miércoles, 28 de agosto de 2013

No quiero volver a ver un giroide en mi vida

He decidido compartir aquí esta historia, porque necesitaba sacarla de mi cabeza. Es una de las experiencias personales que más me han chocado nunca.

Hace unos días quedé en el centro con unos amigos de internet. Ya nos habíamos visto antes, en varios salones del manga, en varias quedadas.
El último día de quedada, en la estación de tren, comenzamos a hablar del Animal Crossing New Leaf. Mi mejor amigo estuvo comentando cosas de su juego, y yo comenté lo bueno que era el juego. Me preguntaron si me lo compraría, pero respondí que en ese momento no podía, pero que lo había probado gracias a mi mejor amigo, que me lo había dejado. Él dijo que había borrado mi casa porque necesitaba poner la tienda de campaña para los vecinos nuevos.
Pero mintió.

Unas semanas antes de que todos mis amigos viniesen, yo me puse enferma. Nada muy serio, dolores de cabeza y un poquito de fiebre. Como mi primo y mi mejor amigo llevaban días queriendo ir a la piscina, les dije que fuesen sin mí, que ya iríamos.
Por la tarde mi primo volvió a casa y me trajo una buena sorpresa: como yo no había podido quedar con ellos, mi mejor amigo me había dejado la 3DS con el AC:NL por un par de días hasta que me pusiese mejor, y así ellos podían ir a la piscina y no dejarme aburrida. Qué decir tiene que la encendí enseguida y comprobé que mi personaje seguía ahí.

Había pagado la primera parte de mi casa y ya no era una tienda de campaña.
Nuevamente mi primo se fue a la piscina y yo me pasé el día jugando al AC:NL, recogiendo bichos, frutas, hablando con los vecinos, bajándome ropa de internet...
Había leído en algún sitio una especie de leyenda en la que, si te quedas hasta muy tarde en el AC, aparecía un fantasma y te daba regalos. Dudaba de que fuese cierta pero, como no tenía sueño y mi amigo había puesto la ordenanza para el pueblo nocturno,  me quedé a comprobarlo. Ahí empezó mi error.

Eran como la una de la mañana y el fantasma no aparecía. Estaba un poco aburrida, así que me puse a buscar códigos de pueblos por internet para visitarlos a través de la casa de los sueños. Encontré uno que me llamó la atención especialmente: X0X7-1992-6XX7. 1992 es el año en que nací, así que como me hizo gracia decidí visitarlo.
Ni siquiera me había parado a leer el comentario en el que habían puesto el número, me dirigí a la casa de los sueños y cuando Alakama me preguntó por un código, lo puse sin más.

Todo parecía normal, Alakama comenzó a contar ovejitas y el juego empezaba a descargarse el pueblo. Sin embargo, cuando parecía que lo había descargado del todo, un diálogo me dijo que había habido un fallo de conexión y me dio un código de error de Nintendo. Pero aun así, continuó con el sueño y mi personaje entró al pueblo.
Todos los que hayáis jugado sabéis que, cuando entráis en un sueño, aparecéis en una cama junto con Alakama y su giroide... bien, la cama y el giroide estaban, pero Alakama no. Además, el giroide no se movía, estaba simlemente quieto mirando al frente con su expresión vacía, parecía una estatua. Me acerqué a él e intenté hablarle, pero no podía. Aquello ya me estaba dando escalofríos. Me tranquilicé pensando que era algún tipo de bug debido al fallo de conexión y apagué la consola, no quería dañar el cartucho.
Volví a encenderla y no parecía que le hubiese pasado nada. La secretaria soltó su discurso de bienvenida habitual y yo seleccioné mi personaje... que seguía con el pijama puesto y en el pueblo que había visitado. No estaba tan segura de si era un bug, puesto que era muy raro, y aunque no quería seguir jugando a esas alturas, mi curiosidad me llevó adelante y seguí explorando.

El pueblo estaba muy mal cuidado, diría que abandonado. Los árboles estaban muertos o cortados, las malas hierbas lo plagaban todo y había trampas y agujeros por todas partes. Pensé que a lo mejor era un pueblo "de exposición", como el de un japonés que mi amigo y yo visitamos un día. Decidí seguir explorando y busqué la casa de algun vecino en el mapa... pero no había. Sólo había dos casas de jugador.
De camino a la más cercana, encontré un vecino, Tristán, caminando cabizbajo y con humo sobre su cabeza, como si estuviese triste. Traté de hablarle, pero todo lo que me respondió fue "...". Lo dejé estar y me dirigí a la casa.
Era una casa pequeña, como la mía, la primera que te dan. Tenía un buen aspecto, la típica casita blanca con vallas blancas y el tejado rojo. Me armé de valor y entré, deseando que no le pasase nada al juego.
El único piso que había estaba completamente a oscuras. Sabía que se podían apagar las luces en el juego, pero no recordaba que se quedase de esa foma. Apenas podía ver a mi personaje por cómo le brillaba el pelo. Cada vez que daba un paso, sonaba un pitido acuciante que disminuía o aumentaba su tono según caminases. Ya había visto ese objeto antes y me ponía realmente nerviosa. Me tomé un momento para pensar si debía seguir ahí o era mejor apagar la consola y borrar el personaje... sólo es un juego, pensé, no va a pasar nada malo. Probablemente solo sea uno de esos pueblos fantasma que haya hecho algún japonés.
Traté de ignorar el silbido y me dirigí al único objeto que pude vislumbrar entre tanta oscuridad, que resultó ser una lámpara. Ahogué como pude un grito que casi se me escapa al ver el contenido de la habitación.
No había un solo mueble salvo por la lámpara y el objeto que pitaba, pero sobre el suelo habían varios diseños muy extraños.
El suelo entero parecía un cuadro. Era como una foto de muchos vecinos, todos con las caras tristes y humo sobre sus cabezas. En el centro de la habitación, había un diseño circular con la cara de un giroide. Cuando lo miré por un par de segundos no daba tanto miedo, pero la cara del giroide era estremecedora.
De pronto, un cuadro de diálogo apareció: "¡Hola, soy yo, Cocoloco! ¿Está abierto, verdad?"...
No tenía ni idea de que los vecinos podían visitarte mientras estabas en una casa ajena de un sueño.

Coco entró en la habitación y se quedó en medio, mirando hacia los lados y caminando erráticamente, como todos los vecinos que visitan tu casa. De repente, un signo de exclamación surgió sobre su cabeza y corrió hacia mí, queriendo decirme algo. Hablé con ella... "... deberías irte de aquí...". Y no dijo nada más. Hablé con ella un par de veces más, pero la frase no cambiaba.
Salí de la casa sin que ella me dijese que debía irse, ni siquiera me habló.
Porque seguía en la puerta.

 Coco comenzó a seguirme por todo el pueblo. Cada vez que me paraba, un signo de exclamación salía sobre su cabeza y me repetía las mismas palabras una y otra vez. Al final, muy nerviosa, cerré la DS sin apagarla y me puse a buscar en internet información sobre cómo salir de un pueblo "bugeado" en un sueño.

El código del pueblo apareció otra vez, en el mismo comentario del foro en que lo había encontrado. Por lo visto ese pueblo era "especial", pensé que tal vez su dueño era un hacker, un seeder o simplemente tenía el cartucho y el sueño dañados... ojalá hubiese sido así.
En el comentario, el autor pedía por favor que nadie visitase ese pueblo jamás. Comentó que había tenido una experiencia terrible y que una vez dentro, sólo había una forma de salir sin borrar ni dañar tu personaje. No ponía cómo. Era su único mensaje en el foro.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Vamos a buscar esa forma de salir, me dije, y abrí la consola.
Coco ya no estaba ahí. Ahora era una niña, vestida con un vestido blanco. Caminé un poco para comprobar si me seguía y, efectivamente, lo hacía.
 Me consolé pensando de nuevo que sólo era un juego y nada podía pasarme en la vida real, aunque he de confesar que estaba muerta de miedo. Aun así, me decidí a hablar con ella, para ver si repetía la misma frase que Coco... pero no era así. No decía frase ninguna, en su diálogo sólo aparecían carácteres extraños y "rotos", entremezclados unos con otros, pero siempre con puntos suspensivos al empezar y terminar la frase.
Mientras intentaba ignorar a la niña, busqué otra casa para seguir explorando y encontrar esa extraña forma de salir del pueblo, ya que la cama no respondía.

He de confesar que en esta parte me faltó poco para hacérmelo encima.
La segunda casa de jugador que encontré era un poco más grande que la primera. Justo antes de que mi personaje abriese la puerta, la niña me abrió un cuadro de diálogo, pero de nuevo, sólo habían signos y carácteres extraños.
Cuando mi personaje entró por la puerta, no podía creer lo que había.
Un auténtico ejército de giroides ocupaba buena parte de la habitación. Estaban todos quietos, ninguno se movía en absoluto. Mi personaje no respondia. A esas alturas, ya sólo podía alcanzar a mirar, ni siquiera tenía ganas de apretar ningún botón, aunque no hizo falta.
La cámara se giró completamente sola hacia un lado para mostrarme tres vecinos, entre los que estaban Coco y Tristán, con sus expresiones tristes. Volvió a girarse hacia el otro lado para mostrarme otros tres vecinos más y por último, tras todos los giroides, estaban los vecinos que faltaban... y lo que parecían ser muñecos de jugador sin cara, sólo con tres agujeros, justo como los giroides. En este punto ya tan solo quería apagar la consola, encenderla y ver que todo estaba bien y había sido un mal sueño, pero algo me impidió hacerlo.
De pronto, todos los giroides comenzaron a moverse al mismo tiempo, creando una sinfonía de sonidos extraños y aterradores. Juraría que podía oír sollozos y lloriqueos de fondo, y a los vecinos les caían gotitas de la cara, como cuando están apurados, pero de forma mucho más seguida y rápida. Al final, la pantalla comenzó a hacer cosas extrañas, se distorsionó la música y no dudé un segundo en quitar el volumen. La imagen también comenzó a distorsionarse. Ya no sabía cómo reaccionar, todo aquello era perturbante.
Cuando los giroides terminaron de cantar, la niña me habló y el cuadro de diálogo se llenó de cosas extrañas, de letras rotas y signos, avanzando automáticamente a toda velocidad. Finalmente la pantalla se quedó en negro y asumí que el juego se había colgado. Cuando fui a reiniciar la consola, el juego volvió en si y mi personaje apareció al lado de la cama por la que entras al sueño. El giroide de al lado, aunque no se movía, sí se giraba para mirar a mi personaje. Hablé con él y el cuadro de diálogo estaba vacío, pero mi personaje se tumbó en la cama automáticamente y salió del sueño.

Volví a la casa de los sueños y mi personaje volvía a tener su ropa. Alakama no me dijo absolutamente nada cuando salí del sueño ni del edificio.

