sólo, compartes piso, o...?
Comparto piso.
¿Estás en una relación, eres parte de una familia?
Si con relación te refieres a estar
forzado a vivir con una persona determinada debido a un programa de
rehabilitación, pues sí, tengo una relación fantástica.
A mis relaciones les gusta decir que
son mi única familia. Como si yo supiera lo que significa eso.
Si es así, ¿estás contento o disgustado con esa relación / familia?
Cuéntamelo.
Quizá algo contento. Aún no lo sé.
No me voy a explayar en algo tan íntimo y personal como eso.
Si no, ¿te gustaría formar parte de una relación / otra familia?
Cuéntame por qué o por qué no.
No.
Las relaciones se pudren, y te pudren a
ti. Empiezan bien, todo es novedad, felicidad, pero cuando caes de la
puta nube ya no hay huevos a volver a subir. Además, a mí siempre
se me morían los pececitos de colores que compraba, eso debería ser
suficiente para que te hagas una idea.
¿Quién es tu mejor amigo, si tienes uno? ¿Cuándo empezó vuestra relación? ¿qué os hace amigos?
Diría
que Hershel. Se considera mi amigo. Yo todavía no sé cómo
tomármelo.
Nuestra
relación empezó una bonita noche de primavera, nos sentamos juntos
a ver unas preciosas fotos de cadáveres y a analizar un emotivo caso
de asesinato en serie.
No sé
a lo que te refieres. No es que no me guste pero estoy con él porque mi psiquiatra me
obliga. No entiendo la pregunta.
¿Quién consideras tu enemigo / te desagrada más? ¿Por qué? ¿Cuándo empezó, y por qué?
¿Quién consideras tu enemigo / te desagrada más? ¿Por qué? ¿Cuándo empezó, y por qué?
Mi peor enemigo soy yo mismo. Me he
hecho más daño del que nadie habría podido hacerme en toda mi
vida, y sigo haciéndolo. Aunque la gente tampoco me gusta, también
hacen daño a veces.
No sé cuándo empezó. No recuerdo
haberme gustado nunca, ahora que lo mencionas.
No me gustan estas preguntas.
¿A quién más tienes en tu círculo
de amistades? ¿A quién acudirías si estuvieses en problemas?
Ah, está Hershel... supongo que podría
decir que Shilo, y Layla.
Hershel es más accesible.
Si hay alguien en tu círculo que pudiera traicionarte, ¿quién sería?
¿Hay alguien que no te gustaría que te traicionase? ¿Cómo reaccionarías / te sentirías si así fuese?
No
entiendo por qué Hershel iba a traicionarme, ha tenido tiempo y
motivos de sobra en el pasado. Sobre Shilo... ¿he dicho ya que no me
gustan estas preguntas?
A
nadie le gusta que le traicionen. No sé cómo reaccionaría, pero me
sentiría... triste. Vacío.
Si no
tienes cuidado voy a arrojar ese puto formulario a la trituradora,
con tus manos agarrándolo.
¿Cómo describirías tu
personalidad? ¿Cuáles son tus virtudes y puntos fuertes? ¿cuáles
son tus debilidades y defectos?
(suspiro) Frío, calculador, sádico...
reservado.
Bueno, se me dan bien los cálculos.
Dicen que soy bueno en arte. Aprecian mi trabajo de forense y mis
habilidades deductivas.
Ehm... me gustan cosas que no deberían
gustarme, y me gustan mucho. Soy muy obsesivo, supongo que un poco
controlador. Mis debilidades...
…
Siguiente pregunta.
Si hubiese alguna cosa acerca de tu físico que pudieses cambiar, ¿cuál sería?
Nada.
Si hubiese alguna cosa acerca de tu personalidad que pudieses cambiar, ¿cuál sería?
Todo.
¿Qué hace que le gustes a la gente? ¿Es suficiente para que la gente quiera pasar tiempo contigo?
(pequeña carcajada suave) No sé ni
cómo puede Hershel aguantarme, mucho menos voy a gustarle.
Soy interesante si tienes algo de qué
hablar conmigo. O si quieres entrar aquí (se señala la cabeza),
también. De otra forma no tienes ninguna razón para querer pasar
tiempo conmigo.
¿Qué hace que no le gustes a la gente? ¿Es un problema crónico o puedes cambiar?
¿A qué clase de gente le gustarías, y a cuál no?
A la gente no le gusta mi sentido del
humor. No parece hacerles ninguna gracia cuando les enseño las fotos
de las chicas del caso Greaves y hago anotaciones graciosas sobre la curiosa postura de sus miembros dislocados. Nadie me entiende.
Dudo que a estas alturas tengas
siquiera un ápice de esperanza en que puedo cambiar. Yo no, desde
luego.
