martes, 17 de septiembre de 2013

Arac Attack

Apenas podía ver algo entre tanta niebla, y de todas formas no sabía si era real o una pesadilla. Cuando terminó de arrastrarlo, se desmayó.

Unos ojos azules y pálidos le miraban a pocos metros de él. Quiso frotarse los ojos, pero estaba maniatado. Hacía frío. Las piernas no le respondían y se sentía agotado, frustrado. Cuando por fin pudo ver con claridad tras parpadear con fuerza un par de veces más, observó al chico. Aquel chico. El muchacho de la oficina, el que le había estado mirando y curioseando durante toda la mañana. Ese chico huesudo y delgado que no dejaba de seguir al de pelo revuelto y mirada arrogante.

-Por fin te has despertado. Joder, te has tomado tu tiempo. -oyó su voz por primera vez. Ni siquiera estaba seguro de que pudiese hablar.
Optó por no decir nada.
El chico no dejaba de mirarle, ladeaba la cabeza hacia un lado y al otro y entrecerraba los ojos de vez en cuando, como inspeccionándole. Al cabo de un rato se cansó y se levantó.
El muchacho suspiró y gruñó. Pensó que tal vez podría salir de aquella, así que hizo lo único que creía que debía hacer.
-¿Qué te pasa? -le preguntó.
-Estoy triste. -respondió el chico, con una voz más amistosa de lo que esperaba. -Pero no te interesa.
-¿Por qué no me iba a interesar?
-Porque voy a matarte. -respondió con desdén sin siquiera mirarle. Casi no supo qué responder.
-¿No quieres hablar de ello? -trató de hacer como que no había oído lo último a pesar de que resonaba en su cabeza.
-¿Te interesa, de verdad? -de pronto le miró.
-Claro.
-Bueno... es que últimamente todo es muy monótono. Tengo aquí una lista con distintas formas divertidas de matarte, pero... -se sacó una pequeña libreta del bolsillo de su pantalón y comenzó a ojearla con desgana. -Me gustaría poder ser tan imaginativo como antes. No me sentiría bien si tomase una de las ideas de esta lista.
-Si la has escrito tú no deberías sentirte así.
-¡Ah! Tienes razón, claro, pero no es tan sencillo. Últimamente me han doblado la medicación y hasta que me acostumbre estaré cansado durante todo el día, no podré ni pensar. Y por supuesto no puedo dormir. Apenas puedo comer sin vomitarlo luego.
Ni siquiera prestó atención a sus palabras. Hizo como que escuchaba mientras forcejeaba con la correa de cuero que ataba sus muñecas a la barandilla de hierro que sobresalía del suelo hasta que se fijó en una visible cicatriz que su captor tenía en el cuello. Frunció el ceño, y él se dio cuenta.
Sonrió y se sentó junto a él.

-Intenté suicidarme. -dijo señalando la cicatriz. -No lo conseguí.
Seguía forcejeando disimuladamente, no respondió.
-¿Desearías que lo hubiera conseguido, verdad? -sonrió de forma macabra. Disfrutaba de la mueca de cada bocanada de aire que su víctima trataba de atrapar.
-Sí. -respondió automáticamente. Cuando se dio cuenta, una mueca de auténtico pánico se formó en su rostro, ante la que Allen sólo reía.