Al llegar a mi pueblo, todo parecía normal. Lo inspeccioné todo, esperando que no hubiera ningún tipo de bug, seed o simplemente algo extraño que hubiera podido "colarse" desde el sueño. A esas alturas ya no sabía ni qué pensar, sólo quería que el juego de mi amigo no hubiese sufrido daños.
Me despejé un poco y decidí atrapar algunos escarabajos y pescar un poco más antes de salir del todo, para tratar de olvidarme de aquel horrible pueblo.
Mi última parada fue mi casa.

Dentro de la casa había un giroide. Yo no había puesto nunca ningún giroide ahí. No era muy fan de ellos y, además, todavía no había conseguido ninguno en lo que llevaba de juego.
Como las tiendas ya estaban cerradas y no iba a poder venderlo, lo cogí y lo enterré en una esquina apartada del mapa. Apagué el juego y traté de dormir.

Al día siguiente mi primo y mi mejor amigo vinieron a pasar la tarde conmigo, en lugar de ir a la piscina.
Les conté todo lo que me había pasado la noche anterior y se lo tomaron un poco a broma. Mi amigo cogió su DS y encendió el juego y escogió su personaje. Yo no había jugado en toda la mañana y ni me acordaba del giroide enterrado que había en una esquina hasta que entró. Se lo comenté y fue a la esquina, pero no había nada allí. Revisamos el resto por si me había equivocado de lugar, pero nada.
Finalmente, después de un rato jugando, mi amigo pegó un salto.
Fuimos enseguida a ver qué pasaba... el giroide estaba en la puerta de su casa, junto con mi personaje, cuya cara eran ahora tres agujeros. Todos sus vecinos estaban tristes y en las tiendas ningún personaje le respondía.

Buscamos por internet, pero no encontramos absolutamente nada. La gente sólo pedía que nadie entrase en ese pueblo y nadie explicaba nada.

Al final, mi amigo borró mi personaje y con ello mi casa. Unos días después, me comentó que no había ni rastro del giroide ni de mi personaje y que los vecinos actuaban con normalidad.

No volvimos a hablar de esto con nadie más. Espero que nunca decidáis visitar ese código. Por favor, no lo hagáis aunque lo encontréis... no sabéis qué consecuencias p╗ue[`^dé t|░¬N|13e½ø×r.→▒

viernes, 23 de agosto de 2013

omg

En un par de días o tres ya seré libre y podré seguir subiendo cositas y escribiendo <3

ESPERADME HASTA ENTONCES

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sábado, 17 de agosto de 2013

El pescado.

El puto pescado.

Voy a tomarme unos minutos de mi preciado tiempo en comentar las (des)ventajas del pescado.

A ver. A la gente le gusta el pescado, me parece correcto. ¿Pero qué parte del pescado os gusta exactamente a la hora de comerlo?
Porque a ver, a mí me gusta rebozarlo y en rodajas, o en "cuadraditos", o en sashimi. O en palitos congelados de Pescanova con forma de estrella mutante. En realidad esos me encantan.

Pero, ¿y el pescado que se sirve entero? ¿EH? Osea, ¿os coméis una cosa así...


... y luego os quejáis de que los asiáticos comen pescado crudo? 

Quiero decir, a ver. Os peleáis para abrir correctamente un pescado infestado de agujas cartilaginosas que podrían desgarraros el esófago y cuya carne blancuzca y enfermiza tiene la textura de un chicle rancio. POR NO MENCIONAR QUE HAY QUIENES SE COMEN LA CABEZA. LA PUTA CABEZA. 
¿Y qué demonios es eso marrón negruzco que hay a veces pegado a la molla? 
Y UNA VEZ ME COMÍ UNA COSA AMARILLA QUE SABÍA COMO 1000 LIMONES BAÑADOS EN MENTOS. QUÉ ASCO. Se me metió la cara para adentro de lo ácido que era... y no comí nada más en el resto del día.
Luego me dijeron que eso era la bilis y entonces implosioné.

¿QUÉ PROBLEMA HAY EN COMERSE UN FILETE O UNAS CHULETAS? ¡A lo peor te trae un hueso o un par de nervios, NO UNA ESPINA DEL TAMAÑO DE LA TORRE EIFFEL!

Y ya está, ya no tengo nada más que decir de este inmundo plato salvo que ojalá algún día sea reconocido como el suicidio gastronómico que es.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Allen Bane - Capítulo 2

Mientras observaba las fugaces luces del túnel del metro, no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Demasiadas cosas sólo en una tarde. La visita a las oficinas, el Coleccionista, Allen, el libro de Valerie... aún lo tenía en la bolsa. No se acordaba de haberlo metido ahí. Aún no había empezado a leerlo, no se atrevía.
Lo sacó un poco para mirar la portada una vez más. “Aurora”, de Friedrich Nietzsche. A Valerie le gustaba el filósofo. Por alguna razón pensó que a Hershel podría gustarle también.
Pero él no creía que fuese así. Ya había leído algo de él, y no le había llamado demasiado la atención.
Instintivamente, sacó el expediente de Allen de la bolsa, que descansaba tras el libro de Val. Allen Bane. El chico psicótico al que Dave quería entrevistar. Pero, ¿por qué?
Dave no pedía las cosas a la ligera. Las pensaba, y mucho.
Además, se lo había pedido a él, a su hermano.

Había algo raro, pensaba Hershel. Dave había dado con algo que no quería revelar al resto de su equipo, por eso se lo confiaba a él.

Se recostó en su asiento, suspirando profundamente. ¿Debería hacerlo? Claro que debería, pensó. Dave se lo había pedido, en secreto, sólo a él.
De pronto, Hershel notó un subidón. Su hermano, Dave, al que tanto admiraba y al que aspiraba a superar, le había encomendado algo de suma importancia, algo que él consideraba vital para el caso. Algo que había averiguado, y quería estudiarlo junto a Hershel, porque confiaba en él.

El tren se detuvo lentamente, abriendo sus puertas y dejando que unas personas salieran y otras entrasen. Aunque a esas horas salían más personas de las que entraban.
Hershel miró la parada. Se había pasado.
Suspiró para sí mientras agarraba su bolsa y salía del vagón. Ya cogería un taxi. O algo.


Dejó la bolsa encima de la encimera y tiró las llaves al sofá, sin mucha puntería. Cerró la puerta con desgana y se dispuso a prepararse un té.
No tenía ganas de pensar en el día de hoy. Se sentía decepcionado, malhumorado. Pensó que participar en un caso le haría más ilusión, que sería emocionante y le ayudaría a aprender... Ni siquiera se planteó que tendría que vérselas con un asesino de niñas tan sádico.
Ni tampoco con...

No. No quería pensar en eso, ni en él en particular. Ya lo pensaría mañana. Quería tomarse la noche libre, toda para él.
Se acomodó en el sofá con su té de frambuesa y un platito de galletas y enchufó el disco extraíble, preparado para continuar con su maratón semanal de Buffy Cazavampiros.



~



Miró a través del cristal de su celda y apoyó los dedos en los pequeños agujeritos de ventilación, apretándolos nerviosamente. Llamó al guarda como unas quince veces sin que éste respondiera. Trató de ser paciente, debía pasar por su celda... por lo menos. Pero en el fondo sabía que eso no sucedería.

-¡¡ETHAN!! -Volvió a gritar, pero de nuevo, sin resultado alguno.

A pesar de todo no se dio por vencido y, durante al menos dos minutos, gritó sin cesar, cada vez más fuerte, hasta que el susodicho Ethan hizo su aparición, ataviado con un conjunto blanco, un cinturón de cuero del que colgaban un táser, un par de esposas y un manojo de llaves y sus aires de superioridad característicos.

-¿Qué coño quieres, Allen?

Para delicia de Allen, el guarda parecía realmente cabreado. Sabía que él no le gustaba, y eso lo hacía aún mejor. Su cara de amargura logró esbozar una sonrisa en la cara del preso.

-Es mi noche libre. -respondió en un tono infantil mientras se balanceaba, aún agarrado a los agujeritos de ventilación.
-Ya, ¿y qué?
-Quiero mi noche libre.
-Sí, ya. Ya te he oído.

Un silencio. La sonrisa de Allen se desvaneció para dar paso a una expresión fría, casi de odio.
Frunció el ceño. Ethan sonrió con desdén.

-No seas cabrón, me merezco esto. -espetó de mala gana.
-¿Por qué, exactamente?
-¿Por portarme bien? -respondió con ojos inocentes.
-¡Já! ¿lo dices en serio? ¿por portarte bien? -Ethan apoyó su brazo en el cristal. Cruzó sus piernas y alzó la mirada. A veces parecía que iba a explotar dentro de esa ropa tan ajustada- Estabas gritando como un loco hace un momento.
-Porque no me hacías caso.
-Ah, lo siento, estoy un poco duro de oído últimamente. -respondió mientras se rascaba la oreja sin perder la sonrisa.
Allen contuvo su rabia. Sin ese cristal reforzado, Ethan ya se estaría desangrando en el suelo, agarrando su grasiento pescuezo en un infructuoso intento de detener la hemorragia. Puto cristal, pensó.
No quería resignarse a Ethan. Necesitaba esa noche libre o se le iría la cabeza, pero tampoco quería suplicarle. Era lo que el gordo quería, que le suplicase. Se sentía superior detrás de ese cristal. Pero Allen sabía que cuando estaba fuera, Ethan no se atrevía ni a acercarse.
Se sentó en la cama y suspiró con resignación.
-Me he portado bien estas dos semanas. He ido a todas las sesiones.

Ethan trató de contener la risa. Allen era como un niño enfurruñado porque se le ha negado el juguete que ha pedido. Suspiró y desabrochó las esposas de su cinturón.

-¿Qué quieres hacer? -Los ojos azules del chico le miraron con un brillo de ilusión. Bajó la vista al suelo y pensó por un momento.
-Quiero salir al patio. Quiero dibujar algo en el patio. -El guarda arrugó la nariz y dudó un instante.
-Dibujas todos los días aquí, ¿por qué ibas a querer dibujar fuera?
El chico no respondió. Hubo un corto pero incómodo silencio. Allen miraba a Ethan con impaciencia, pero éste no estaba muy convencido de si debía dejarle salir.
-¿Estás seguro de que sólo quieres hacer eso?

Siguió sin responder. Simplemente cogió sus cosas, dejó que Ethan le esposara por la ventanilla y le siguió hacia el patio.

~

Se despertó de un sobresalto, juraría que el ruido del teléfono le había apuñalado los oídos.
Trató de incorporarse despacio, por alguna razón la llamada le parecía realmente estridente. Se mantuvo inmóvil durante un momento, asimilando la situación. Cada vez tenía más claro que le dolía la cabeza.
Dado que el teléfono no paraba de sonar, se decidió a cogerlo y lo descolgó de muy mala gana, tropezando de alguna extraña forma en el sofá y cayéndose de boca. Sus extraordinarios reflejos de recién levantado ayudaron a que el teléfono no saliese volando.