En este punto, ¿describirías tu vida como feliz, normal, o generalmente infeliz? ¿Podrías explicar brevemente por qué?
No.
Yo que tú me alejaba de la
trituradora.
¿Cuál es el suceso más traumático que te ha ocurrido nunca?
¿Y el mejor de tu vida?
Ahhh, es como darme a elegir entre el
gatito más mono de cinco recién nacidos. Eres cruel.
Veamos... Una de mis madres adoptivas
trató de estrangularme, y casi lo consigue. Pero el mejor de todos
es cuando Shilo me provocó un episodio psicótico que desencadenó
en varios desórdenes mentales y amnesia a largo plazo.
¿Y lo mejor que me ha pasado?
…
¿Cómo de importantes son las posesiones materiales para ti? ¿Las interpretas como símbolo de tus logros, una trampa, o ninguna?
No les doy importancia. Está bien
tenerlas, pero tampoco voy a morirme sin ellas. De hecho algunas de
ellas casi son la causa de mi muerte.
¿Cómo refleja lo que te rodea tus logros (o tu falta de logros) en lo que llevas de vida?
¿Qué dice lo que te rodea de ti? (Tu casa, tu coche, tu cocina...)
El hecho de estar viviendo en un piso
de mierda por un “programa” de rehabilitación con un agente que
me vigila las veinticuatro horas debe de reflejar bastante. Que he
ido a peor, en concreto.
Mis muebles dicen que me gusta tenerlo
todo limpio y que mis métodos de orden no son los más habituales.
Ah, y que me gusta el blanco.
¿Sientes que has consegido todo de lo que eres capaz en la vida? ¿O todo lo que quieres conseguir?
Supongo que he conseguido algunas
cosas. No he conseguido todo lo que quería.
¿Ha cambiado tu vida recientemente? Si así es, ¿qué la hizo cambiar? ¿Cambió para mejor o para peor?
Sí que ha cambiado, joder que si ha
cambiado.
No sabría decir, pero supongo que
debería darle las gracias a Hershel.
Para mejor. Espero.
Si tu vida ha cambiado a peor
recientemente, ¿qué puedes hacer para darle la vuelta?
Hah,
si hubiera cambiado a peor, pues hubiera seguido a peor. Como
siempre.
¿Pretendes cambiar tu vida en un futuro cercano? Si es así, ¿cómo y por qué?
¿Cuál es la meta más importante en tu vida? (¿Qué QUIERES realmente?)
¿Cómo planeas conseguirlo?
¿Pretendes cambiar tu vida en un futuro cercano? Si es así, ¿cómo y por qué?
¿Cuál es la meta más importante en tu vida? (¿Qué QUIERES realmente?)
¿Cómo planeas conseguirlo?
No me lo había planteado, pero supongo
que me gustaría que todo fuese a mejor.
¿Que qué quiero realmente?
Pues a Shilo.
No tengo ni puta idea.
¿Cuales son los posibles obstáculos para obtener lo que deseas? ¿Cómo planeas superarlos?
¿Cuál sería el más posible
resultado de tus acciones?
¿Posibles obstáculos, en serio? Todo
mi yo es un posible obstáculo para conseguirla. Ya he intentado
muchas cosas, y ninguna ha funcionado o me ha dejado peor de lo que
estaba.
Lo más seguro es que me quedase donde
estoy o empeorase.
¿Te has enfrentado a obstáculos para llegar a donde estás ahora?
¿Cómo los superaste? ¿Cuáles fueron las consecuencias de los actos que tomaste?
He tenido que
pasar por mucho para llegar hasta aquí, y no estoy precisamente
donde quiero estar.
No quieres saber
cómo lo hice, y las consecuencias están a simple vista.
Si ocurriese algo que te detuviese de conseguir tu objetivo, ¿cómo continuarías? ¿A quién llamarías para pedir ayuda?
Seguiría, pues claro, sin importar
qué. Es lo único que realmente tengo.
No llamaría a nadie.
¿Qué talento o habilidades posees que te pudiesen ayudar a conseguir lo que deseas? ¿Cómo influenciarías a otros para conseguirlo?
Ah, esta me gusta. Amenazar a la gente
suele resultar, torturarlos también. No es necesario hacerlo
físicamente, a veces la “influencia” psicológica funciona mejor
y es muy gratificante.
Decir que has secuestrado a sus hijos y
están a un paso de un disparo en la cabeza suele dar buenos
resultados.
¿Qué es lo que más te motiva para conseguir lo que quieres?
Ella.
Nombra ese defecto o característica
que más te dificultaría el conseguir tu objetivo.
¿Cómo lo compensarías?
¿Recuerdas la “habilidad” de la que te he hablado antes? Eso también suele ser mi peor obstáculo. A veces soy yo quien la uiliza, otras veces me utiliza a mí.
Nunca he sabido compensarlo.