-Es decir, ¡no! Yo no querría que...
-Cállate. Eres incapaz de contener toda la mierda que escupes por la boca. Tu incontinencia verbal te va a costar cara.
-¿Por qué haces esto? -sollozó.
-Eres un incordio. Eres pesado, arrogante y estúpido. Sobretodo estúpido. Esta mañana me has mirado raro, como con desprecio. ¿Qué pasa, piensas que por ser delgado soy gay?
-¿Eres gay?
-¡No, joder, no soy gay!
-Ah, b-bien, ¿no?
-¿Bien? ¿tienes algo en contra de los gays?
-¡N-no! ¡por Dios, no!
-Entonces sólo eres estúpido, eso que te llevas. Bien, veamos, ¿te gustan las arañas?
-No...
-¡Estupendástico! Porque he traído un bote con unas cuantas de ellas dentro.
-¿Q-qué? ¿qué dices?
-¿Te ha gustado lo de estupendástico? Me lo he inventado yo, ¿sabes? Es una mezcla entre estupendo y fantástico. -explicó con emoción mientras sacaba un enorme tarro lleno de innumerables arañas que yacían sobre el cristal, alertas.
-¡No! ¡No, por favor! ¡no tienes por qué hacerlo!
-¿Por qué siempre repetís la misma frase? Quiero decir, estoy haciéndolo, ¿sabes? No voy a pararme ahora. -cogió un par de guantes de látex y se los puso.
-Por favor, te lo ruego, ¡tengo esposa e hijos!
-Bien, yo tengo dos serpientes y un pececito. Espero poder adoptar un gato el próximo mes.
-¡Lo digo en serio!
-Yo también... -Ajustó una goma elástica alrededor del bote de arañas y se aseguró de que fuese lo suficientemente larga y elástica como para adaptarse alrededor de la cabeza de su víctima también.
-¡Te daré lo que sea, lo prometo!
-Vaya, ahora eso es tentador. -se paró de pronto.- ¿Lo prometes?
-¡Por supuesto!
-Bien, entonces me gustaría que te callases. ¿Puedes hacer eso? Callarte. Cállate.
Evitó responder, aunque casi se le escapa un sí.
Allen se sentó frente al supuesto padre y marido, con una mano sobre el bote de arañas y otra en la barbilla, sonriendo divertido.
-Intenté suicidarme el mes pasado. -comenzó.- Pero me llevaron al hospital demasiado rápido. Y la herida no era muy profunda. Nunca había querido morirme tanto en mi vida.
-¿P-por qué ibas a-a...?
-Sshhhh. Mientras estés callado no habrá arañas.
Asintió con la cabeza.
-Ser yo es... difícil. Vivo en un estado de incertidumbre perpetua. La mayor parte del tiempo no puedo estar seguro de si lo que veo, digo o oigo es real. Hay cosas absurdas que calan muy dentro, por ejemplo, el otro día alguien me dijo que si caminaba por las líneas rectas de la acera podría romperme la espalda. Sé que no es cierto pero, ¿y si ocurre? Joder odio las líneas rectas. ¿Y qué me dices de los círculos? Esos pequeños cabrones, siempre tan redondos, tan perfectos. ¿Por dónde empiezas a dibujar uno? ¡no lo sabes! No tienen principio ni fin, son infinitos pero están acabados, ¿entiendes lo que te digo? Son un absurdo y paradójico bucle de infinidad finita. Los círculos me ponen de mala hostia.
En este punto, ya no sabía ni qué decir. Escuchaba de forma automática, tratando de procesar aquella información sin sentido. Sin mucho éxito.
-Vaya, lo siento, ¿te he aburrido?
Sabía que no debía responder.
-Puedes hablar. Dime algo. Vamos. Venga, tratar de ser mi amigo no te servirá de nada conmigo, pero me divierte que lo intentes.
-Huh... algo.
-¡Bien! ¡Es la hora de mi película favorita, Arac Attack!
-¡¿EH?! ¡dijiste que no lo harías, me he callado! ¡dijiste que podía hablar!
-¡Claro, pero olvidaste que el silencio mantiene a las arañas a raya! ¡Has picado!
-¡No! ¡NO!

Ajustó el elástico alrededor de la cabeza de su víctima y, al ver que no lograba mantener el bote pegado a su rostro, decidió pegarlo él mismo.
Quitó la tapa y colocó el bote justo en su boca aprovechando uno de sus gritos.
Rió a carcajadas durante unos minutos mientras sujetaba el bote contra la cabeza de su víctima. Casi lloraba de la risa cuando no pudo más y cayó al suelo, dejando caer el bote y golpeando el suelo con sus puños en un ataque de risa. El hombre seguía vivo y, por supuesto, no dejaba de gritar. Las arañitas correteaban por todo su rostro y algunas salían y entraban de sus orificios, para deleite del chico psicótico. Pero los gritos lo estropeaban todo.
Cogió una barra de metal que yacía en el suelo, la sujetó con fuerza, apuntó y arremetió contra la cabeza/nido de arañas, reventándola contra el suelo y desperdigando trozos de carne y hueso por toda la sala. Algunas arañas también salieron volando.

-Joder, eres molesto hasta para sufrir.

Suspiró hondo, cargó la barra de metal ensangrentada sobre su hombro y se alejó, estirando las piernas a cada paso que daba.

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