-¿Diga? -preguntó con una voz congestionada y áspera, casi parecía que tuviera resaca. No contestaron enseguida, pero Hershel ya se imaginaba que sería su hermano.
-¿Hershel? -respondió una asombrosamente espabilada voz al otro lado.
-Ehm... Hershel... sí, ¡sí! Soy yo, soy Hershel. -estaba un poco mareado, no estaba ni muy seguro de cómo se llamaba. Estaba claramente desconcertado acerca de sí mismo y de todo lo que le rodeaba en ese momento.
-¿Te acabas de levantar? -preguntaron con una risita socarrona.
-Pues... obviamente, eso ya lo sabes.
Se levantó con cuidado y se llevó su taza de té y el platito de galletas a la cocina, tratando de que no se le cayera nada por el camino.
-Bueno, dentro de un par de horas hay una reunión sobre el caso, deberías venir, hay novedades.
-Vale, sí, allí estaré.
-Te espero entonces, y ponte guapo.
-Yo siempre voy guapo.
-Ya, claro. ¡Nos vemos!

Hershel arrugó la nariz. Pensó en lo de ponerse guapo por un segundo y después lo olvidó por completo.

Salió de la ducha mucho más despejado, aunque el dolor de cabeza no había remitido. Se quedó frente al espejo, observándose. Tenía la mente en blanco, no estaba pensando en nada, sólo miraba. Y por alguna razón, tenía ganas de pasarse el día entero así, sin siquiera moverse. Cuando se dio cuenta de la mala costumbre que tenía de distraerse continuamente, dejó escapar un suspiro y apartó la mirada del espejo.
Trató de darse la vuelta pero pisó su toalla, perdió el equilibrio y estrelló su brazo contra el cristal para después caer al suelo.
Se incorporó despacio, evitando clavarse algún trozo de espejo que hubiera caído al suelo y recuperó su compostura. No parecía que se hubiera hecho nada grave en el brazo, sólo se había clavado algunos pequeños cristales, aunque el baño parecía una auténtica escena del crimen, pues había cristales y sangre por todas partes.
Maldiciendo para sí, se limpió las heridas del brazo, se puso un par de tiritas y corrió a recoger sus cosas para no arriesgarse a perder el tren.

Hershel no lo tenía muy claro ese día. Su noche libre no le había sentado demasiado bien y sus preciosos y brillantes ojos verdes ahora eran más bien tristes, cansados y enrojecidos.

-Creo que te pasaste viendo Daffy ayer, ¿eh, Hershel? -Saludó Dave con una fuerte palmada en el hombro que hizo que Hershel se tambalease un poco. Había llegado casi al mismo tiempo que él, aunque Dave estaba mucho más fresco.
-Buffy, Dave, es Buffy. -respondió Hershel en un tono cortante que hizo que Dave perdiese la sonrisa de su cara. Estaba claro que Shel no tenía ganas de hablar.
-Bueno, ¿te has mirado el expediente del caso?
-No, la verdad es que no. Ayer yo... no tenía ganas. Estaba enfadado, lo siento.
-No, no, lo comprendo. Tendrás tiempo después de la reunión, ahora vamos para arriba.

Dave le dedicó un saludo a la recepcionista antes de subir al ascensor, aunque ésta estaba más pendiente de Hershel, algo decepcionada porque éste ni la había mirado.

Ninguno de los dos dijo nada en lo que duró el trayecto del ascensor, pero Hershel tenía ganas de hacerlo, aunque era incapaz de rendirse a su hermano. Había leído el expediente, claro que lo había hecho. Se había pasado toda la noche estudiando el maldito caso aun cuando había decidido que no lo haría, qué idiota, pensó para sí.
Analizó los detalles del caso mientras caminaba hacia la sala de reuniones. Tenía claras la mayoría de las cosas, tal vez había sacado algunas conclusiones aunque no estaba seguro de que fuesen a ser de utilidad.
Se chocó con Dave sin darse cuenta, quien estaba parado frente a la puerta de la sala. Ninguno de los dos dijo nada durante unos incómodos segundos que Dave trató de romper con una alegre sonrisa de oreja a oreja que parecía decir ¡anímate! a lo que Hershel respondió con una mirada que hubiera podido cortar metal. Dándose por vencido, Dave perdió su sonrisa y se limitó a abrirle la puerta a su hermano y a esperar a que éste estuviera dentro para dejar escapar un largo suspiro.

Sin dudarlo ni un segundo, Hershel se dirigió a la silla que estaba más al fondo y se sentó. Dave podría haberle dicho algo de no ser porque sabía que Shel lo asesinaría con la mirada o, peor, se iría de allí. Le indicó que debía dirigirse al otro lado de la sala para exponer el caso con un gesto y se largó tan rápido como pudo.
Hershel, tan cansado como estaba, apenas tenía ganas de prestar atención a nada que tuviera que ver con todo aquello. Estaba harto de visualizar las fotos de las niñas, que le habían perseguido durante toda la noche, y la falta de información acerca del sujeto era realmente frustrante. Se tapó los ojos con la mano y apoyó su cabeza en ella, respirando profundamente. Cuando la exposición comenzó por fin, se rescostó en la silla y echó su despeinado cabello hacia atrás, despeinándolo todavía más.

Dave comenzó a hablar, junto con un director general o una especie de capitán. La verdad es que no lo sabía, y le daba lo mismo.
Otra vez las fotos. Apartó la vista y parpadeó unas cuantas veces, frotándose los ojos, pero pronto volvió a centrar su vista en Dave y en la otra persona que hablaba, pues cada vez que cerraba los ojos, aquellas horribles imágenes traspasaban fugazmente su cabeza. Incapaz de concentrarse, pronto se encontró sumido en una ráfaga de pensamientos desconectados y sin sentido alguno, concentrado en el movimiento de los labios de Dave mientras sus oídos ignoraban cualquier tipo de sonido exterior. Una cancioncilla resonaba en su cabeza, de vez en cuando fijaba su mirada en un punto fijo y volvía a observar los -aparentemente hipnóticos- labios de Dave. Sólo cuando alguien se levantó y disparó las palabras a todo pulmón fue capaz de volver a la realidad. Frunció el ceño y se acomodó en su asiento.
No se había dado cuenta de que, durante toda la charla, Dave le había estado mirando. Dave sabía que su hermano no se encontraba bien pero, aunque quería hablar de ello, no quería forzarle más. Continuó parloteando hasta que él mismo se cansó de la reunión y, con un dramatismo extremo, se sorprendió al mirar su reloj y ver la hora que era. Fingió tener algo realmente urgente que hacer y recogió su chaqueta, saliendo a toda prisa de la sala, no sin antes frotarle el pelo a Hershel en un indicativo de que éste debía seguirle. Como hermanos que eran, Hershel adivinó sus intenciones al momento y le siguió por la oficina.
-¿Mejor así, no? -dijo Dave al entrar en su despacho, tirando la chaqueta sobre un sillón y sentándose en el suyo propio, estirándose un poco.
-Desde luego. -respondió Hershel en un tono serio, aunque podía adivinarse un ápice de alivio, y eso a Dave le reconfortó.
-Bueno, ¿quieres hablar de eso? -señaló el brazo de Hershel con la cabeza. Mientras su hermano buscaba asiento, Dave apartó sus cosas del escritorio y puso los pies encima, reclinándose cómodamente sobre su asiento.
-No es nada, me he caído en el baño esta mañana, he roto el espejo. -suspiró Hershel.
-Por lo menos no te has roto la cabeza.
-Ya...
-Eh, no digas eso, tu cabecita es demasiado valiosa como para romperla.
Hershel bajó la vista en un intento de ocultar sus mejillas ahora enrojecidas. Le gustaba que Dave le dijese esas cosas, le hacían sentir bien, pero le daba mucha vergüenza admitirlo.
-¿Qué tal en la reunión?
-¡Ah, esto...! -le temblaba un poco la voz, Dave le había pillado completamente desprevenido. Le hizo recordar sus horribles años de escuela en los que no prestaría ni pizca de atención a las explicaciones del profesor, que casualmente siempre le preguntaba a él.- Perdona, Dave, no tenía ganas de escuchar a nadie.
Dave, sabiendo que Hershel sí habia estudiado el caso aquella noche -conocía demasiado a su hermano como para no darse cuenta- le perdonó y se dispuso a traerle algo de desayunar.

Cuando volvió con un café, un zumo y un croissant, Hershel se había quedado dormido en el sillón, con el expediente de Allen Bane sobre él.

Dejó el café y el resto de cosas sobre la mesa y cogió el expediente. Arrugó la cara en un gesto de lástima y miró alternativamente la foto de Allen y a su hermano. Suspiró y se sentó tras el escritorio. Ojeó un poco el expediente, buscando los datos de la doctora de Allen, la psiquiatra Rose Smith, también directora del centro.
Dio un sorbo al café, abanicándose la boca con la mano de lo caliente que estaba y levantó el auricular del teléfono, marcando el número y previsualizando las palabras en su cabeza.

-Buenos días, Hospital Psiquiátrico Saint Briggs, ¿en qué puedo ayudarle?
-Buenos días, me gustaría hablar con la doctora Rose Smith, llamo del FBI. -dijo en un tono agrio mientras rebuscaba un papel y un bolígrafo entre los trastos de la mesa.
-¿Podría darme sus datos, por favor?
-Jefe del buró de investigación psicológica Dave Black, oficina de Chicago, número de placa 2001341. Debo de estar apuntado por ahí. -respondió algo nervioso al no encontrar nada sobre lo que poder escribir.
-Ah, Dave Black, sí, está usted en el ordenador. Bien, pues si es tan amable de esperar un momento en lo que aviso a la doctora...
-Por supuesto.
No había cancioncillas rancias destroza-oídos en ese tipo de llamadas, por eso a Dave le encantaban las llamadas burocráticas. Contenidos aburridos, pero rápidas y productivas si se poseían los conocimientos suficientes de ingeniería social.
El recepcionista apenas tardó en traer noticias.
-De acuerdo, la doctora Rose se encuentra en una sesión ahora mismo...
-Qué casualidad. -musitó inconscientemente sin dejar que el recepcionista terminase la frase.
-De todas formas me ha preguntado si es importante.
-Dígale que es sobre uno de sus pacientes, número de expediente 277.
-2, 7, 7... Oh. -Dave pudo oír cómo el muchacho tragaba saliva al otro lado de la línea.
-¿Puede ponerme con ella?
-Sí, claro, ahora mismo se la paso, que tenga un buen día.
-Igualmente.

Dejó el auricular sobre la mesa y la golpeó no demasiado fuerte con un puño para no despertar a Hershel. Estaba seguro de que había dejado una pequeña libreta y una plumilla en algún lugar de la parte derecha del escritorio.