¿A quién protegerías con tu vida?
Te vas a tragar el folio.
Te lo digo en serio.
¿Quién te protegería con su vida?
¿Quién
redacta esta mierda?
¿Qué es lo que más temes perder en la vida? (Puede ser una persona, una posesión, o una cualidad abstracta como respeto, credibilidad...)
¿Qué te empuja a realizar acciones de las que luego te arrepientes?
¿Qué es lo que más temes perder en la vida? (Puede ser una persona, una posesión, o una cualidad abstracta como respeto, credibilidad...)
¿Qué te empuja a realizar acciones de las que luego te arrepientes?
No pienso contestar a esto.
Lo digo en serio. Muy en serio.
(trata de arrancarle la hoja de las
manos al entrevistador)
...
Lo que más temo perder ahora es
aquello que más anhelo.
No me arrepiento de mis acciones cuando
tengo una buena razón para hacerlas. Pero si no la tuviera... no lo
sé. La idea parece buena al principio, pero luego te das cuenta de
que no lo era tanto. Te das cuenta de que ni siquiera era una idea,
sino un impulso. Y no puedes frenarlo.
¿Qué tienes pensado hacer ahora – hoy? ¿Cómo de relevante es esto para lo que te importa?
Verás, pensaba esperarte a la salida,
seguirte hasta tu casa, entrar sin hacer ruido y abrasarte la
garganta con ácido.
No sé si es relevante o no, pero me lo
estoy planteando seriamente.
¿Qué harás luego?
Me tomaré un helado de fresa. O de chocolate con menta. Hmm... difícil...
Termina estas frases:
"Lo más importante en la vida
es..." Cerrar bien la
puerta de tu casa cuando le tocas las pelotas a un chico
psicótico.
"Si hay algo que me vuelva loco es..." BUNNY-WIZ. ¿NADIE TIENE UN BUNNY-WIZ?
"Perdería el interés en la vida si..." (se ríe descontroladamente) ¡No me jodas!
"Normalmente puedo sacarme de mis propios problemas por..." por la yugular, si es que el problema puede desangrarse.
"Si encuentro un problema en mi vida puedo trabajarlo de la siguiente forma..." Atrapar, limpiar, trocear y directo al mar en una bolsita de plástico negra.
"No me gusta la gente que..." Fuma, bebe, llora, se queja de otra gente, se queja de mí, me mira raro, me mira mal, maltrata a los animales, dice “guateque”... (retahíla de motivos de varios párrafos de largo).
"Me gusta la gente que..." comparte mi gusto por las obras de Michael Hussar.
"Mi mayor necesidad ahora mismo es..." Un Bunny-Wiz. Lo digo muy en serio.
"Aquello que estoy decidido a conseguir este mes es..." UN JO-DI-DO BUNNY-WIZ. ¿TAN DIFÍCIL ES TRAERME UNO? NO HE PARADO DE HABLAR DESDE-
"Aquello que estoy decidido a conseguir este año es..." Una colección de fascículos completa, si es que eso es realmente posible.
"Mi lema en la vida es..." “No tocaré las pelotas con estúpidos formularios de personalidad a personas con serios problemas mentales y de autocontrol.”
"Si hay algo que me vuelva loco es..." BUNNY-WIZ. ¿NADIE TIENE UN BUNNY-WIZ?
"Perdería el interés en la vida si..." (se ríe descontroladamente) ¡No me jodas!
"Normalmente puedo sacarme de mis propios problemas por..." por la yugular, si es que el problema puede desangrarse.
"Si encuentro un problema en mi vida puedo trabajarlo de la siguiente forma..." Atrapar, limpiar, trocear y directo al mar en una bolsita de plástico negra.
"No me gusta la gente que..." Fuma, bebe, llora, se queja de otra gente, se queja de mí, me mira raro, me mira mal, maltrata a los animales, dice “guateque”... (retahíla de motivos de varios párrafos de largo).
"Me gusta la gente que..." comparte mi gusto por las obras de Michael Hussar.
"Mi mayor necesidad ahora mismo es..." Un Bunny-Wiz. Lo digo muy en serio.
"Aquello que estoy decidido a conseguir este mes es..." UN JO-DI-DO BUNNY-WIZ. ¿TAN DIFÍCIL ES TRAERME UNO? NO HE PARADO DE HABLAR DESDE-
"Aquello que estoy decidido a conseguir este año es..." Una colección de fascículos completa, si es que eso es realmente posible.
"Mi lema en la vida es..." “No tocaré las pelotas con estúpidos formularios de personalidad a personas con serios problemas mentales y de autocontrol.”
Pregunta final:
"¿Hay alguna cosa más que puedas decirme de ti mismo que tiene importancia en lo que podrías hacer o decir en cualquier situación?
"¿Hay alguna cosa más que puedas decirme de ti mismo que tiene importancia en lo que podrías hacer o decir en cualquier situación?
Ten, te he
dibujado una vagina demoníaca que dice que va a comerse a toda tu
familia esta misma noche.
No parece muy
amistosa.
jueves, 1 de agosto de 2013
27 de Junio - NSFW
+18
Gracias por leer.
···
Querido diario... el otro día salí de casa en busca de alguna gasolinera en la que vendiesen Bunny-Wiz... y me encontré con Shilo.
···
Iba a llegar tarde.
Había tropezado con un bordillo bajo
y, aunque no se había caído, su tacón se había roto.
Trató de recogerlo con tantas prisas
que el peso de su bolso la hizo tambalearse y caer.
Definitivamente iba a llegar tarde.
“Puto bolso”, susurró mientras se
levantaba y guardaba el tacón roto.
Intentó correr lo más deprisa que
pudo hacia la parada del autobús, pero llegó justo para verlo
desvanecerse en la distancia. Suspiró, se sentó en el bordillo de
la carretera y recuperó fuerzas. No se dio cuenta de que estaba
nevando hasta que un helado copito de nieve cayó sobre su hombro
desnudo, provocándole un escalofrío y haciendo que se diese cuenta
del frío que tenía. Entre las prisas y el tacón se había olvidado
de coger su abrigo, y ahora estaba demasiado lejos.
Miró hacia la carretera, tratando de
mentalizarse para, sin duda, un largo viaje a pie. Por suerte, Shilo
era una mujer de recursos y era consciente de que sus tacones no eran
muy de fiar, por lo que, en su bolso, había traído un par de
zapatillas (por eso pesaba tanto) por si acaso le dolían mucho los
pies.
“Mierda de tacones, mierda de nieve,
mierda de frío, mierda de abrigo, mierda de todo. Joder, no pienso
volver al teatro en mi vida.”
Aunque a Shilo le hubiera gustado
cumplir las cien veces que se lo había repetido, no podía evitar
volver una y otra vez.
Siempre había querido ser actriz, pero
por falta de conocimiento y fondos para estudiar, había decidido
dedicarse a la escultura, que era otra forma de arte que, desde bien
pequeña, había sabido apreciar.
Tratando de motivarse pensando en lo
calentita y cómoda que estaría en su casa abrazando su almohada y
viendo cualquier programa barato que pasasen a esas horas de la noche
para coger algo de sueño, se puso en marcha y comenzó a caminar
calle abajo.
Cubrió sus hombros con su pañuelo de
seda negro, aunque no fuese muy efectivo para aliviar el frío.
Se paró en seco. Se ajusto las
zapatillas en sus doloridos pies y comenzó a pensar que nunca
llegaría. Mientras trataba de recuperar el aliento escuchó un ruido
que la hizo sobresaltarse. De pronto se dio cuenta de la oscuridad
que la envolvía y, por algún motivo, aunque estaba segura de que no
era más que algún gato, le entró el miedo. Decidió que lo mejor
era volver tan rápido como fuera posible y comenzó a correr
tratando de convencerse a sí misma de que no pasaba nada.
Miró hacia atrás para intentar
tranquilizarse al ver que no había nadie, pero cuando volvió a
mirar hacia adelante, se chocó y cayó.
No se había hecho mucho daño, pero le
costó levantarse. Se había dado un buen susto.
Se disculpó como cincuenta veces
mientras se sacudía el vestido y se ajustaba las zapatillas sin ver
a quien tenía delante.
-¡Perdona, perdona, perdona!
Discúlpame, no estaba mirando, tengo un poco de prisa... -exclamó
en un hilo de palabras mientras levantaba la cabeza. Su mente se
quedó completamente en blanco cuando vio al chico con el que se
había chocado.-Ahm... se me ha olvidado lo que iba a decir. -le miró
directamente a los ojos, lo que hizo que éste desviase su mirada. No
sabía si debía saludar, disculparse, ignorarle... Él no respondió
enseguida. Ladeó un par de veces la cabeza y, cuando se hubo
decidido, la saludó.
-Hola, Shilo. -dijo solamente en un
susurro casi inaudible, levantando un poco la mano como en un tímido
gesto de saludo.
-Allen, uhm... hacía tiempo que no nos
veíamos.
-Desde que dejaste de venir a verme al
hospital. -notó una punzada en el corazón al oírle decir eso. No
había cambiado nada.
-Eh, ya. Bueno, es que, me salió algo
y yo... bueno, tuve que dejar la ciudad un tiempo. Debí haberte
llamado al menos, lo siento.
-Está bien. ¿Necesitas ayuda? ¿vas a
alguna parte?
-Oh, creo que estoy bien. Iba a casa.
Es que he perdido el último autobús y... mira, me he tenido que
venir andando.
-Te acompañaré a casa.