-¿Agente Dave? ¿está usted ahí? -se oyó a través del teléfono. Lo agarró tan rápido como pudo y comenzó a abrir cajones como si no hubiera un mañana.
-¡Doctora Rose! Buenos días. -contestó con toda la compostura que supo reunir.
-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
-Verá, me gustaría solicitar la ayuda de su paciente en un caso que... sinceramente, estamos un poco atragantados. Nos vendría muy bien una ayuda. ¿Cree que le gustaría colaborar?
-Bueno, es posible. Pero últimamente no está muy dispuesto a nada.
-¿Cree que podría hablar personalmente con él?
-Oh, me temo que no, nos lo dejó muy claro la última vez que vino. -Dave podía escuchar algunos susurros al otro lado, y no pudo pasar por alto un ahogado cállate, aunque sabía que no iba para él.
-¿Sigue ahí?
-Sí, sí, estoy aquí.
-No, me refiero a su paciente.
-Ah... -y la doctora pausó por un momento.- sí, aquí está. -añadió, con un leve ápice de disgusto en su voz.
-¿Puede pasármelo?
-No, no creo que sea buena idea. -algunos susurros más.-Definitivamente, n... ¡pero...!
-¿Doctora?
-¡DAVE BLACK! -respondió una alegre voz al otro lado.
-Allen. -reconoció Dave, que ya había dejado de trastear por su mesa y había adoptado una postura más alerta.
-¿Vas a venir a hacerme una visita? -preguntó en un tono infantil, casi ilusionado.
-Creí que no te gustaba la idea.
-Oh, en efecto, se me revuelven las tripas sólo de pensarlo. Pero eh, has mencionado un caso, ¿verdad?
-Sí. -podía oírse un leve forcejeo y los quejidos de una mujer, presumiblemente porque Allen le habría arrebatado el teléfono a su psiquiatra y se negaba a devolvérselo, como un niño pequeño con un juguete. Dave trataba de mantener un tono firme, aunque debía reconocer que ese chico le sacaba de quicio.
-Resulta que oí algo de eso hace un par de días, un caso muy interesante.
-¿Te interesa?
-Hmmm...
-¿Allen? -se acomodó en su silla y comenzó a respirar hondo sin darse cuenta. El chico tardó un poco en responder.
-No.
Dave se quedó en shock durante un momento. Estaba convencido, casi con total seguridad de que Allen aceptaría, de una manera u otra. Pero no lo hizo.
-Me gusta ver cómo te tiembla la voz en las ruedas de prensa bajo la mirada de tus superiores descontentos.-y terminó con una carcajada.
El jefe de departamento Dave Black no era del tipo que se dejaba arrastrar en un juego tan sucio. Mantuvo el control y no le respondió. Con tranquilidad, tomó aire y lo expulsó despacio. Esperó a que la doctora volviese a ponerse al teléfono mientras revolvía los papeles de su mesa con impaciencia. Desde el auricular, una voz de mujer se aclaró la garganta.
-Lo siento mucho, Dave.
-No se preocupe. Voy a mandar a alguien para hablar con él. -añadió tras un incómodo silencio de tres eternos segundos.
-¿Disculpe? Ya le ha dicho que no le interesa, no debería...
-Pues haré que le interese.

Y colgó con rabia, pero todavía despacio, consciente de que Hershel seguía dormido en el sillón.
Trató de calmar su respiración, algo acelerada, y bebió otro sorbo de café, cosa que le provocó una mueca de asco al comprobar lo frío que estaba.
Suspiró y, sin razón alguna, abrió un cajón de su escritorio al azar. En él había una pequeña Moleskine negra y una plumilla descansaba sobre la tapa.
Cerró el cajón con un puñetazo y apretó los dientes, dejando escapar un gruñido de frustración.

Hershel dio un respingo en su sillón, tratando de recomponerse del susto. Miró a su hermano y se levantó, estirando las piernas.
-¿Dave?
-¿Sí, Hershel? -respondió, sin siquiera levantar la vista del cajón.
-Lo siento, me he dormido. ¿Va todo bien?
-Todo va estupendamente. Desayúnate eso y yo vendré en un rato.

Hershel se quedó mirando, algo confuso, mientras su hermano salía a grandes zancadas del despacho y cerraba de un portazo. Observó su desayuno sin mucho apetito, pero comenzó a comer de todas formas.
No había reparado en el expediente aún abierto que descansaba sobre la mesa de Dave.

martes, 13 de agosto de 2013

(✿◕‿◕)~ NSFW

Hershel


El pequeño cabrón me había despertado en mitad de la noche gritando incoherencias. Corrí hacia su habitación, lo abracé fuerte y le ayudé a calmarse. Me pidió perdón y se disculpó de cinco maneras distintas, aunque mentiría si dijera que no me gustaba. Que se disculpe conmigo me produce un extraño sentimiento de placer retorcido, como que me lo debe. Le hice un batido de chocolate a las tres de la mañana, le di sus calmantes, un valium y lo dejé con sus cosas.

Me volví al sofá con un té frío, unos pastelitos orientales de fresa y mi portátil. Lo primero que me vino a la mente fue dedicar el resto de la noche a algo productivo, ya que Allen probablemente no se despertaría hasta bien entrada la mañana, empastillado como estaba. Sin embargo y pese a que había pensado precisamente lo contrario, mis dedos teclearon automáticamente una T, una U y presionaron Enter.
Abrí el reproductor de música y no se me ocurrió otra cosa que escuchar que Imagine Dragons, poco acertado por mi parte para acompañar a una buena sesión de NSFW (básicamente, porno).
Me gustaban mis noches de NSFW, era agradable admirar artísticamente (sobretodo artísticamente) las imágenes y el fan-art de los fandoms en aquella web, compuesta mayormente por una comunidad de homosexuales solteros, adolescentes carentes de toda autoestima que volcaban todo su ser en las bandas que les gustaban y víctimas de sobrepeso cuya existencia podía resumirse en una constante necesidad de hamburguesas, Oreo y pizza. También había alguna que otra persona normal y luego estábamos los pervertidos que sólo entrábamos para una hormonada sesión boy's love de Sobrenatural.

Casi comencé a llorar con una canción de The Cure. Ya era triste de por sí llorar con The Cure, pero lo peor era el vídeo de una cacatúa silbando el soundtrack de Totoro. Cómo había acabado viendo eso, no tenía ni idea, pero probablemente el Vodka tuviese algo que ver. Normalmente no bebía, pero esa noche se había hecho muy insoportable. Me gustaba estar solo conmigo mismo, pero en ocasiones me sacaba de quicio. Por eso me gustaba estar con Allen, él me distraía de pensar en mí mismo.

De pronto me di cuenta de que había olvidado por completo de que él estaba en la habitación. Me asusté por un momento y ahogué un grito de pánico, pero me calmé al recordar el valium que le había dado y lo silencioso que yo era con mis cosas.
Recogí los pañuelos, algunos aún algo pegajosos, que previamente había desperdigado por todo el sofá y de paso me asomé un poco a la habitación de Allen, a ver qué tal iba.

Me quedé mirándole, parecía estar soñando algo. Mi curiosidad mató a mi sentido común (por enésima vez esa semana) y se folló a mi conciencia, obligándome a acercarme contra mi inexistente oposición, así que me senté tras él con mucho cuidado, y comencé a escucharle.

No decía apenas nada con sentido, pero de vez en cuando dejaba escapar un gruñido de desaprobación. Estaba tumbado de lado, mirando hacia la puerta, algo encogido, con sus piernas flexionadas levemente hacia su pecho y sus manos bajo su cabeza.
Gimió algo y relajó su expresión, llevándose una de sus manos entre sus rodillas. Comencé a aburrirme y me tumbé junto a él, relajándome también un poco.
No pude evitar mirar su espalda. Sus vértebras destacaban a lo largo de su columna, formando un caminito accidentado que terminaba un poco antes de donde empezaba su trasero. Seguí el caminito con mi dedo, que por alguna razón siempre me había parecido mono. Me giré hacia él y, como si lo hubiera sabido, él se giró hacia mí. Me sorprendió un poco, mi respiración se agitó. Pocas veces le había tenido tan cerca, y mucho menos tan calmado. Respiraba de forma acelerada e interrumpida, como si estuviese esforzándose en su sueño.
Volví a sorprenderme a mí mismo cuando me di cuenta de que lo único que estaba haciendo era pensar en lo bien que olía, como a caramelo, tan delicioso que parecía que todos los dulces que se había comido a lo largo de su vida ahora formaban parte de él. Sonreí ante lo absurdo y adorable de ese estúpido pensamiento. No evité fijarme en sus apetecibles labios, tampoco en sus adorables clavículas sobresaliendo en su pálida piel. Por un momento me sentí mal conmigo mismo. Por alguna razón estaba enfadado conmigo mismo y tal vez fue ese conflicto lo que me hizo hacer lo que hice.

Parecía divertido, en un principio.

Dejó de serlo cuando el alcohol dejó de hacer efecto.

Me incorporé sobre él, acerqué mis labios a su oído y le susurré su nombre. Murmuró algo que no alcancé a entender, me gruñó y volvió a darse la vuelta. Le susurré de nuevo con un tono más cercano, más íntimo. Alzó un poco sus cejas en una expresión... placentera. Gimió un poquito. Volví a susurrarle, esta vez con mi mejor intento por parecer erótico. Se encogió un poco más y hundió la cabeza en la almohada. Parecía que esa voz era lo suficientemente sexy, así que continué con mi malvado (pervertido) plan.
“Allen...” murmuré de nuevo en su oído. Había sacado la mano que le quedaba bajo su cabeza y ahora agarraba la sábana con firmeza. Le regalé un gemido, y él me respondió con un suave “Ah,” mucho más audible. “Mh, Allen... ¿te gusta?” le susurré, tratando de contener una pequeña risita. Para mi sorpresa y satisfacción, me respondió con un sugerente suspiro seguido de un sí.
Apoyé mi mano en su hombro y me acomodé sobre él. Le acaricié un poco el torso y seguí provocándole, hasta que mi estupidez hace eso que suele hacer y las palabras salieron de mi boca sin que yo pudiese hacer nada al respecto.
“Di mi nombre,” le dije. “H-Herhsel...” me respondió. Joder.
Apenas contuve un grito de frustración en mi garganta cuando me di cuenta de que Allen se estaba mordiendo el labio.
Acerqué mi cintura a la suya, frotándome contra su espalda. Había decidido ignorar mi propia erección por el momento pero resultó que aquella no era precisamente un producto de la continuada ausencia de vida sexual que había invadido mi vida los últimos meses.

Me permití unos momentos para tratar de reconsiderar lo que mi instinto no dejaba de pedirme.

No lo hice.

“Eso es, di mi nombre, Allen...” continué mientras mi mano buscaba su camino bajo las sábanas. Él me respondía con un gemido tras un suspiro, tomaba aire y lo soltaba con fuerza. Una de sus manos apretaba la sábana desesperadamente mientras mordía la otra. Lo acaricié un poco por encima de la tela, lamiendo y mordiendo su cuello muy suavemente para no despertarle.
Agrupé mi mano a su alrededor y me moví un poco para observar su reacción. Ya ni siquiera era capaz de decir mi nombre sin que se le quebrase la voz. Se encogió más todavía y dejó escapar un muy audible cuando deslicé el pulgar sobre la punta. Casi parecía que jadeaba al ritmo de mi respiración, tratando de contener cada bocanada de aire o sonido que escapase a su control.