-No hace falta, en serio. Solo he oído
un ruido antes y me he asustado, por eso corría.
-No era una sugerencia.
No respondió. Ya lo sabía, que no era
una sugerencia. Pero nunca se acostumbró a que Allen fuese tan
directo.
Podría haberle prestado su cazadora, o
sus calcetines, o... lo que fuera. Pero no lo hizo. Shilo sabía que,
por sí mismo, no lo haría. Tampoco quería pedírselo.
No hablaron mucho durante el resto del
trayecto. Shilo se sentía extraña.
Le entraron ganas de preguntarle a
Allen qué hacía dando vueltas a altas horas de la noche, pero ya
sabía la respuesta, o no quería saberla. La verdad era que no
quería estropear el momento. Se sentía feliz de volver a verle, de
que le acompañase. Le echaba de menos... ah, como en los viejos
tiempos.
No tardaron demasiado en llegar al
portal. Shilo le dio un beso en la mejilla a Allen y se propuso
despedirse de él cuando éste la cogió de la mano y no la dejó ir.
-Allen, ¿qué pasa? Me gustaría subir
a casa, tengo frío.
-Quiero quedarme. -espetó, sin más.
-¿Qué?
-Contigo, es decir, en tu casa.-sacudió
la cabeza, un gesto que Shilo nunca le había visto hacer.-Quiero
quedarme en tu casa. Estoy lejos de la mía, creo que me he perdido.
Te lo digo en serio. Yo también tengo frío. ¿Por favor? Sólo por
esta noche.
-Hum. Claro, bueno, vale. Pero no hace
falta que te pongas así. Pídemelo y ya está.
-Vale, lo siento.
¿Pedir algo? ¿Allen? Había algo que
no encajaba bien y no estaba segura de querer averiguar qué era.
Entraron al portal en silencio, con
Allen aún cogiéndola de la mano fuertemente, como si ella fuese a
soltarse y a abandonarle para siempre. Delante del ascensor se formó
un largo silencio mientras esperaban. A Shilo no le incomodó, no era
el típico silencio incómodo, era un silencio acogedor. Ella siempre
había disfrutado del silencio y el modo que tenía Allen de
provocarlo era encantador. No le hubiera importado continuar en
silencio hasta que el ascensor llegase a su piso. No, si, de manera
totalmente inesperada, Allen no lo hubiera roto.
-Te echo de menos.
-¿Qué? Pero si no te acordabas de mí.
-Eso no es cierto. Aparecías en mis
sueños y mis pesadillas, en mis alucinaciones... aparecías por
todas partes y cada vez que te veía me sentía vacío y sentía que
te echaba de menos.
-Yo...
-Llegué a odiarte. Me provocaba tanto
dolor echar de menos a alguien que no lograba recordar...
-Allen, ¿por qué me cuentas eso
ahora?
Pero Allen no respondió. Se quedó
mirándola de frente, completamente quieto. Sus ojos analizaban cada
parte de su rostro en rápidos movimientos.
Lentamente, sin que Allen se diese
cuenta, Shilo deslizó una de sus manos por el rostro del muchacho,
acariciando suavemente su mejilla, casi hipnotizada.
De pronto, lo besó.
Shilo sintió un escalofrío recorrer
su espalda. Inconscientemente posó sus manos sobre la cintura de
Allen y se agarró fuertemente a su cazadora mientras el beso duró.
Cuando se dio cuenta, abrió los ojos de golpe (que no recordaba
haber cerrado) y empujó a Allen hacia atrás.
-¡Un momento! ¡Yo no debería...!
-gritó en voz baja, exasperada. Allen seguía sin responderle. Shilo
se sentía realmente confusa. Le había gustado, claro que le había
gustado... pero no sabía si quería seguir. Allen ya no era Allen.
Pero él no la dejó ir tan fácilmente
y, algunos segundos antes de llegar al sexto, pasó un brazo por sus
hombros y otro por su cintura y la atrajo hacia él, besándola de
nuevo, esta vez más brusca y profundamente. Se inclinó tanto hacia
ella que tuvo que dar un par de pasos hacia adelante, golpeándola
contra la pared del ascensor y, cogiéndola de las muñecas para no
dejarla hacer nada, siguió besándola.
Recorrió los suaves labios de Shilo
con los suyos, saboreándolos a veces con su lengua, enamorándose de
su pintalabios con sabor a cerezas.
Disfrutó tanto como pudo de aquellos
segundos que le parecieron una eternidad hasta que el ascensor llegó
a su destino, deteniéndose con un golpe seco.
Allen también se detuvo, aunque lenta
y suavemente. No quería separar sus labios de los de Shilo. Le
gustaban demasiado. Curiosamente, no se sentía extraño. Se sentía
cómodo, cálido. Quería seguir, y sabía que Shilo también.
Las viejas puertas de metal se abrieron
con dificultad dando paso al pequeño rellano que alojaba la puerta
del piso de Shilo. Ambos se calmaron un poco mientras salían del
cubículo, aunque Shilo no lograba encontrar las llaves en su bolso,
cosa que agravó más su creciente ansiedad. El hecho de que Allen no
dejase de mirarla también conseguía ponerla más nerviosa todavía,
pero ella no dejaría que lo viera. No, ella quería parecer
tranquila, estoica. Lo cierto era que por dentro se sentía como un
flan, y Allen lo sabía. Se había derretido con cada beso que él le
había dado, esa sensación de que todo desaparecía a su alrededor y
solo estaban ellos, la nada y sus labios, las manos de Allen
acariciando suavemente su cuello y su cintura.
Recordó todos aquellos momentos que
habían tenido juntos mientras trataba de encajar la llave en la
cerradura. De todos los chicos con los que había estado, Allen había
sido siempre su favorito. La delicadeza y la dulzura con la que la
trataba le provocaba escalofríos y sensaciones que ningún otro
lograría jamás.
El chasquido de la puerta al abrirse la
despertó de sus recuerdos. Allen seguía tras ella, observándola de
cerca, esperando algún movimiento.
Entraron despacio en casa y, mientras
que Shilo comenzó a dejar sus cosas y a ponerse cómoda, Allen
simplemente se quedó en la entrada, junto a la puerta, completamente
quieto.
Aunque Shilo no estaba segura de querer
que se moviera, en realidad.
Mientras dejaba su chaqueta en el
dormitorio una fugaz imagen atravesó su ser y sus sentidos al
observar su cama, aún deshecha. Un subidón de dopamina, le ardían
las tripas y él seguía penetrándola con la mirada, helando su
conciencia, y para cuando se quiso dar cuenta, lo estaba besando otra
vez.
No tuvo tiempo (ni quiso) pensar en
otra cosa que en los labios de su chico tratando de saborearla. Ella
no le dejaría, ni un momento. Ella sería la que le saborease a él,
como siempre había sido, lo que más le divertía. Una ilusión
ciega de control y conciencia, cuando él creía que la tenía y que
la tendría siempre que quisiera, que la mataría una y otra vez y la
vería volver a nacer, una y otra y otra vez. Por supuesto, era
justamente al contrario.
Le encantaban sus cortos gemidos
deseando no ser oídos cuando lamía su oído y su cuello con
delicadeza y cómo la apretaba contra su pecho en un espasmo de
placer al sentir sus dientes clavados contra su cuello. Sus ojos
mirándola con miedo y vergüenza al estampar su espalda contra la
pared del dormitorio ahora parecían más vivos que nunca.
Era curioso, cuanto menos, cómo él la
había seducido y llevado a la perdición tantas veces y cómo ella
siempre acababa por tomar el mando. Pero es que le encantaba, no
podía evitarlo. Era algo que no podía hacer con nadie más, sólo
con él, dejarse llevar de esta manera, frustrarle hasta el punto de
que incluso se negase a continuar, a sabiendas de que había caído
en la trampa una vez más y sintiéndose el capullo más subnormal
del planeta.
Pero ella seguía comiéndole el cuello
y la oreja y palpando su raquítica cinturita mientras le quitaba la
poca ropa que le quedaba puesta. Cuándo había perdido su pantalón,
lo desconocía.
Cada pequeño mordisco travieso era una
leve descarga que recorría su espinazo y se instalaba en su pecho y
su cabeza, estallando en algún disimulado ruidito que no lograba
contener mientras trataba de prestar atención y a la vez ignorar las
perfectas manos de Shilo recorriendo su cuerpo, y él no podía hacer
nada más que esconderse, aunque sin éxito.
Una punzada de pánico le atravesó el
pecho cuando abrió los ojos para encontrársela bajando despacio por
su torso, lamiendo cada rincón y dándole besitos cortos y fugaces
que disparaban otra pequeña descarga, distrayéndole y alejándole
cada vez más de lo poco que le quedaba de voluntad.
Cuando ella por fin llegó exactamente
a donde quería, Allen se sintió atrapado. Incapaz de reaccionar o
moverse. Un pequeño lametón inocente le hizo estremecerse e
imaginarse lo que tanto deseaba en ese momento y que tanto le costaba
admitir.