“Nhh--... Hershel...” el modo en que intentaba con todas sus fuerzas articular alguna palabra me ponía todavía más. No necesité ningún aviso, sin embargo, pues en el momento en que hundió su rostro en la almohada y arañó la cama su cuerpo ya me lo había dicho todo.
Recogí lo que pude con la mano y me levanté con cuidado, directo a por papel higienico o pañuelos.

Una gotita de sangre se expandió por la tela blanca de su almohada. Le levanté un poco la cabeza y le limpié la sangre de los labios como pude.

Estando ahí, frente a él, no fui capaz de sentir nada. Aún estaba duro y la idea de despertarle con una buena razón en su culo era todavía muy atractiva. Eché mi pelo hacia atrás y me dirigí a la ducha, dejándole completamente solo.

Mi mente pareció ignorar por completo la indiscriminada agresión sexual que había tenido lugar hacía tan solo unas horas cuando Allen salió de la habitación y pasó de mi cara, dirigiéndose al baño con prisa. Bajé un poco el periódico sólo para volver a la realidad.

“Allen.” dije al verle salir del baño, completamente callado y con una expresión de desprecio en su cara todavía dormida. “¿Qué pasa?”

Pero no me respondió enseguida. Juraría que Allen hubiera podido arrancarme el corazón con esa mirada, y no me atreví a decir nada más.

“Nada. Me he mordido el labio durmiendo.” dijo solamente. Siguió mirándome con frialdad, disfrutando mi silencio. Abrí la boca para decir algo, pero Allen me señaló con el dedo y volvió a rematarme con una mueca de odio infinito.

Muy a mi pesar, no me contuve.

“Estás duro.” comenté como quien no quiere la cosa, señalando su erección con mi cabeza. Una sonrisa amenazaba con formarse en mi rostro.

“No sigas por ahí, Hershel Black. No se te ocurra seguir por ahí.” y se fue, tan enfadado como había venido.

Decidí dejarlo estar. Al menos hasta que la presión me hiciese ser mejor persona.

domingo, 4 de agosto de 2013

Random Photoset - Allen + Hershel







Lo he retocado un poco y quería sacarle alguna screen.

El de arriba del todo, a la derecha, es Hershel. Todavía tengo que retocarlo más.

sábado, 3 de agosto de 2013

Closer


Driven by the strangle of vein showing no mercy I do it again,
Open up your eye, you keep on crying baby, 
I’ll bleed you dry  
Skies they blink at me, 
I see a storm bubbling up from the sea


And it's coming closer...

viernes, 2 de agosto de 2013

Entrevista de personaje - Allen

Como no sabía qué escribir hoy, decidí buscar algunas fichas de personaje para hacer y me encontré con una entrevista en primera persona que me pareció bastante entretenida. Gracias por leer.

(La ficha no es mía, la he sacado y traducido de DeviantArt, pero podéis utilizarla libremente, no tiene crédito).
PD: La traducción no es exacta. Mi nivel de inglés es bueno, pero no perfecto xD para cualquier duda, la original es esta.

Entrevista de personaje \ Personaje importante
Nombre del personaje: Allen Bane
Importancia y lugar del personaje en la historia: Protagonista principal, antihéroe

========================================================

¿Cómo te llamas?

Allen Bane.

¿Qué edad tienes?

Veinticuatro años.

¿Cómo eres físicamente? Si tuvieras que describirte a ti mismo como si estuvieras hablando de otra persona, ¿qué dirías?

Físicamente supongo que soy... escuálido. Flaco, no sé, de pequeño me llamaban niño fideo. Diría que soy un poco bajito, hmm... tengo el pelo negro, los ojos insufriblemente azules y me gusta llevar el pelo corto, me lo rapo por los lados porque detesto que me toque las orejas.

Y si tuviese que hablar de mí como si fuera otra persona, pues... diría que Allen es un capullo raquítico y pálido.

¿Cómo son tus patrones de habla? ¿Hay alguien en la TV o en la radio que hable como tú?

¿Mis qué? Yo no hablo de ninguna forma. O sea, a veces leo a Chuck Palahniuk y se me pega su forma de escribir, pero nada más.
En realidad a veces me dicen que hablo sin sentido. Mezclando palabras, expresiones y pensamientos, no sé. Shilo dice que hablo en prosa, me dice: “ya estás versando grotesco”.
Yo no hablo grotesco, ni verso las cosas. Joder, ni siquiera estoy seguro de que el verbo “versar” exista. ¿Tienes un diccionario?

¿Mientes a menudo? ¿Mentiras pequeñas o significativas? ¿Eres un buen mentiroso o la gente no suele pensar que mientes? ¿Es toda tu vida una mentira? Si lo es, ¿cómo y por qué?

Yo no miento nunca (sonrisa disimulada) y cuando lo hago, lo hago bien. Mentiras pequeñas o importantes, qué más da, son mentiras. Pero las importantes hacen más daño, y por tanto son más divertidas.

Mi vida es mi vida, no hay nada falso en ella salvo lo que yo me haga creer a mí mismo. Una vez me convencí de que no era tan mala persona. Fue divertido.

¿Cuál es tu expresión facial habitual? ¿Se siente la gente atraída por tu calidez y alegría, o te ven como a alguien más frío, apagado y reservado? ¿Tu rostro refleja tu yo interior o las apariencias engañan?

Me tomas el pelo, ¿no? Llevo mirándote con asco desde que entré aquí.
A la segunda pregunta, pues... no sé, ¿te atraen mis miradas de desprecio?

Hah, mi yo interior. No quieres ver mi yo interior. Puedo aparentar lo que pienso o cómo me siento pero, desde luego, debajo hay mucho más y, ya te lo he dicho, cuando miento, lo hago bien.

¿Cómo manejas la ira? ¿Es difícil enfadarte o es fácil molestarte? ¿La gente te tiene miedo? Y si lo tienen, ¿está justificado?

Es fácil molestarme, y más con esa irritante vocecita que se me mete en el oído. Eres un suicidio acústico, ¿sabes? Pero no suelo enfadarme demasiado. A veces. A veces me enfado mucho, mucho, mucho.

Estaría justificado que me tuvieran miedo, su error es no tenerlo. La gente es estúpida. Creen que por ser un enclenque no voy a saber taladrarles el cerebro con una batidora. Aunque debo admitir que tengo media hostia, así que la falta de sentido común al pensar que no soy una amenaza es bastante comprensible.

¿Cómo reaccionas a un enfrentamiento? ¿Darías cualquier cosa por una vida más tranquila
o disfrutas ganando discusiones y peleas?

Bueno, cuando tengo un... enfrentamiento, me pongo muy nervioso. Pero todo depende de la situación y la persona. No reacciono igual con todo el mundo. A veces dejo las cosas claras, a veces me callo. A veces opto por la violencia.

Me gustaría, me encantaría, joder que si daría cualquier cosa por una vida tranquila, lo daría todo. Por desgracia sé que eso nunca va a suceder.
No me gusta ganar peleas porque no me gusta pelearme, ni discutir. Prefiero evitar cualquier tipo de enfrentamiento... verbal.

¿Cuánto poder manejas en tu casa, en tu área de trabajo y en situaciones sociales? ¿Eres del tipo “poderoso pero callado” o sabes demostrar tu poder? ¿Tal vez sientes que no tienes poder alguno? Si es así, ¿por qué, y cuál sería el detonante que te haría cambiar?

Poder, ¿yo? No tengo poder alguno salvo el que la gente cree que tengo. Hershel manda en casa, en el trabajo y, en situaciones sociales... pues el que primero coja el cuchillo, que suelo ser yo.

En tu opinión, ¿cuál sería la primera impresión que le das a la gente cuando te conocen?

Antisocial. Distante. No se equivocan. A ti te he dado un poco de miedo.

En tu caso, ¿eres del tipo “lo que ves es lo que hay”, o en ocasiones la gente te juzga y se equivoca? Si este es el caso, ¿por qué es así?

Nunca ves lo que hay realmente y, aunque lo hicieras, juzgarías por encima de ello. Tú ya lo has hecho, crees que soy un chalado. En cualquier caso, la gente siempre me juzga, y muchas veces se equivoca. Soy difícil de leer.

¿Cuál es tu nivel de educación? ¿Lo que tienes lo has conseguido con los libros, o en la calle?

Educación, vaya. Tengo muchos estudios y esas cosas, lo que no impide que me gusten las palabras joder, mierda y capullo. ¿Dónde encaja eso?

Los libros han sido casi la única cosa que me ha mantenido cuerdo durante toda mi vida. Cuerdo... Digamos que sigo aquí gracias a ellos.


¿Estás contento con lo que has conseguido desde que dejaste la escuela?

(se ríe) Y una mierda.

¿Dónde vives?

En un piso de mierda. Echo de menos mi antigua casa...

¿Vives sólo, compartes piso, o...?

Comparto piso.

¿Estás en una relación, eres parte de una familia?

Si con relación te refieres a estar forzado a vivir con una persona determinada debido a un programa de rehabilitación, pues sí, tengo una relación fantástica.
A mis relaciones les gusta decir que son mi única familia. Como si yo supiera lo que significa eso.

Si es así, ¿estás contento o disgustado con esa relación / familia?
Cuéntamelo.


Quizá algo contento. Aún no lo sé. No me voy a explayar en algo tan íntimo y personal como eso.

Si no, ¿te gustaría formar parte de una relación / otra familia?
Cuéntame por qué o por qué no.


No.
Las relaciones se pudren, y te pudren a ti. Empiezan bien, todo es novedad, felicidad, pero cuando caes de la puta nube ya no hay huevos a volver a subir. Además, a mí siempre se me morían los pececitos de colores que compraba, eso debería ser suficiente para que te hagas una idea.

¿Quién es tu mejor amigo, si tienes uno? ¿Cuándo empezó vuestra relación? ¿qué os hace amigos?

Diría que Hershel. Se considera mi amigo. Yo todavía no sé cómo tomármelo.
Nuestra relación empezó una bonita noche de primavera, nos sentamos juntos a ver unas preciosas fotos de cadáveres y a analizar un emotivo caso de asesinato en serie.

No sé a lo que te refieres. No es que no me guste pero estoy con él porque mi psiquiatra me obliga. No entiendo la pregunta.

¿Quién consideras tu enemigo / te desagrada más? ¿Por qué? ¿Cuándo empezó, y por qué?

Mi peor enemigo soy yo mismo. Me he hecho más daño del que nadie habría podido hacerme en toda mi vida, y sigo haciéndolo. Aunque la gente tampoco me gusta, también hacen daño a veces.