Miró hacia abajo una última vez para
intentar detener a Shilo, pero no quería. Ella le miró directamente
a los ojos con una sonrisa maliciosa mientras deslizaba su lengua
húmeda y caliente a lo largo de su miembro casi provocándole una
convulsión. Sin darse cuenta deja escapar un gemido largo y luego
suspira, echando la cabeza hacia atrás, como si aquella sensación
hubiese robado su aliento. Ella se ríe, divertida. Intenta
esconderse, muerto de vergüenza, se lleva sus manos al cuello y
trata de encogerse en una pequeña burbuja que le permita alejarse de
todo aquello y calmar su ansiedad. Pero ella no le deja, y sigue
lamiéndole, de arriba a abajo, de abajo a arriba, suave y despacio,
encendiendo aún más su creciente deseo por estar dentro de su boca
y sentir el calor y la humedad y su lengua bailando al tiempo que se
mueve rítmicamente, hacia adentro, hacia afuera, acariciando el
resto de su sexo y él se lleva una de sus manos a la boca y la
muerde con fuerza, tratando de ahogar sus gemidos, pero a Shilo no le
hace falta oírle para saber cuánto le gusta y en cambio se divierte
torturándole un rato, acariciando su cuerpo que se retuerce y grita
silenciosamente en una dulce agonía fruto de la saliva, la dopamina
y sus labios frotándose contra lo que ahora más desea.
Entre gemidos y espasmos Allen trata de
pronunciar su nombre sin que una sola palabra consiga salir de su
boca. Nunca ha entendido esa urgencia por nombrarla. ¿Qué hay en su
nombre que le guste tanto pronunciar cuando está a punto de llegar?
¿qué tiene hacerlo que le hace arder el pecho y le pone todavía
más de lo que ella ya lo hace? Quiere hacerlo, debe hacerlo. Shilo,
Shilo, Shilo, resuena sin parar en su cabeza, por toda la habitación,
lo oye, como si lo estuviera pronunciando. Oh, Shilo. Ahora está más
preocupado por su incapacidad para decir lo que desea que por la
chica que se lo está trabajando ahí abajo y se hace notar. Para
ella no pasa desapercibido y, viendo otra oportunidad para divertirse
más si cabe, detiene su danza lentamente y le quita la mano de la
boca, sosteniendo con fuerza su muñeca para que no vuelva a
llevársela. Sin que él tenga tiempo de reaccionar, coge también la
otra mano y, con una sola, sostiene ambos brazos de la muñeca. Le
mira, inquisitiva, y él no le devuelve la mirada. Es incapaz de
mirarla. Pero ella no se da por vencida y le reta.
“¿Quieres más?”, dice. Pero él
no responde, y repite la pregunta. Tampoco responde. “Si quieres
más tendrás que decírmelo. “, y él parece contestar con un
pequeño gruñido de desaprobación. Vuelve a lamerle como al
principio, de abajo a arriba y se detiene con un pequeño mordisco en
la puntita. “¿Sigo?” insiste dulcemente. Allen sigue
respondiendo sin hablar, pero ella quiere que hable. Quiere saber lo
que tiene que decir, tiene curiosidad y piensa saciarla.
“Eso no me vale, tienes que
responderme con palabras. Vamos.”
“Ya sabes lo que voy a decirte...”,
consigue articular.
“Pero quiero que me lo digas.”, y
ella se muerde los labios mientras mira la cintura de Allen con
traviesas intenciones. “Vamos, ¿sigo?”
“S-sí...” responde finalmente,
deseando que se lo trague la tierra... o la garganta de Shilo.
Se levanta del suelo y se estira un
poco, coge a Allen de la cintura y lo empuja contra la cama,
haciéndole perder el equilibrio y caer sobre ella. Él retrocede, no
muy seguro de lo que pasará, y ella le guía hasta tumbarle y
ponerse cómoda.
Y ella continúa con su danza,
moviéndose como sólo ella sabe hacerlo, pero se detiene de vez en
cuando obligándole a pedir que siga, y él suplica como puede
mientras, sin darse cuenta, repite su nombre en voz alta, creyendo
que lo pronuncia en sueños. Entrelaza sus dedos con el pelo de
Shilo, masajeándolo y tirando de él cuando un escalofrío recorre
su espalda y parece que todo desaparece y su cuerpo se derrite en el
calor de sus labios con sabor a cerezas.
Cuando por fin ella se detiene, Allen
no puede dejar de mirarla. Sigue sintiéndose incómodo, pero sólo
puede pensar en lo mucho que le gustaría estar dentro de ella.
Parece que Shilo le lee la mente, porque ella también lo desea.
Se incorpora sobre él y se echa el
pelo hacia atrás. Desabrocha su vestido con cuidado y éste cae
delicadamente descubriendo sus pechos y su piel. Mientras ella sigue
quitándose la poca ropa que le queda, Allen parece hipnotizado.
Acaricia su cuello y baja por los hombros, se detiene en los pechos y
los masajea con cuidado, como si tuviese miedo de romperlos. Sigue
bajando por la cintura y no se atreve a ir más allá.
Mira a Shilo con dulzura. Ella le guía
y, mientras vuelve a devorar los labios, la lengua y la garganta de
su amante hasta que se deshace de la vergüenza y coge el ritmo.
Le hubiera gustado que ella gimiera,
que hiciera algún tipo de ruido que la delatase, pero nunca lo
hacía. Siempre suave, Shilo le susurraba al oído. Le frustraba
llegar a ser más... escandaloso que ella, pero no podía evitarlo.
Cerró los ojos mientras la besaba y
trató de imaginarse si le gustaba en realidad lo que le estaba
haciendo. Trató de imaginársela tal y como estaba él hacía un
momento, retorciéndose de placer y gritando su nombre entre gemidos,
deseosa de llegar hasta el final, suplicándole. Quería hacer que
así fuera, lo deseaba tanto... y de pronto, cuando se dio cuenta,
había cogido a Shilo de la cadera, se había acomodado y la había
penetrado. El choque sin embargo no logró sacarle de su
ensimismamiento y siguió haciéndolo, agarrando a Shilo de sus
caderas y su culo con fuerza, haciendo que se moviese arriba y abajo,
entrando y saliendo. Ese dulce momento en el que Allen perdía el
control de sí mismo y se dejaba llevar, sin darse cuenta del sabor
metálico en la boca de Shilo cuando la mordió más fuerte de lo
debido, clavando sus uñas en su piel y tirando firmemente de ella. Y
Shilo trata de aferrarse a él, dejándose llevar y finalmente
gritándole al oído y exigiéndole más fuerza, derramando su calor
y su placer en la cumbre de su éxtasis. Sólo cuando Shilo separó
sus labios de los de su chico y se incorporó un poco, deteniendo la
escena en seco, Allen salió de su mundo onírico, apartando las
manos de ella y tratando de esconderse nuevamente, como si no supiera
lo que acababa de pasar. De nuevo, sin darle ninguna oportunidad de
entender, ella tomó el control y, amarrando los brazos de Allen
contra la cama con sus propias manos, comenzó a moverse por sí
misma, haciendo que él se derritiese en cada embestida y sin darle
tiempo a recomponerse entre una y otra, cada vez más fuerte, cada
vez más rápido. De alguna forma, justo cuando estaba a punto de
llegar, encontró fuerzas para gritar, derribó sus inquietudes y se
alzó sobre Shilo, empujándola sobre las sábanas y, quedando él
encima, siguió penetrándola hasta, finalmente, con un pequeño y
último espasmo, descargar todo el calor de su cuerpo, que se
desvanecía para dar paso al cansancio que le inundaba de abajo a
arriba, cayendo sobre el cuerpo de Shilo sin remedio, demasiado
agotado para sostenerse y falto de sangre para pensar.
Shilo abrazó el cuerpo aún ardiente
de Allen. Con cuidado, se lo quitó de encima y le dejó en la cama,
jadeando todavía, probablemente consciente aunque no muy lúcido.
Se levantó, cogió su bata y se
dirigió a la cocina.
Mientras se abrochaba la bata y buscaba
desesperadamente sus zapatillas de andar por casa, entre saltito y
saltito volvió a girar la vista hacia su habitación, divisando a
Allen a través del resquicio de la puerta. Seguía tal y como se
había quedado al caerse, pero sonriente. La miraba con ternura.
“Ah, Shilo... toda tu puta habitación
apesta a sexo. Creo que podría oler tus bragas mojadas desde el
rellano.”, soltó sin más. Ella se disculpó, temiendo que el
ambiente le desagradase como bien sabía que ese tipo de cosas le
resultaban repugnantes. Pero Allen contestó con una risita, “no,
joder, me encanta. Quiero follarte otra vez”, añadió tras una
pequeña pausa. Shilo se sorprendió, “¿cómo, ahora?”, dijo
entre risas. “Sí, ahora”, respondió él.
“Quiero bailar contigo en un océano
de nada, quiero volver a romperte y a sentirte y a matarte y saborear
el frío del otoño en tus nalgas húmedas y quiero quedarme dentro
de ti para siempre. Ahora.”
Shilo no respondió enseguida. Allen
siempre había sido muy enigmático con toda su prosa y su lírica
barata pero, dentro de lo grotesco e incluso depravado, le había
parecido... bonito. Le gustó.
“¿Eso lo acabas de pensar ahora tú
solito?”, preguntó, divertida.
“Oh, no tengo ni idea, no estoy
pensando ahora mismo.”
“No me digas, Sherlock.”
“¿He dicho algo de tu culo, no?”
“Algo has dicho, sí.”
“Mmm... Bunny-Wiz...”
Se le quedó mirando durante unos
segundos hasta que por fin lo averiguó: Allen se había dormido.
Así, sin más. Menos mal que tenía ganas de follar, pensó mientras
se tumbaba en el sofá con una manta y se disponía a ver cualquier
telebasura que echasen a esas horas.
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