No sé cuándo empezó. No recuerdo haberme gustado nunca, ahora que lo mencionas.

No me gustan estas preguntas.

¿A quién más tienes en tu círculo de amistades? ¿A quién acudirías si estuvieses en problemas?

Ah, está Hershel... supongo que podría decir que Shilo, y Layla.
Hershel es más accesible.

Si hay alguien en tu círculo que pudiera traicionarte, ¿quién sería?
¿Hay alguien que no te gustaría que te traicionase? ¿Cómo reaccionarías / te sentirías si así fuese?

No entiendo por qué Hershel iba a traicionarme, ha tenido tiempo y motivos de sobra en el pasado. Sobre Shilo... ¿he dicho ya que no me gustan estas preguntas?

A nadie le gusta que le traicionen. No sé cómo reaccionaría, pero me sentiría... triste. Vacío.

Si no tienes cuidado voy a arrojar ese puto formulario a la trituradora, con tus manos agarrándolo.

¿Cómo describirías tu personalidad? ¿Cuáles son tus virtudes y puntos fuertes? ¿cuáles son tus debilidades y defectos?

(suspiro) Frío, calculador, sádico... reservado.
Bueno, se me dan bien los cálculos. Dicen que soy bueno en arte. Aprecian mi trabajo de forense y mis habilidades deductivas.

Ehm... me gustan cosas que no deberían gustarme, y me gustan mucho. Soy muy obsesivo, supongo que un poco controlador. Mis debilidades...


Siguiente pregunta.

Si hubiese alguna cosa acerca de tu físico que pudieses cambiar, ¿cuál sería?

Nada.

Si hubiese alguna cosa acerca de tu personalidad que pudieses cambiar, ¿cuál sería?

Todo.

¿Qué hace que le gustes a la gente? ¿Es suficiente para que la gente quiera pasar tiempo contigo?

(pequeña carcajada suave) No sé ni cómo puede Hershel aguantarme, mucho menos voy a gustarle.
Soy interesante si tienes algo de qué hablar conmigo. O si quieres entrar aquí (se señala la cabeza), también. De otra forma no tienes ninguna razón para querer pasar tiempo conmigo.

¿Qué hace que no le gustes a la gente? ¿Es un problema crónico o puedes cambiar?
¿A qué clase de gente le gustarías, y a cuál no?


A la gente no le gusta mi sentido del humor. No parece hacerles ninguna gracia cuando les enseño las fotos de las chicas del caso Greaves y hago anotaciones graciosas sobre la curiosa postura de sus miembros dislocados. Nadie me entiende.
Dudo que a estas alturas tengas siquiera un ápice de esperanza en que puedo cambiar. Yo no, desde luego.

En este punto, ¿describirías tu vida como feliz, normal, o generalmente infeliz? ¿Podrías explicar brevemente por qué?

No.

Yo que tú me alejaba de la trituradora.

¿Cuál es el suceso más traumático que te ha ocurrido nunca?
¿Y el mejor de tu vida?


Ahhh, es como darme a elegir entre el gatito más mono de cinco recién nacidos. Eres cruel.
Veamos... Una de mis madres adoptivas trató de estrangularme, y casi lo consigue. Pero el mejor de todos es cuando Shilo me provocó un episodio psicótico que desencadenó en varios desórdenes mentales y amnesia a largo plazo.

¿Y lo mejor que me ha pasado?


¿Cómo de importantes son las posesiones materiales para ti? ¿Las interpretas como símbolo de tus logros, una trampa, o ninguna?

No les doy importancia. Está bien tenerlas, pero tampoco voy a morirme sin ellas. De hecho algunas de ellas casi son la causa de mi muerte.

¿Cómo refleja lo que te rodea tus logros (o tu falta de logros) en lo que llevas de vida?
¿Qué dice lo que te rodea de ti? (Tu casa, tu coche, tu cocina...)


El hecho de estar viviendo en un piso de mierda por un “programa” de rehabilitación con un agente que me vigila las veinticuatro horas debe de reflejar bastante. Que he ido a peor, en concreto.

Mis muebles dicen que me gusta tenerlo todo limpio y que mis métodos de orden no son los más habituales. Ah, y que me gusta el blanco.

¿Sientes que has consegido todo de lo que eres capaz en la vida? ¿O todo lo que quieres conseguir?

Supongo que he conseguido algunas cosas. No he conseguido todo lo que quería.

¿Ha cambiado tu vida recientemente? Si así es, ¿qué la hizo cambiar? ¿Cambió para mejor o para peor?

Sí que ha cambiado, joder que si ha cambiado.
No sabría decir, pero supongo que debería darle las gracias a Hershel.
Para mejor. Espero.

Si tu vida ha cambiado a peor recientemente, ¿qué puedes hacer para darle la vuelta?

Hah, si hubiera cambiado a peor, pues hubiera seguido a peor. Como siempre.

¿Pretendes cambiar tu vida en un futuro cercano? Si es así, ¿cómo y por qué?
¿Cuál es la meta más importante en tu vida? (¿Qué QUIERES realmente?)
¿Cómo planeas conseguirlo?


No me lo había planteado, pero supongo que me gustaría que todo fuese a mejor.
¿Que qué quiero realmente?

Pues a Shilo.

No tengo ni puta idea.

¿Cuales son los posibles obstáculos para obtener lo que deseas? ¿Cómo planeas superarlos?
¿Cuál sería el más posible resultado de tus acciones?

¿Posibles obstáculos, en serio? Todo mi yo es un posible obstáculo para conseguirla. Ya he intentado muchas cosas, y ninguna ha funcionado o me ha dejado peor de lo que estaba.

Lo más seguro es que me quedase donde estoy o empeorase.

¿Te has enfrentado a obstáculos para llegar a donde estás ahora?
¿Cómo los superaste? ¿Cuáles fueron las consecuencias de los actos que tomaste?
He tenido que pasar por mucho para llegar hasta aquí, y no estoy precisamente donde quiero estar.
No quieres saber cómo lo hice, y las consecuencias están a simple vista.

Si ocurriese algo que te detuviese de conseguir tu objetivo, ¿cómo continuarías? ¿A quién llamarías para pedir ayuda?

Seguiría, pues claro, sin importar qué. Es lo único que realmente tengo.

No llamaría a nadie.

¿Qué talento o habilidades posees que te pudiesen ayudar a conseguir lo que deseas? ¿Cómo influenciarías a otros para conseguirlo?

Ah, esta me gusta. Amenazar a la gente suele resultar, torturarlos también. No es necesario hacerlo físicamente, a veces la “influencia” psicológica funciona mejor y es muy gratificante.
Decir que has secuestrado a sus hijos y están a un paso de un disparo en la cabeza suele dar buenos resultados.

¿Qué es lo que más te motiva para conseguir lo que quieres?

Ella.

Nombra ese defecto o característica que más te dificultaría el conseguir tu objetivo.
¿Cómo lo compensarías?

¿Recuerdas la “habilidad” de la que te he hablado antes? Eso también suele ser mi peor obstáculo. A veces soy yo quien la uiliza, otras veces me utiliza a mí.

Nunca he sabido compensarlo.

¿A quién protegerías con tu vida?

Te vas a tragar el folio.

Te lo digo en serio.

¿Quién te protegería con su vida?

¿Quién redacta esta mierda?

¿Qué es lo que más temes perder en la vida? (Puede ser una persona, una posesión, o una cualidad abstracta como respeto, credibilidad...)
¿Qué te empuja a realizar acciones de las que luego te arrepientes?


No pienso contestar a esto.

Lo digo en serio. Muy en serio.

(trata de arrancarle la hoja de las manos al entrevistador)

...

Lo que más temo perder ahora es aquello que más anhelo.

No me arrepiento de mis acciones cuando tengo una buena razón para hacerlas. Pero si no la tuviera... no lo sé. La idea parece buena al principio, pero luego te das cuenta de que no lo era tanto. Te das cuenta de que ni siquiera era una idea, sino un impulso. Y no puedes frenarlo.

¿Qué tienes pensado hacer ahora – hoy? ¿Cómo de relevante es esto para lo que te importa?

Verás, pensaba esperarte a la salida, seguirte hasta tu casa, entrar sin hacer ruido y abrasarte la garganta con ácido.

No sé si es relevante o no, pero me lo estoy planteando seriamente.

¿Qué harás luego?

Me tomaré un helado de fresa. O de chocolate con menta. Hmm... difícil...


Termina estas frases:
"Lo más importante en la vida es..." Cerrar bien la puerta de tu casa cuando le tocas las pelotas a un chico psicótico.
"Si hay algo que me vuelva loco es..."
BUNNY-WIZ. ¿NADIE TIENE UN BUNNY-WIZ?
"Perdería el interés en la vida si..."
(se ríe descontroladamente) ¡No me jodas!
"Normalmente puedo sacarme de mis propios problemas por..."
por la yugular, si es que el problema puede desangrarse.
"Si encuentro un problema en mi vida puedo trabajarlo de la siguiente forma..."
Atrapar, limpiar, trocear y directo al mar en una bolsita de plástico negra.
"No me gusta la gente que..."
Fuma, bebe, llora, se queja de otra gente, se queja de mí, me mira raro, me mira mal, maltrata a los animales, dice “guateque”... (retahíla de motivos de varios párrafos de largo).
"Me gusta la gente que..."
comparte mi gusto por las obras de Michael Hussar.
"Mi mayor necesidad ahora mismo es..."
Un Bunny-Wiz. Lo digo muy en serio.
"Aquello que estoy decidido a conseguir este mes es..."
UN JO-DI-DO BUNNY-WIZ. ¿TAN DIFÍCIL ES TRAERME UNO? NO HE PARADO DE HABLAR DESDE-
"Aquello que estoy decidido a conseguir este año es..."
Una colección de fascículos completa, si es que eso es realmente posible.
"Mi lema en la vida es..."
“No tocaré las pelotas con estúpidos formularios de personalidad a personas con serios problemas mentales y de autocontrol.”
Pregunta final:
"¿Hay alguna cosa más que puedas decirme de ti mismo que tiene importancia en lo que podrías hacer o decir en cualquier situación?

Ten, te he dibujado una vagina demoníaca que dice que va a comerse a toda tu familia esta misma noche.

No parece muy amistosa.

jueves, 1 de agosto de 2013

27 de Junio - NSFW

+18
Gracias por leer.

···

 Querido diario... el otro día salí de casa en busca de alguna gasolinera en la que vendiesen Bunny-Wiz... y me encontré con Shilo.

···

Iba a llegar tarde.

Había tropezado con un bordillo bajo y, aunque no se había caído, su tacón se había roto.
Trató de recogerlo con tantas prisas que el peso de su bolso la hizo tambalearse y caer.

Definitivamente iba a llegar tarde.

“Puto bolso”, susurró mientras se levantaba y guardaba el tacón roto.
Intentó correr lo más deprisa que pudo hacia la parada del autobús, pero llegó justo para verlo desvanecerse en la distancia. Suspiró, se sentó en el bordillo de la carretera y recuperó fuerzas. No se dio cuenta de que estaba nevando hasta que un helado copito de nieve cayó sobre su hombro desnudo, provocándole un escalofrío y haciendo que se diese cuenta del frío que tenía. Entre las prisas y el tacón se había olvidado de coger su abrigo, y ahora estaba demasiado lejos.
Miró hacia la carretera, tratando de mentalizarse para, sin duda, un largo viaje a pie. Por suerte, Shilo era una mujer de recursos y era consciente de que sus tacones no eran muy de fiar, por lo que, en su bolso, había traído un par de zapatillas (por eso pesaba tanto) por si acaso le dolían mucho los pies.

“Mierda de tacones, mierda de nieve, mierda de frío, mierda de abrigo, mierda de todo. Joder, no pienso volver al teatro en mi vida.”

Aunque a Shilo le hubiera gustado cumplir las cien veces que se lo había repetido, no podía evitar volver una y otra vez.
Siempre había querido ser actriz, pero por falta de conocimiento y fondos para estudiar, había decidido dedicarse a la escultura, que era otra forma de arte que, desde bien pequeña, había sabido apreciar.
Tratando de motivarse pensando en lo calentita y cómoda que estaría en su casa abrazando su almohada y viendo cualquier programa barato que pasasen a esas horas de la noche para coger algo de sueño, se puso en marcha y comenzó a caminar calle abajo.

Cubrió sus hombros con su pañuelo de seda negro, aunque no fuese muy efectivo para aliviar el frío.
Se paró en seco. Se ajusto las zapatillas en sus doloridos pies y comenzó a pensar que nunca llegaría. Mientras trataba de recuperar el aliento escuchó un ruido que la hizo sobresaltarse. De pronto se dio cuenta de la oscuridad que la envolvía y, por algún motivo, aunque estaba segura de que no era más que algún gato, le entró el miedo. Decidió que lo mejor era volver tan rápido como fuera posible y comenzó a correr tratando de convencerse a sí misma de que no pasaba nada.

Miró hacia atrás para intentar tranquilizarse al ver que no había nadie, pero cuando volvió a mirar hacia adelante, se chocó y cayó.
No se había hecho mucho daño, pero le costó levantarse. Se había dado un buen susto.
Se disculpó como cincuenta veces mientras se sacudía el vestido y se ajustaba las zapatillas sin ver a quien tenía delante.

-¡Perdona, perdona, perdona! Discúlpame, no estaba mirando, tengo un poco de prisa... -exclamó en un hilo de palabras mientras levantaba la cabeza. Su mente se quedó completamente en blanco cuando vio al chico con el que se había chocado.-Ahm... se me ha olvidado lo que iba a decir. -le miró directamente a los ojos, lo que hizo que éste desviase su mirada. No sabía si debía saludar, disculparse, ignorarle... Él no respondió enseguida. Ladeó un par de veces la cabeza y, cuando se hubo decidido, la saludó.
-Hola, Shilo. -dijo solamente en un susurro casi inaudible, levantando un poco la mano como en un tímido gesto de saludo.
-Allen, uhm... hacía tiempo que no nos veíamos.
-Desde que dejaste de venir a verme al hospital. -notó una punzada en el corazón al oírle decir eso. No había cambiado nada.
-Eh, ya. Bueno, es que, me salió algo y yo... bueno, tuve que dejar la ciudad un tiempo. Debí haberte llamado al menos, lo siento.
-Está bien. ¿Necesitas ayuda? ¿vas a alguna parte?
-Oh, creo que estoy bien. Iba a casa. Es que he perdido el último autobús y... mira, me he tenido que venir andando.
-Te acompañaré a casa.
-No hace falta, en serio. Solo he oído un ruido antes y me he asustado, por eso corría.
-No era una sugerencia.

No respondió. Ya lo sabía, que no era una sugerencia. Pero nunca se acostumbró a que Allen fuese tan directo.

Podría haberle prestado su cazadora, o sus calcetines, o... lo que fuera. Pero no lo hizo. Shilo sabía que, por sí mismo, no lo haría. Tampoco quería pedírselo.

No hablaron mucho durante el resto del trayecto. Shilo se sentía extraña.
Le entraron ganas de preguntarle a Allen qué hacía dando vueltas a altas horas de la noche, pero ya sabía la respuesta, o no quería saberla. La verdad era que no quería estropear el momento. Se sentía feliz de volver a verle, de que le acompañase. Le echaba de menos... ah, como en los viejos tiempos.

No tardaron demasiado en llegar al portal. Shilo le dio un beso en la mejilla a Allen y se propuso despedirse de él cuando éste la cogió de la mano y no la dejó ir.

-Allen, ¿qué pasa? Me gustaría subir a casa, tengo frío.
-Quiero quedarme. -espetó, sin más.
-¿Qué?
-Contigo, es decir, en tu casa.-sacudió la cabeza, un gesto que Shilo nunca le había visto hacer.-Quiero quedarme en tu casa. Estoy lejos de la mía, creo que me he perdido. Te lo digo en serio. Yo también tengo frío. ¿Por favor? Sólo por esta noche.
-Hum. Claro, bueno, vale. Pero no hace falta que te pongas así. Pídemelo y ya está.
-Vale, lo siento.

¿Pedir algo? ¿Allen? Había algo que no encajaba bien y no estaba segura de querer averiguar qué era.
Entraron al portal en silencio, con Allen aún cogiéndola de la mano fuertemente, como si ella fuese a soltarse y a abandonarle para siempre. Delante del ascensor se formó un largo silencio mientras esperaban. A Shilo no le incomodó, no era el típico silencio incómodo, era un silencio acogedor. Ella siempre había disfrutado del silencio y el modo que tenía Allen de provocarlo era encantador. No le hubiera importado continuar en silencio hasta que el ascensor llegase a su piso. No, si, de manera totalmente inesperada, Allen no lo hubiera roto.

-Te echo de menos.
-¿Qué? Pero si no te acordabas de mí.
-Eso no es cierto. Aparecías en mis sueños y mis pesadillas, en mis alucinaciones... aparecías por todas partes y cada vez que te veía me sentía vacío y sentía que te echaba de menos.
-Yo...
-Llegué a odiarte. Me provocaba tanto dolor echar de menos a alguien que no lograba recordar...
-Allen, ¿por qué me cuentas eso ahora?
Pero Allen no respondió. Se quedó mirándola de frente, completamente quieto. Sus ojos analizaban cada parte de su rostro en rápidos movimientos.
Lentamente, sin que Allen se diese cuenta, Shilo deslizó una de sus manos por el rostro del muchacho, acariciando suavemente su mejilla, casi hipnotizada.
De pronto, lo besó.

Shilo sintió un escalofrío recorrer su espalda. Inconscientemente posó sus manos sobre la cintura de Allen y se agarró fuertemente a su cazadora mientras el beso duró. Cuando se dio cuenta, abrió los ojos de golpe (que no recordaba haber cerrado) y empujó a Allen hacia atrás.

-¡Un momento! ¡Yo no debería...! -gritó en voz baja, exasperada. Allen seguía sin responderle. Shilo se sentía realmente confusa. Le había gustado, claro que le había gustado... pero no sabía si quería seguir. Allen ya no era Allen.
Pero él no la dejó ir tan fácilmente y, algunos segundos antes de llegar al sexto, pasó un brazo por sus hombros y otro por su cintura y la atrajo hacia él, besándola de nuevo, esta vez más brusca y profundamente. Se inclinó tanto hacia ella que tuvo que dar un par de pasos hacia adelante, golpeándola contra la pared del ascensor y, cogiéndola de las muñecas para no dejarla hacer nada, siguió besándola.
Recorrió los suaves labios de Shilo con los suyos, saboreándolos a veces con su lengua, enamorándose de su pintalabios con sabor a cerezas.
Disfrutó tanto como pudo de aquellos segundos que le parecieron una eternidad hasta que el ascensor llegó a su destino, deteniéndose con un golpe seco.
Allen también se detuvo, aunque lenta y suavemente. No quería separar sus labios de los de Shilo. Le gustaban demasiado. Curiosamente, no se sentía extraño. Se sentía cómodo, cálido. Quería seguir, y sabía que Shilo también.

Las viejas puertas de metal se abrieron con dificultad dando paso al pequeño rellano que alojaba la puerta del piso de Shilo. Ambos se calmaron un poco mientras salían del cubículo, aunque Shilo no lograba encontrar las llaves en su bolso, cosa que agravó más su creciente ansiedad. El hecho de que Allen no dejase de mirarla también conseguía ponerla más nerviosa todavía, pero ella no dejaría que lo viera. No, ella quería parecer tranquila, estoica. Lo cierto era que por dentro se sentía como un flan, y Allen lo sabía. Se había derretido con cada beso que él le había dado, esa sensación de que todo desaparecía a su alrededor y solo estaban ellos, la nada y sus labios, las manos de Allen acariciando suavemente su cuello y su cintura.

Recordó todos aquellos momentos que habían tenido juntos mientras trataba de encajar la llave en la cerradura. De todos los chicos con los que había estado, Allen había sido siempre su favorito. La delicadeza y la dulzura con la que la trataba le provocaba escalofríos y sensaciones que ningún otro lograría jamás.

El chasquido de la puerta al abrirse la despertó de sus recuerdos. Allen seguía tras ella, observándola de cerca, esperando algún movimiento.
Entraron despacio en casa y, mientras que Shilo comenzó a dejar sus cosas y a ponerse cómoda, Allen simplemente se quedó en la entrada, junto a la puerta, completamente quieto.

Aunque Shilo no estaba segura de querer que se moviera, en realidad.
Mientras dejaba su chaqueta en el dormitorio una fugaz imagen atravesó su ser y sus sentidos al observar su cama, aún deshecha. Un subidón de dopamina, le ardían las tripas y él seguía penetrándola con la mirada, helando su conciencia, y para cuando se quiso dar cuenta, lo estaba besando otra vez.
No tuvo tiempo (ni quiso) pensar en otra cosa que en los labios de su chico tratando de saborearla. Ella no le dejaría, ni un momento. Ella sería la que le saborease a él, como siempre había sido, lo que más le divertía. Una ilusión ciega de control y conciencia, cuando él creía que la tenía y que la tendría siempre que quisiera, que la mataría una y otra vez y la vería volver a nacer, una y otra y otra vez. Por supuesto, era justamente al contrario.
Le encantaban sus cortos gemidos deseando no ser oídos cuando lamía su oído y su cuello con delicadeza y cómo la apretaba contra su pecho en un espasmo de placer al sentir sus dientes clavados contra su cuello. Sus ojos mirándola con miedo y vergüenza al estampar su espalda contra la pared del dormitorio ahora parecían más vivos que nunca.

Era curioso, cuanto menos, cómo él la había seducido y llevado a la perdición tantas veces y cómo ella siempre acababa por tomar el mando. Pero es que le encantaba, no podía evitarlo. Era algo que no podía hacer con nadie más, sólo con él, dejarse llevar de esta manera, frustrarle hasta el punto de que incluso se negase a continuar, a sabiendas de que había caído en la trampa una vez más y sintiéndose el capullo más subnormal del planeta.
Pero ella seguía comiéndole el cuello y la oreja y palpando su raquítica cinturita mientras le quitaba la poca ropa que le quedaba puesta. Cuándo había perdido su pantalón, lo desconocía.
Cada pequeño mordisco travieso era una leve descarga que recorría su espinazo y se instalaba en su pecho y su cabeza, estallando en algún disimulado ruidito que no lograba contener mientras trataba de prestar atención y a la vez ignorar las perfectas manos de Shilo recorriendo su cuerpo, y él no podía hacer nada más que esconderse, aunque sin éxito.

Una punzada de pánico le atravesó el pecho cuando abrió los ojos para encontrársela bajando despacio por su torso, lamiendo cada rincón y dándole besitos cortos y fugaces que disparaban otra pequeña descarga, distrayéndole y alejándole cada vez más de lo poco que le quedaba de voluntad.
Cuando ella por fin llegó exactamente a donde quería, Allen se sintió atrapado. Incapaz de reaccionar o moverse. Un pequeño lametón inocente le hizo estremecerse e imaginarse lo que tanto deseaba en ese momento y que tanto le costaba admitir.
Miró hacia abajo una última vez para intentar detener a Shilo, pero no quería. Ella le miró directamente a los ojos con una sonrisa maliciosa mientras deslizaba su lengua húmeda y caliente a lo largo de su miembro casi provocándole una convulsión. Sin darse cuenta deja escapar un gemido largo y luego suspira, echando la cabeza hacia atrás, como si aquella sensación hubiese robado su aliento. Ella se ríe, divertida. Intenta esconderse, muerto de vergüenza, se lleva sus manos al cuello y trata de encogerse en una pequeña burbuja que le permita alejarse de todo aquello y calmar su ansiedad. Pero ella no le deja, y sigue lamiéndole, de arriba a abajo, de abajo a arriba, suave y despacio, encendiendo aún más su creciente deseo por estar dentro de su boca y sentir el calor y la humedad y su lengua bailando al tiempo que se mueve rítmicamente, hacia adentro, hacia afuera, acariciando el resto de su sexo y él se lleva una de sus manos a la boca y la muerde con fuerza, tratando de ahogar sus gemidos, pero a Shilo no le hace falta oírle para saber cuánto le gusta y en cambio se divierte torturándole un rato, acariciando su cuerpo que se retuerce y grita silenciosamente en una dulce agonía fruto de la saliva, la dopamina y sus labios frotándose contra lo que ahora más desea.

Entre gemidos y espasmos Allen trata de pronunciar su nombre sin que una sola palabra consiga salir de su boca. Nunca ha entendido esa urgencia por nombrarla. ¿Qué hay en su nombre que le guste tanto pronunciar cuando está a punto de llegar? ¿qué tiene hacerlo que le hace arder el pecho y le pone todavía más de lo que ella ya lo hace? Quiere hacerlo, debe hacerlo. Shilo, Shilo, Shilo, resuena sin parar en su cabeza, por toda la habitación, lo oye, como si lo estuviera pronunciando. Oh, Shilo. Ahora está más preocupado por su incapacidad para decir lo que desea que por la chica que se lo está trabajando ahí abajo y se hace notar. Para ella no pasa desapercibido y, viendo otra oportunidad para divertirse más si cabe, detiene su danza lentamente y le quita la mano de la boca, sosteniendo con fuerza su muñeca para que no vuelva a llevársela. Sin que él tenga tiempo de reaccionar, coge también la otra mano y, con una sola, sostiene ambos brazos de la muñeca. Le mira, inquisitiva, y él no le devuelve la mirada. Es incapaz de mirarla. Pero ella no se da por vencida y le reta.

“¿Quieres más?”, dice. Pero él no responde, y repite la pregunta. Tampoco responde. “Si quieres más tendrás que decírmelo. “, y él parece contestar con un pequeño gruñido de desaprobación. Vuelve a lamerle como al principio, de abajo a arriba y se detiene con un pequeño mordisco en la puntita. “¿Sigo?” insiste dulcemente. Allen sigue respondiendo sin hablar, pero ella quiere que hable. Quiere saber lo que tiene que decir, tiene curiosidad y piensa saciarla.
“Eso no me vale, tienes que responderme con palabras. Vamos.”

“Ya sabes lo que voy a decirte...”, consigue articular.
“Pero quiero que me lo digas.”, y ella se muerde los labios mientras mira la cintura de Allen con traviesas intenciones. “Vamos, ¿sigo?”
“S-sí...” responde finalmente, deseando que se lo trague la tierra... o la garganta de Shilo.

Se levanta del suelo y se estira un poco, coge a Allen de la cintura y lo empuja contra la cama, haciéndole perder el equilibrio y caer sobre ella. Él retrocede, no muy seguro de lo que pasará, y ella le guía hasta tumbarle y ponerse cómoda.

Y ella continúa con su danza, moviéndose como sólo ella sabe hacerlo, pero se detiene de vez en cuando obligándole a pedir que siga, y él suplica como puede mientras, sin darse cuenta, repite su nombre en voz alta, creyendo que lo pronuncia en sueños. Entrelaza sus dedos con el pelo de Shilo, masajeándolo y tirando de él cuando un escalofrío recorre su espalda y parece que todo desaparece y su cuerpo se derrite en el calor de sus labios con sabor a cerezas.

Cuando por fin ella se detiene, Allen no puede dejar de mirarla. Sigue sintiéndose incómodo, pero sólo puede pensar en lo mucho que le gustaría estar dentro de ella. Parece que Shilo le lee la mente, porque ella también lo desea.
Se incorpora sobre él y se echa el pelo hacia atrás. Desabrocha su vestido con cuidado y éste cae delicadamente descubriendo sus pechos y su piel. Mientras ella sigue quitándose la poca ropa que le queda, Allen parece hipnotizado. Acaricia su cuello y baja por los hombros, se detiene en los pechos y los masajea con cuidado, como si tuviese miedo de romperlos. Sigue bajando por la cintura y no se atreve a ir más allá.
Mira a Shilo con dulzura. Ella le guía y, mientras vuelve a devorar los labios, la lengua y la garganta de su amante hasta que se deshace de la vergüenza y coge el ritmo.
Le hubiera gustado que ella gimiera, que hiciera algún tipo de ruido que la delatase, pero nunca lo hacía. Siempre suave, Shilo le susurraba al oído. Le frustraba llegar a ser más... escandaloso que ella, pero no podía evitarlo.
Cerró los ojos mientras la besaba y trató de imaginarse si le gustaba en realidad lo que le estaba haciendo. Trató de imaginársela tal y como estaba él hacía un momento, retorciéndose de placer y gritando su nombre entre gemidos, deseosa de llegar hasta el final, suplicándole. Quería hacer que así fuera, lo deseaba tanto... y de pronto, cuando se dio cuenta, había cogido a Shilo de la cadera, se había acomodado y la había penetrado. El choque sin embargo no logró sacarle de su ensimismamiento y siguió haciéndolo, agarrando a Shilo de sus caderas y su culo con fuerza, haciendo que se moviese arriba y abajo, entrando y saliendo. Ese dulce momento en el que Allen perdía el control de sí mismo y se dejaba llevar, sin darse cuenta del sabor metálico en la boca de Shilo cuando la mordió más fuerte de lo debido, clavando sus uñas en su piel y tirando firmemente de ella. Y Shilo trata de aferrarse a él, dejándose llevar y finalmente gritándole al oído y exigiéndole más fuerza, derramando su calor y su placer en la cumbre de su éxtasis. Sólo cuando Shilo separó sus labios de los de su chico y se incorporó un poco, deteniendo la escena en seco, Allen salió de su mundo onírico, apartando las manos de ella y tratando de esconderse nuevamente, como si no supiera lo que acababa de pasar. De nuevo, sin darle ninguna oportunidad de entender, ella tomó el control y, amarrando los brazos de Allen contra la cama con sus propias manos, comenzó a moverse por sí misma, haciendo que él se derritiese en cada embestida y sin darle tiempo a recomponerse entre una y otra, cada vez más fuerte, cada vez más rápido. De alguna forma, justo cuando estaba a punto de llegar, encontró fuerzas para gritar, derribó sus inquietudes y se alzó sobre Shilo, empujándola sobre las sábanas y, quedando él encima, siguió penetrándola hasta, finalmente, con un pequeño y último espasmo, descargar todo el calor de su cuerpo, que se desvanecía para dar paso al cansancio que le inundaba de abajo a arriba, cayendo sobre el cuerpo de Shilo sin remedio, demasiado agotado para sostenerse y falto de sangre para pensar.

Shilo abrazó el cuerpo aún ardiente de Allen. Con cuidado, se lo quitó de encima y le dejó en la cama, jadeando todavía, probablemente consciente aunque no muy lúcido.

Se levantó, cogió su bata y se dirigió a la cocina.
Mientras se abrochaba la bata y buscaba desesperadamente sus zapatillas de andar por casa, entre saltito y saltito volvió a girar la vista hacia su habitación, divisando a Allen a través del resquicio de la puerta. Seguía tal y como se había quedado al caerse, pero sonriente. La miraba con ternura.

“Ah, Shilo... toda tu puta habitación apesta a sexo. Creo que podría oler tus bragas mojadas desde el rellano.”, soltó sin más. Ella se disculpó, temiendo que el ambiente le desagradase como bien sabía que ese tipo de cosas le resultaban repugnantes. Pero Allen contestó con una risita, “no, joder, me encanta. Quiero follarte otra vez”, añadió tras una pequeña pausa. Shilo se sorprendió, “¿cómo, ahora?”, dijo entre risas. “Sí, ahora”, respondió él.

“Quiero bailar contigo en un océano de nada, quiero volver a romperte y a sentirte y a matarte y saborear el frío del otoño en tus nalgas húmedas y quiero quedarme dentro de ti para siempre. Ahora.”

Shilo no respondió enseguida. Allen siempre había sido muy enigmático con toda su prosa y su lírica barata pero, dentro de lo grotesco e incluso depravado, le había parecido... bonito. Le gustó.

“¿Eso lo acabas de pensar ahora tú solito?”, preguntó, divertida.
“Oh, no tengo ni idea, no estoy pensando ahora mismo.”
“No me digas, Sherlock.”
“¿He dicho algo de tu culo, no?”
“Algo has dicho, sí.”
“Mmm... Bunny-Wiz...”

Se le quedó mirando durante unos segundos hasta que por fin lo averiguó: Allen se había dormido. Así, sin más. Menos mal que tenía ganas de follar, pensó mientras se tumbaba en el sofá con una manta y se disponía a ver cualquier telebasura que echasen a esas horas.